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Por: Juan Carlos Bracho

“Si el público va al cine y no adora esta película estamos condenados”, fueron las palabras que Tom Hanks le dedicó a La La Land mientras promocionaba su propia película, Sully.

Entendiendo perfectamente que mi opinión poco le importaría al señor Hanks si es que llegara a encontrarla, aun así, me atrevo a aseverarle que, en efecto, estamos condenados.

La película de Damien Chazzelle es un éxito total. Ganó más globos de Oro que ninguna otra película, es una de las tres películas con más nominaciones en la historia de los Óscares y ganó 8 premios de los Critic’s Choice Awards. Se perfila para ser la más premiada en la historia, pero no sólo con los críticos ha tenido éxito; de acuerdo con Forbes, la película será una de las más ganadoras en la relación costo-ingreso del 2017.

Con todos esos blasones, declarar que la película es mala, inmediatamente me coloca como uno de esos haters que persigue a la gente por Twitter y Facebook con el único objetivo de derramar bilis; no obstante, a riesgo de ser etiquetado como tal, creo importante decirlo: la película es simplemente mala.

Definir qué hace a una buena película puede parecer complicado, pero no lo es. Una película es el ensamble de varios elementos que deben converger para lograr que la pieza sea eso: una pieza. Es cuando se siente como un tejido perfectamente hilado de principio a fin, que estamos frente a una buena película.

La La Land falla justo en coordinar esos elementos hacia un mismo sentido. Resulta muy difícil, demasiado, atinar al mensaje que el director quiere comunicarnos a través de esta película y eso es porque todo en La La Land parece danzar a su propio compás.

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El lenguaje cinematográfico que se muestra ambicioso al inicio, es lento y cansino desde que los protagonistas se encuentran por segunda vez, lo cual termina por generar secuencias abruptamente cortadas.

El manejo de los tiempos no aporta en nada a la narración de la historia (¿por qué se divide la historia en las cuatro estaciones?).

Los recursos narrativos como los flashbacks, flashforwards e intertextualidades terminan por dominar la historia lejos de apoyarla.

Al final de la película se presenta un timelapse que dura tanto, que provoca que un final pretendidamente sorpresivo, resulte todo menos eso, y…

A excepción de Mia, el resto de los personajes resultan decorativos.

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Entonces…

¿Por qué La La Land está por convertirse en la película más galardonada de la historia?

Decía Vince Lombardí que el éxito jamás es obra de la casualidad y a pesar de tener fallas graves en su hechura, el caso de La La Land no es la excepción a la regla. Si uno analiza las fortalezas de la película puede comenzar a hilar la razón de su rotundo éxito:

La fotografía es esplendida. Cada uno de los cuadros se convierte en un deleite visual para el espectador, haciendo varios cuadros de la película marcos sumamente memorables.

El diseño de arte y vestuario es por demás atinado, comunicando una intención clásica sin que los lugares y las personas se sientan viejos, lo cual alimenta nuestra nostalgia por aquellos “tiempos mejores”.

Las coreografías son espectaculares dejando que tanto Emma Stone como Ryan Gosling muestren amplitud actoral en bellos ensambles musicales que se volverán clips dignos de verse una y otra vez.

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Todas las fortalezas de la película apuntan hacia un mismo sentido; la estética. La película resulta un cúmulo de cuadros y ensambles musicales altamente estéticos. Como una cajita musical, hecha de la más fina madera con una bailarina de porcelana por dentro. De esas que nuestras abuelas tenían en su tocador cuando eran jóvenes y tuvieron el gesto de regalarnos, pero…

¿Para qué hacer de una película un objeto que carece de significado más allá de la nostalgia que pueden producirle al espectador?

Porque esa es la fórmula que ha usado Hollywood para vender sus películas los últimos años. Desde las tres larguísimas películas de El Hobbit, hasta el esperado estreno de los Power Rangers este año, la industria del cine estadounidense ha vivido de una generación (los millennials) ahogada en nostalgia.

Vista como película, La La Land tiene muy poco que ofrecer, pero vista como un producto mediático, esos elementos que parecen danzar a su propio compás, mágicamente se coordinan para un mismo fin: vender.

Lo triste es que, vista de este modo, deja de ser tan innovadora y disruptiva como el mismo Hanks asegura que es.

Basta con darse un paseo por internet para comprobarlo. El fenómeno La La Land cuenta con todos los pasos que cualquier campaña de mercadotecnia sigue para ser exitosa:

El Warm up:

Se presenta el producto en mercados de nicho o pilotos, en este caso, festivales de cine. En esta etapa el objetivo es construir deseo por el producto, así que se busca el apoyo de algún líder de opinión para que hable bien del producto. Pagado o espontáneo, igual funciona… Pasó también cuando James Cameron declaró no haber visto nada igual a Gravity.

Hero Content:

Se presenta el producto ante un mercado mucho más grande. Por lo mismo, la pieza que lo presenta debe asegurarse de no ser algo difícil de comprender, de ahí lo simple del guión. Además, la pieza debe contar con pruebas que sostengan el argumento de que el producto es digno de consumirse (conocidos como RTBs), que en el caso de las películas son los premios que logra acumular.

Ayuda mucho si tiene una o varias referencias a algo ya conocido o familiar para la audiencia, por eso las intertextualidades, y si se cuenta con al menos un gimmick que mantenga la atención de los espectadores (ya que el spam de atención del público disminuye año con año) la “memorabilidad” de la pieza está casi asegurada, por eso el timelapse del final.

http://www.lalaland.movie/

Fase de Involucramiento (al día de hoy estamos en esta etapa):

En este punto el deseo debió de haber sido satisfecho, así que el siguiente paso no debe ser despertar el deseo, si no que la gente lo sienta propio. Del mismo modo que la gente siente suya la Aspirina o la Coca-Cola, las películas se introducen a los diálogos que sostenemos todos los días a manera de memes, gifs y clips que podemos compartir en nuestras redes sociales. Por eso el preciosismo en los cuadros.

https://twitter.com/lalaland?lang=en

https://www.facebook.com/LaLaLand/

http://giphy.com/search/la-la-land

Fase de Mantenimiento:

Para estos momentos la euforia va cediendo a otras muchas distracciones, así que es momento de mostrar algo nuevo, algo que refresque el producto… ¿Qué tal el DVD o Blueray? Con entrevistas exclusivas y todas las grabaciones de los ensayos en donde se puede captar las frustraciones de Emma Stone por lograr las notas de las canciones (varias a las cuales no logra llegar) y uno que otro chiste que hace lucir a Ryan Gosling más interesante de lo que ya es.

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Si los productores son realmente ambiciosos, quizá salga la línea de ropa inspirada en la película para que las adolescentes se puedan vestir como Mia y sus amigas en el ensamble Someone in the Crowd.

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Fase de Evolución:

El impulso se desvanece casi por completo, por lo que hay que recordarles a los consumidores que somos necesarios; entonces, el producto debe evolucionar… Ahí es cuando se anunciará lo que nadie ve venir: Broadway lleva La La Land a la escena teatral. La maravillosa película se vuelve ahora una obra de teatro. Es como cuando sacaron al mercado la Sabri-Semana, el mismo producto bajo diferente formato.

http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/films/news/la-la-land-stage-musical-lionsgate-a7521756.html

Dos de estas etapas todavía no se cumplen, pero estoy seguro de que lo harán porque pertenecen a una cuidada estrategia de mercadotecnia que tenía como único fin que la película se hiciera memorable, no porque fuera buena, si no por lo mucho que se habló de ella. Esto es el verdadero logro de La La Land y la razón de su éxito.

No es ningún crimen promocionar una película para asegurar su éxito, tampoco lo es que una película mala sea ampliamente premiada, pero lo que resulta trágico de esto es que queda de manifiesto que hemos perdido la distinción entre fondo y forma.

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En otras palabras: Estamos condenados porque nos hemos entregado por completo al estímulo y olvidado el noble ejercicio de reflexionar.

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Escrito por InteIndep

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