New England Patriots' Tom Brady hoists the Vince Lombardi Trophy after the NFL Super Bowl 51 football game against the Atlanta Falcons Sunday, Feb. 5, 2017, in Houston. The New England Patriots won 34-28 in overtime. (AP Photo/Eric Gay)

Por Ernesto Gómez – @EGH7

Los Patriotas de Nueva Inglaterra acaban de lograr la mayor remontada en la historia de los Súper Tazones. Su quinto en diecisiete años y segundo en tres. La más grande dinastía deportiva en Estados Unidos. Todo esto de la mano de las únicas tres constantes en este equipo: Bill Belichik, Tom Brady y el cambio. La gestión del primero con su mente maestra, agregada al brazo ejecutor del segundo, han hecho del éxito una garantía en una liga que labora a favor de la paridad y contra el triunfo prolongado.

El partido fue épico, tal vez la mejor final de la historia. Comenzó con los Patriotas cometiendo todos los errores posibles para perder un partido. La ofensiva no entraba en ritmo y, cuando lo hizo, entregaron el balón dos veces, costándoles en la réplica 14 puntos. El juego terrestre no daba ningún resultado. La defensiva no lograba frenar a Jones, Freeman y Ryan. Al medio tiempo el panorama era negro, 21-3 lideraban los Halcones. Aumentaron su ventaja a 28-3 en el 3er cuarto y ya se sentían campeones. Pero al final del día Atlanta aprendió una dura lección: nunca des por muerto a los Patriotas de Nueva Inglaterra, el equipo mejor preparado de toda la liga.

Todo lo que estuvo fallando empezó a resultar. La ofensiva empezó a encontrar el camino, la defensiva sacó jugadas grandes y los errores y jugadas fortuitas se voltearon a favor de los Pats. El momento cambió cuando la defensiva recuperó un balón suelto de Matt Ryan que resultaría en un touchdown de Tom Brady. La defensiva frenó a los de Atlanta una vez tras otra para darle oportunidad a Brady de hacer lo que hace y así, desafiando a lo posible, los Patriotas empataron con la ayuda de una atrapada increíble de Julian Edelman.

New England Patriots' Julian Edelman, rear right, catches a pass during the second half of the NFL Super Bowl 51 football game against the Atlanta Falcons, Sunday, Feb. 5, 2017, in Houston. (AP Photo/Charlie Riedel)

Habría tiempo extra por primera vez en la historia del gran juego y hasta el volado le dio la suerte a los de Foxborough. De 3-28 a 34-28 se movió el marcador y así empató Nueva Inglaterra a San Francisco y Dallas en títulos (sólo superados por Pittsburgh con seis). Robert Kraft, el dueño del equipo, dijo a la hora de recibir el trofeo Vince Lombardi que este era el más dulce triunfo de su vida.

Fue un enorme viaje hasta aquí para los Patriotas y, sobre todo, para su estrella Tom Brady. Empezó la temporada suspendido los primeros cuatro juegos y volvió para poner la marca del mejor índice histórico de anotaciones contra intercepciones (28-2) y culminó rompiendo el récord de más yardas aéreas en la historia del Súper Tazón, ganando su cuarto reconocimiento como el Jugador Más Valioso de la final (otro récord). Esta es la gran venganza de Brady, el chico que por poco no fue drafteado en el 2000, el que se ha dedicado toda su carrera a callar bocas, que creció admirando a Joe Montana y ahora lo supera como el QB más ganador de todos los tiempos. Michael Bennett –derrotado por Brady hace dos años en esta instancia– lo dijo “Brady ya sólo persigue fantasmas, se persigue a sí mismo.” Ahora más que nunca esto es cierto, pues el número 12 ya no deja lugar a dudas de que es el mejor jugador que ha puesto pie sobre una cancha. Contra todos los pronósticos, siempre con una sed de ganar y con una pasión enorme por el juego, Tom Brady ha escalado su posición a nuevas alturas, dejando en el retrovisor a Montana, Bradshaw y a su contemporáneo Peyton Manning. Esta campaña de campeonato se podría argumentar que fue un poco representativa de lo que ha sido su carrera, siempre remando a contracorriente, perdiendo a Gronkowski en la semana 10 y decidido a levantar el Lombardi frente a Roger Goodell, el hombre que se empeñó en suspenderlo. En el pasado quedaron los fantasmas del Deflategate y de las derrotas contra los Gigantes. Ahora a Brady sólo le queda agrandar su leyenda.

El otro enorme consagrado es Bill Belichick, el primer entrenador en jefe que logra cinco títulos. Ya considerado como uno de los mejores, ahora Belichick deja su testamento como el mejor creador de una cultura ganadora. Convirtió a esta franquicia en el modelo a seguir de la liga, sentando un estándar de éxito con base en el trabajo y la preparación. Inauguró The Patriot Way e instituyó el motto ultimado del trabajo en equipo “Do Your Job”. Con la filosofía de que nadie es irremplazable (más que Tom Brady, por supuesto) y de que, haciendo tus labores para colaborar a la causa, ha logrado empujar siempre a sus jugadores a su techo. Es conocimiento universal en la NFL que, si no das el 110% en Nueva Inglaterra, no durarás mucho tiempo ahí.

Esa filosofía traslució en la adversidad de hoy. Los Pats nunca bajaron la cabeza y se llevaron al límite de la mano de un Brady inspirado, una defensiva que hizo todas las jugadas correctas e incluso una atrapada de las imposibles que en el pasado le arrebataron la gloria a este equipo. Un partido inolvidable.9_ErnestoGomez

Escrito por sofiaboschgomez

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