La primera parte de lo que parece un escenario bastante común, aunque terrible, en la vida de una mujer joven: una fiesta, demasiado alcohol, un novio que ha esperado demasiado tiempo, y la imposibilidad de pensar con claridad y moverse a voluntad la orillan a una situación fuera de su control, pero el trauma vivido recientemente libera un secreto encerrado en su mente durante años.

Parte 2 Silvia-Grav-Art6

Imagen: Silvia Grav

Por: Ingrid Canul

Hoy perdí a mi novio. Teníamos año y medio juntos y lo perdí hoy, así, como si se hubiera dado la vuelta en una esquina y hubiera desaparecido. Aún no encuentro explicación a sus palabras, aún no estoy segura de lo que pasó hoy, ayer, hace tres días… Escuché sus palabras y sentí las lágrimas corriendo por mis mejillas, entiendo intelectualmente lo que me ha dicho pero no encuentro una explicación.

Yo lo amo y sin embargo, no quise tener sexo con él hasta hace tres días. Estuvimos en casa de Alexa festejando su cuarto de siglo y bebí de más. No es que no me hubiera pasado antes pero en esta ocasión me pasé en serio, apenas recuerdo, sé que me caí un par de veces porque tengo moretones en las rodillas y algunos rasguños en las manos, sé que vomité porque amanecí con el gusto terrible en la boca, sé que tuve sexo con Jimmy porque desperté desnuda en su departamento, porque tenía semen en mi vagina, porque me lo dijo él.

Tengo imágenes en mi cabeza, como grabaciones mal hechas y mal editadas, momentos en los que él está sobre de mí riendo y me toma de las manos, en que me sujeta la cintura y me atrae hacia él, en que me da otra bebida, en que me trepa cargada a su departamento y luego nada. Sólo la luz molesta sobre mi rostro y esta sensación constante de que todo está mal.

Yo sí quería tener sexo, muchas veces tuve que contenerme para evitarlo y estaba muy bebida. ¿Por qué no habría querido? ¿Cómo podría haberlo rechazado si lo amo tanto, si lo deseo tanto? De nuevo estoy llorando, apenas soy consciente de que todavía me encuentro en la universidad y que los demás me miran. Me miro la muñeca y corro la manga del suéter para tapar la marca de los dedos de Jimmyél dijo que me emocioné demasiado con mis uñas y que me sujetó para que no lo lastimara. Es algo que siempre quise hacer pero al esforzarme en recordarlo me asalta únicamente una sensación de desesperanza. Sé que algo está mal pero no me atrevo a decirlo en voz alta.

Quiero comentarlo con alguien pero cuando quiero contárselo a Alexa y a Miriam, mis mejores amigas, se ríen y me felicitan, ya no soy más el bicho raro, “la única virgen de 26 años estudiante de universidad que existe en el mundo” según sus palabras. Su forma superficial de hablar del tema, la manera pueril de sugerir que no pasaba nada con que no lo recordara, que era mejor así porque la primera vez suele ser desastrosa y después de todo “¿Qué tiene de raro o de malo perder la virginidad con tu novio después de más de un año juntos?”, entonces se me quiebra la voz y les suelto que terminó conmigo. Hoy. Hace un par de horas. Hoy, después de ignorarme completamente durante dos días completos, enfrente del equipo de básquetbol donde prácticamente me gritó que era una puta y una mentirosa, que habría aceptado que no fuera virgen pero no que lo hubiera engañado haciéndole pensar que era lo que no soy, que me fuera a la mierda y que no me le volviera a acercar o a llamar. Que no quería saber nada de mí.

Callaron. Eso sí lo toman en serio, ahora empezaron a hablar de él: era obvio, lo único que quería era “desflorarme” para botarme luego, que seguramente tenía a otra, que no valía la pena, que lo olvidara. No me siento cómoda, algo no encaja o, mejor dicho, no encaja nada, aún si así fuera, ¿para qué ridiculizarme de esa forma? De pronto noto un aroma en el ambiente, como a colonia de hombre. No huele mal pero me produce arcadas, desecho todo el desayuno. Después, nada. El olor se ha ido y mis amigas me miran preocupadas, yo no le doy importancia, es demasiado pronto para tener síntomas de embarazo.

Entro a su departamento, me lleva hacia la cama y sin previo aviso está sobre de mí, noto su media sonrisa, veo sus ojos brillantes de triunfo, me abre la blusa sin grandes ceremonias y separa mis piernas con sus rodillas. Yo estoy echada simplemente, medio consciente de que está desnudándome. Se quita la camisa, se acerca a mí y me da un beso en la mejilla y de pronto, ese olor llena la habitación, me quema la nariz, quiero gritar y él me sujeta las manos, quiero empujarlo pero me tumba con su peso, no puedo más ¡necesito ayuda! ¡que alguien me ayude! ¡por favor!

Abro los ojos y TENGO que saltar de la cama. Estoy sudando de la cabeza a los pies, sola en mi habitación, veo las sábanas enredadas en mi cuerpo y no puedo soportarlo, no quiero que nada me roce siquiera, no quiero meterme de nuevo en la cama y cerrar los ojos “ha sido sólo una pesadilla” me repito una y otra vez mientras bajo a la sala común y me hago un ovillo en el sillón, me miro las marcas en mis muñecas, “ha sido sólo una pesadilla”, hasta que por fin, me vuelvo a dormir.

Siento las manos sujetas con firmeza, mientras me susurra palabras tranquilizadoras pero ignora mis lágrimas, quiero empujarlo pero el cuerpo no me responde, siento su embestida pero sin dolor, sin placer, sin ninguna sensación, alcanzo a escucharme decir “no quería que esto fuera así” y él sólo me da un beso en la frente…de pronto su cuerpo cambia, es mayor, su cabello es diferente, su voz en más gruesa, me dice palabras cariñosas y al final “es nuestro secreto”, justo cuando se pone de pie está borroso y me inunda la nariz de nuevo ese maldito olor.

Abro los ojos. Ahora duermo con Miriam pero las pesadillas no se van y ahora con frecuencia terminan de esa forma, cuando Jimmy se convierte en otra persona, alguien que conozco en mi sueño pero no logro reconocer una vez que me despierto, no logro recordar ni lo que me dice. Tengo una sensación terrible en la boca del estómago, cada vez que “sueño” con ese olor me provoca náuseas – digo “sueño” de esta forma porque lo siento ahora en todas partes y en los lugares más inesperados, como si alguien me vigilara de cerca y oliera de esa forma, como si las plantas expulsaran ese aroma. Estoy a punto de quebrarme, soy consciente de eso porque por fin he aceptado la verdad de esa noche: fui violada.

La situación en la universidad lo agrava más, sé que ahora todos hablan de mí: Jimmy se encargó de decirle a todo el mundo que no era virgen como solía decir, que seguramente me habré metido quién sabe con cuántos y creía que iba a poder engañarlo, que soy una prostituta y que mi tarifa con él fue mentirle durante año y medio mientras le hacía sexo oral, pero que seguramente cobro de manera más “efectiva”. Llevo 2 semanas como un zombi en la escuela, apenas despierta, apenas sensible. No hablo acerca de la violación, sé que todos pensarán que trato de vengarme.

¡Lo que daría por dormir bien esta noche! Cinco horas, no pido más. Pero en cuanto cierro los ojos vuelvo a verlo, montado sobre mí, violándome suavemente. Abro los ojos, no recuerdo el sueño pero en esta ocasión también vi a mamá.

Uno de mis profesores me hace una cita con el orientador de la universidad, psicólogo. Cuando llego a su oficina está esperándome, es un hombre de unos 40 años, cuidadoso con su imagen, me sonríe al invitarme a sentar. La charla es acerca de los temas que supuse, me pregunta incluso acerca de la fiesta, es el único momento en que dudo en contestar. Lo miro a los ojos segura de que los míos están llenos de lágrimas y todo mi ser grita “violación” pero mi boca es incapaz de decirlo. “Estuvo bien” es todo cuanto puedo responder, mientras las lágrimas corren por mis mejillas, cada vez más copiosas hasta que termina siendo un sollozo ininterrumpido. El psicólogo se acerca, se para detrás de mí y me pregunta si hay algo de lo que quiera hablar, niego con la cabeza pero sigo llorando, entonces me dice, en tono consolador, que ayudar a los estudiantes es su trabajo y que adoraba su trabajo y pone una mano sobre mi hombro izquierdo, me tenso inmediatamente y la aparto bruscamente con la mano derecha, me pongo de pie de un salto y sin decir palabra salgo de su oficina.

Claramente ese comportamiento le pareció alarmante porque llamó a mis padres. Mi mamá llamó unas horas después al departamento compartido que alquilo, preguntándome si me encuentro bien. Le miento lo más eficazmente que puedo y me comenta que este fin de semana vendrán a visitarme, noticia que al menos me reconforta. Aun así no se los contaré.

“Es nuestro secreto”, mientras mete la mano debajo de mi pijama de girasoles, un peluche cae de la cama rodando, y trato de detenerlo pero me habla con tanto amor que dudo, con la otra me acaricia la cara y el cabello, me da besitos en la nariz, en los ojos y en cada una de las mejillas, pero la otra mano me lastima.

Despierto más inquieta que nunca, no recuerdo lo que soñé pero estuve llorando. Seco mis lágrimas y cuando Miriam me pregunta qué sucede me echo a llorar histérica y desconsolada.

Mis padres vinieron hoy y fui a buscarlos a la terminal. Hilda, mi sobrina, se está quedando con ellos unos días. En cuanto la veo corre hacia mí y salta a mis brazos “me recuerda mucho a ti” dice papá, me voy caminando con ella, tomadas de la mano y cantando una canción inventada. Llegamos a un parque y ahí nos sentamos los tres mientras vemos a Hilda correr y jugar con toda la energía de una niña de 9 años. Mis padres me interrogan, pero les miento muy bien y parecen tranquilizarse.

Van a quedarse en un hotel por hoy. Los acompaño y me quedo con ellos hasta ya muy tarde, así que decido que es mejor que me quede a dormir, de cualquier forma no había habitaciones dobles y rentaron una triple. Mi madre me arropa amorosamente y yo me siento amada y mimada. Siento que hoy descansaré tranquila, me da un beso de buenas noches y yo me quedo profundamente dormida unos minutos después.

¡No! Ya no quiero, por favor, ya no quiero…

Despierto sobresaltada y suspiro con resignación. Quizás no vuelva a dormir tranquila nunca más. Me quedo recostada con los ojos bien abiertos escuchando el silencio cuando unos segundos después me parece escuchar sollozos. Aguzo el oído, me pongo de pie. Los sollozos provienen de la habitación al otro extremo. Me acerco de puntillas, el corazón me late muy fuerte y siento miedo, me quedo paralizada a medio camino, mis pies no pueden moverse de su sitio, incluso dejo de respirar…madreselva y lavanda, cítrico pero ligeramente dulce… Es ese aroma de nuevo. Abarca la habitación y me perfora el cráneo: es la colonia de papá, los sollozos vienen de la habitación de Hilda y entre los espacios entre un sollozo y el siguiente alcanzo a escuchar “será nuestro secreto”.

Para la segunda parte de esta historia dar click aquí.

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Imagen: http://www.40fakes.com/2016/04/silvia-grav-art/

Escrito por InteIndep

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