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Por: Sofía Bosch – @sboschg 

Nunca había estado realmente sola. La soledad era algo impensable en mi estilo de vida en la Ciudad de México. Siempre estuve acostumbrada a estar rodeada de la perpetua ebullición de la ciudad, las comidas familiares, las salidas con amigos y la vida en pareja. Pero con la oportunidad de estudiar fuera del país, todo eso quedó atrás. De pronto me encontré viviendo en el extranjero completamente sola, con una relación a distancia y sin mi familia. No me puedo quejar del todo, grandes amigos viven en la misma ciudad, pero uno no puede estarse colgando de ellos constantemente.

Lo que nunca había imaginado empezó a ocurrir: días enteros pasaban sin que hablara con alguien. Al principio se me hizo maravilloso. Tenía todo el tiempo del mundo para pensar en problemas complejos relacionadas a mis estudios, para leer todo lo que no había leído en México y para concentrarme al cien por ciento en la maestría. Pero poco a poco esa soledad constructiva empezó a tornarse en una soledad depresiva y ansiosa, en una especie de crisis existencial. Pasé de tener una rutina fija de sueño en México a dormir invariablemente mal y tener noches enteras en vela.

Dormirme a la 1 de la mañana comenzó a convertirse en costumbre, de pronto ya eran las 2, y hubo semanas seguidas en las que las 3 de la mañana fue el horario común para apaciguar el sueño. Esto por supuesto que se vio reflejado en mi humor y desempeño diario.

Al poco sueño se le sumó la angustia y ansiedad. ¿En qué piensa uno a las 2 de la mañana cuando no puede dormir? En mi caso en el sentido de la vida, lo que uno viene a hacer a este mundo, si de verdad se está teniendo un impacto positivo en su entorno, en si eres un peón más del sistema, y demás cosas que lo único que hacían era alimentar mi insomnio. Aquello se estaba convirtiendo en un círculo vicioso.

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Un día una amiga me contó lo mucho que le gustaba escuchar podcasts mientras caminaba a la universidad. Sonaba como una gran forma de despejar la cabeza y empezar nuevas practicas positivas que me salvaran de una depresión inminente. Así que con sus recomendaciones anotadas regresé a mi casa a suscribirme a una larga lista.

Los podcasts me salvaron de mi soledad, me salvaron de mis angustias y ansiedades.

Hicieron que pensara en otras historias que las que estaba configurando en mi cabeza y me motivaron a interesarme en otros temas fuera de mi campo de estudio.

En México siempre me gustó escuchar la radio, ya fuera para música o para las noticias y los programas de opinión. Los podcasts eran todo eso mejorado. De pronto me encontré escuchando sin parar episodios de Modern Love, basados en la columna de mismo nombre publicada en el New York Times, el cual relata historias de amor estremecedoras, complejísimas e inusuales. This American Life me permitió entender más a profundidad los matices políticos y sociales que componen a Estados Unidos, escuchar las historias de los soldados recién llegados de la guerra de Irak y su esfuerzo por “continuar con una vida normal”, así como esperanzarme con la lucha de la periodista Meron Estefanos por tratar de salvar vía telefónica a decenas de secuestrados en el desierto de Sinaí, o entender las causas burdas de los malos manejos de los correos electrónicos de Hillary Clinton.

El podcast 99% Invisible me introdujo a pequeñas historias curiosas que se podrían considerar como relatos de sobremesa, pero en realidad le dan un mayor sentido a un sinfín de momentos históricos. Una de las que más me cautivó fue la presentación de Synco (Cybersyn), un proyecto futurista, especulativo e inspirador desarrollado durante el gobierno de Allende, en Chile en los años 70, que habilitaba una planificación económica nacional en tiempo real. Ese podcast me emocionó tanto que me motivó a leer un libro completo sobre el tema (Cibernetic Revolutionaries de Eden Medina).

Para los amantes de los audiolibros y de las historias cortas, Homecoming es un thriller psicológico experimental de seis episodios, 20 minutos cada uno. Una historia de ficción narrada por Catherine Keener, Oscar Isaac y David Schwimmer. El diseño sonoro es impresionantemente bueno, uno puede sentir y visualizar perfectamente las situaciones en las que los personajes se encuentran.

Ahora, después de leer la última nota de mi colega Mario Campa he empezado a escuchar The Partially Examined Life, el cual me ha dado gratas sorpresas en relación a mi practica en diseño y su impacto político y social.

Esos son sólo algunos de los podcasts que escucho mientras camino por la ciudad, mientras voy en el transporte público, hago ejercicio, o cocino. Para personas, como yo, un poco obsesivas, estas son formas de olvidarnos de la soledad y de los pensamientos angustiosos que en las noches sigilosamente nos acechan. Los podcasts me permitieron llenar mi cabeza de historias, reales y ficticias, que no únicamente me ayudaron de forma personal sino que me han dado un acervo gigantesco de referencias y puntos de investigación para mis proyectos profesionales. Además de inspirarme y referenciarme a grandes iniciativas, autores y lecturas, he podido concentrarme más en mi trabajo escolar y por supuesto retomar una rutina de sueño más estable ya que estoy mucho menos ansiosa.

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Foto: Oxford Dictionaries – Español

Escrito por InteIndep

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