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Por: Alessandra Ortiz – @AlessOrtiz3

En días recientes, es común escuchar que el señor, empresario, racista, intransigente y ahora Presidente de la primera potencia mundial, Donald Trump, esté causando inestabilidad económica en nuestro país. ¿Será que Trump tenga tanto poder para llevar a nuestra moneda a alcanzar un máximo histórico de cotización frente al dólar de $22.03? Desmenucemos la situación.

México es un país rico en diversidad cultural y biodiversidad. La variedad de flora y fauna con la que contamos nos coloca entre las cinco primeras naciones con mayor riqueza natural. La variedad gastronómica ha colocado a la cocina mexicana entre las cinco gastronomías más prestigiosas del mundo. Y, acorde con el INEGI, al 2015 se tenía el registro de 68 lenguas indígenas, lo que nos posiciona como uno de los países con mayor diversidad lingüística. Esto sin contar los bailes, las tradiciones, la vestimenta típica y un sinfín de características peculiares y únicas del país. Sin embargo, aún con todos estos elementos positivos, México parece aletargado.

El país ocupa el lugar número 61 de 144 naciones en materia de competitividad, la cual es medida a través de 12 indicadores que evalúan la productividad y prosperidad gestada (WEF, 2015). Al año, generamos en promedio 1,246 patentes, cifra que no representa ni el 30% de las que genera Brasil y ni siquiera el 1% de las que año con año generan EUA, Japón o Corea del Sur (OMPI, 2015). Y no toquemos el tema de corrupción, pues el puntaje del país es de los más altos y se compara con países como Egipto, Indonesia y Filipinas. (Transparencia Internacional, 2015).

Es verdad que la cultura, la promoción para la innovación y los estímulos otorgados por los gobiernos juegan un papel importante, pero no lo son todo. Actualmente existen organizaciones privadas que apoyan y fomentan el emprendedurismo, plataformas que ayudan a recabar fondos para concretar ideas, o seminarios gratuitos para armar un plan de negocio.

¿Qué sucede entonces en México? El país cayó en un letargo y una fase de apatía en la que conformarse con un trabajo estable y un buen ingreso resulta suficiente. La sociedad clama por mayores salarios, pero no está dispuesta a trabajar más o a seguirse preparando. Piden oportunidades y creación de empleos, pero no piensan en crearlos. Exigen un alto a la corrupción gubernamental, pero continúan dándoles “mordidas” a los oficiales de tránsito. La competitividad no tiene que ver con el gobierno, tiene que ver con el esfuerzo diario, con las ambiciones personales, con el no conformismo. Las oportunidades existen y están abiertas para todos, pero no “caen del cielo”, hay que trabajar por ellas.

Los comentarios de Trump han impactado de manera adversa en el tipo de cambio, es verdad, pero ¿será que si el país creara empresas o patentes en las mismas cantidades que Japón, disminuyera los niveles de corrupción y, destinara un mayor gasto en educación, infraestructura y proyectos de inversión, sus comentarios nos estarían afectando en la misma magnitud? ¡Por supuesto que no! Tantas cosas de qué sentirnos orgullosos, tanto por aprovechar y explotar del país como para sentirnos dependientes de manera comercial y emocional de EUA.

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Escrito por InteIndep

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