Robo de sustancia

Por: Alex Leurs

La Salud Mental en México, aunque no sólo en México, sigue siendo un tema tabú. A pesar de que hoy conceptos como trauma, neurosis, psicosis, esquizofrenia, depresión, bipolaridad y demencia formen parte del lenguaje popular, la realidad es que su uso representa una vulgarización fuera de contexto de un tema censurado y no una divulgación relacionada con prevención y salud. Y ¡sí! la salud mental es un elemento fundamental, tal vez el más importante, de salud pública.

Si bien la Ley General de Salud identifica la prevención, detección e intervención en salud mental como materia de salubridad pública, la realidad es que los Programas de Acción Especifica (PAE) mantienen un discurso implícito de estigmatización hacia las personas, cuyas manifestaciones de sufrimiento señalan las fallas y limitaciones de nuestra sociedad.

En su gigantesca obra La Historia de la Locura, Michel Foucault destacó mecanismos sociales que permitieron cavar un barranco simbólico entre enfermos mentales y el resto de la población asumida como normal. Digo simbólico porque, al realizar esa división, se omite el punto en común entre ambos grupos: ser humanos.

La realidad es que la locura se puede mirar con ojos distintos a los de la enfermedad biológica: seres humanos con sensibilidades biológicas e interpersonales particularmente vulnerables a las paradojas de la sociedad. Así, la locura representa una cachetada con guante blanco a la sociedad porque, en su sufrimiento, nos recuerda que las sociedades funcionan con una lógica incoherente con nuestra naturaleza. Freud ya lo había señalado en El Malestar de la Cultura: el desarrollo de la sociedad no sigue el desarrollo de la naturaleza humana.

Resulta entonces que aquellos que son señalados mediante diagnósticos psiquiátricos como víctimas de un funcionamiento anormal en realidad no están tan desapegados ni de la realidad ni del mundo. No son tan diferentes a lo que asumimos como normal. La locura, en su desarrollo y en la diversidad de formas que puede tomar (sintomatologías), presenta una lógica inherente que resultan de la adaptación a condiciones paradójicas que no pueden pasar por alto.

Recientemente el psiquiatra Sir Robin Murray, quien ha dedicado su vida al estudio de la esquizofrenia, reconoció en una reflexión sobre su trayectoria, que los factores sociales han sido menospreciados por demasiado tiempo. Es un principio de la psicología sistémica que la sintomatología de pacientes esquizofrénicos aumenta considerablemente en ambientes familiares en los que se observan mensajes incoherentes. Lejos de señalar a la familia como la culpable, es crucial recordar que el modelo de familia es una reproducción del modelo socio-político occidental. Así, en vez de pensar en sujetos esquizofrénicos, podríamos pensar en contextos esquizofrénicos.

La locura representa una amenaza a la normalidad en tanto que es una forma de repudiar la realidad. Sin embargo no se trata de la realidad de la física, sino de la realidad social e institucional, esa que construimos y mantenemos todos nosotros en la cotidianidad.

No cuestionar es una forma de aceptar y validar.

Es aquí donde llega la cachetada de guante blanco. Porque si no observamos la locura como una enfermedad, si dejamos de separarnos de aquellos que sufren, entonces podemos escuchar el grito revolucionario, de ayuda y de crítica que a través de sus sintomatologías nos dirigen. La locura señala la enfermedad de la normalidad. Y, hoy en día, la salud mental se confunde con normalidad.

Se vuelve entonces inevitable cuestionarse sobre lo que significa salud mental. La Organización Mundial de la Salud (OMS) –afortunadamente- destaca que la salud no se reduce a la ausencia de enfermedad sino que se trata de “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad”. Sin embargo, esta definición me parece todavía limitada a la luz de lo que la locura nos puede enseñar.

La salud mental en efecto, no es sólo ausencia de enfermedad sino que también requiere un elemento de participación, pertenencia y productividad del sujeto con su medio. Ahora, ¿qué pasa cuando el medio presenta elementos paradójicos que se oponen a la naturaleza humana? ¿Es indicador de salud mental adaptarse a medios que son nocivos a nuestra propia naturaleza? La definición de la OMS destaca elementos de participación, pertenencia y apoyo a la comunidad, pero es necesario agregar que estos elementos deben ser coherentes con la naturaleza humana y no con una sociedad consumista, superficial que gira alrededor de la satisfacción inmediata. No es de sorprenderse que en Occidente se hable de crisis espiritual. Reitero: ¿Es indicador de salud mental adaptarse a medios y contextos que son nocivos a nuestra naturaleza?

Retomando las palabras de Sri Sri Ravi Shankar “la salud es la expresión dinámica de la vida”. Entonces, de alguna manera, la salud mental nos reenvía a la noción de felicidad dentro de nuestro entorno. Y si no es felicidad, entonces a la defensa y exigencia de la condiciones que permitan esa felicidad. De esta manera, en una sociedad tan desgastada por abusos, corrupción y consumismo, es posible cuestionar la salud mental de lo que asumimos que es normal y, con ello, deshacer el barranco simbólico entre locura y normalidad.

Tal vez la fachada de normalidad represente uno de los aspectos mas enfermizos de nuestra sociedad, ya que supone adaptarse a un medio que deteriora nuestra naturaleza. La locura no es la excepción, es la norma. Cada uno de nosotros, en nuestra intimidad subjetiva estamos en contacto con esa locura que nos recuerda nuestra naturaleza. Eso, a mi parecer, es lo que se despierta cuando estás frente a la naturaleza y se te enchina la piel. Te invade un sentimiento de pertenencia desde el cual puedes pensar “qué intenso regresar a la ciudad”. Sin embargo dos días después de haber regresado ese sentimiento es mitigado a golpes por la necesidad.

Entonces, la cachetada de guante blanco de la locura llega cuando nos recuerda que en realidad todos estamos locos pero sólo algunos logran manifestarlo y asumir las consecuencias. Porque en este mundo la locura es un signo de salud mental ya que manifiesta la imposibilidad de expresar la vida.

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Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. Estoy de acuerdo contigo en qué la locura tiene como referencia un modelo de vida y de comportamiento. Vivmos en una sociedad de libertades parciales en la que nos vemos bombardeados por las buenas costumbres y conceptos como la vida ideal, todo lo que se separe de ello roza la demencia. A mi forma de ver las cosas, no oponerse en lo más mínimo al sistema y al contexto en el que vivimos representa la verdadera locura, en la que un Hombre es capaz de castrar sus ideas para amoldarse a aquello que el colectivo ha heredado y aceptado. No pensar, no cuestionarse es sin duda estar lorenzo, pero es que la propia definición de la OMS postula que alguien incapaz de servir a su comunidad padece de enfermedades mentales. La oposición corresponde a la locura, vivimos sin dudas en un mundo falto de cuerdos.

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