citizenkane

Por: Diego Muratalla – @_muratalla

No hace mucho, una publicación de la BBC sacó una lista de las que, según ellos y varios críticos de cine, eran las mejores 100 películas de lo que va del siglo, llevándose el primer puesto Mullholland Drive del director David Lynch.

No me interesa entrar en el debate sobre si dicha obra es la mejor de los últimos 16 años o no, muchas listas aparecen diciendo que por fin tienen el ranking definitivo de las mejores películas de todos los tiempos y aun así nada impedirá que mi vecina diga que el primer lugar le pertenece a Twilight aunque sea un poco incomprendida.

En muchas listas, Citizen Kane tiene el primer lugar, en otras, el honor recae en The Godfather, para mí, le presea debe de ir para la obra de Orson Welles, osea Citizen Kane.

La película fue estrenada en 1941, co-escrita, producida, dirigida y protagonizada por el mismo Welles. La historia comienza cuando el magnate, Charles Foster Kane, en su lecho de muerte pronuncia una última palabra: “Rosewood”. Al no saber nadie a lo que se refería, un reportero se lanza a la tarea de investigar la vida y legado del difunto millonario, dándonos así una perspectiva reconstruida por la memoria de sus allegados de la vida del icónico personaje.

Orson, con apenas 25 años, había creado una obra maestra que habría de definir el cine de ahí en adelante y aún más fascinante es el hecho de que Citizen Kane fue su opera prima.

No hay manera de que con letras pueda explicar lo que Welles creó hace ya tantos años porque eso es justo lo que él entendió del cine: el poder del lenguaje narrativo utilizando una cámara, o sea, la manera de transmitir emociones y sensaciones utilizando ángulos, movimientos, sets, luces, sombras y silencios. Para Orson, la palabra escrita y después hablada por los actores es sólo uno de los componentes del cine, el guión comprendía entender las emociones que se intentaban hacer llegar a los espectadores y utilizar absolutamente todos los recursos en mano para lograrlo, no sólo pláticas, lágrimas y risas.

Es importante recalcar que después de esa primera aventura de Welles en el cine, nunca volvió a tener el mismo éxito y ninguna de sus otras películas es recordada de la misma manera. Si fuera artista de pop sería caso clásico de “one hit wonder”. (Igual les recomiendo A Touch of Evil que también me parece una genialidad). Y es que cuando empezó con la tarea de crear Kane, él tenía una gran experiencia en teatro y, en la medida de lo posible, trató de tener un acercamiento al cine de la misma manera que lo hacía con los escenarios. Había en Welles una gran ingenuidad que lo llevó a encontrar la genialidad al querer controlar de una manera un tanto sencilla sus encuadres y en la manera de dirigir a sus actores.

Existe una anécdota de los primeros días de grabación cuando, sin saber los procedimientos o las jerarquías que hay en dichos sets, Orson se movía a sus anchas, dirigiendo, cargando, acomodando, prendiendo y apagando, diciéndole a los técnicos qué hacer mientras el director de fotografía, divertido, observaba desde una esquina los enseres del novato director. Para uno de los técnicos toda la situación se le hizo muy rara por lo que se acercó al director de fotografía y le preguntó si no pensaba decirle a Welles que se hiciera a un lado ya que básicamente estaba haciendo el trabajo que le correspondía a dicho cinematógrafo. El director de foto le respondió que no, que le ganaba la curiosidad por ver qué es lo que podría lograr.

Sobra decir que hoy en día, situaciones como la de Orson Welles son de pocas a nulas, que un director llegue a un set sabiendo tan poco como él sabía pero con el poder y el respaldo de un estudio es cómo encontrar un trébol de 28 hojas. Pero ahí estaba Welles, infundido en una confianza pocas veces vista y sabedor de un golpe de suerte como nunca se repetiría en su vida.

Hay muchos directores trabajando actualmente, demasiados tal vez. Muchos que pretenden crear obras para la posteridad, otros que sólo quieren hacer dinero, muchos “director for hire”: entran a los proyectos el primer día de grabación sin haber tocado los guiones o sin haber tenido participación alguna en la elección de los actores, los sets, o el staff. No estoy diciendo que este mal, estoy diciendo que para que una obra sea considerada décadas después como una de las mejores de todos los tiempos hay que salir de lo convencional y hay que cambiar el acercamiento que se tiene a los guiones.

Recientemente dos directores me han hecho maravillarme en la sala de cine de la misma manera que Welles: Alejandro González Iñárritu y Nicolas Winding Refn. De manera muy particular han definido sus roles con resultados espectaculares, creando relaciones con sus cinematógrafos que van más allá de dar órdenes, sino que juntos logran transmitir emociones muy poderosas y reacciones que no comúnmente tienes en las salas de cine. El primero tiene gran aceptación, mientras que el segundo es bastante más controversial. A los dos les recomiendo que les echen un ojo. A Iñárritu con Birdman y Biutiful y al Danés Winding Refn con Drive y la recién estrenada The Neon Demon.

Por el lado de David Lynch, el director de la supuesta mejor película del siglo: “Mullholland Drive”, sólo puedo decir que, en efecto, el señor tiene un acercamiento muy particular, muy propio y que sin duda alguna se sale de convencionalismos, pero tal vez lo hace demasiado y sus proyectos rayan en experimentos que, a mi parecer, no logran encontrar en el medio la manera correcta de hacer llegar sus mensajes. Aunque eso sí, Lynch cuenta con una ferviente base de seguidores que lo defenderán a capa y espada.

Welles no corrió con la misma suerte, desde el estreno de “Citizen Kane”, mucha gente tuvo dudas de lo que Orson había creado y aunque a los críticos les gustó, la película no encontró una audiencia y salió del radar de la gente muy pronto. Evidentemente, con el paso del tiempo la película llegó a su destino y el gran director alcanzó a ver el aprecio que su obra maestra merecía.

Es común que mucha gente no sepa qué hace el director en una película, pero para mí, dicho rol fue definido por Orson Welles hace 75 años y por eso su obra maestra merece estar ahí arriba porque es la primera y la mejor cátedra de cine que se haya dado.

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Escrito por InteIndep

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