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Por: Sofía Bosch – @sboschg

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Georgia O’keeffe, 1920 por Alfred Stiglitz

El 30 de octubre finalizó la exposición retrospectiva sobre la gran pintora estadounidense Georgia O’Keeffe en el museo Tate Modern de Londres. En esta galería se exponen no únicamente renombradas obras de arte moderno y contemporáneo pero también exposiciones temporales, siempre curadas de forma excelsa como es el caso específico de la de O’keeffe. Con más de 100 obras recopiladas de entre las mejores colecciones y museos del mundo, el Tate Modern levanta una de las exposiciones más extraordinarias que jamás se haya visto sobre una artista mujer.  

La exposición se curó para conmemorar los 100 años de la primera exhibición individual de O’Keeffe en la galería del que sería su futuro esposo, el fotógrafo Alfred Stiglitz, en la ciudad de Nueva York en 1916.

La exposición fue montada de forma cronológica por lo que el visitante tiene una línea de tiempo muy clara ante sus ojos y el progreso en la estética y temáticas de la artista son fácilmente entendibles. Desde las primeras experimentaciones en carboncillo, donde O’Keeffe se negaba a probar con color hasta perfeccionar su estilo, pasando por sus cuadros con temática neoyorkina, hasta sus famosos cuadros de paisajes y vegetación de Nuevo México, de las flores y huesos de animales que encontraba en el desierto y de pueblos aún habitados por nativos americanos, como Taos entre otros, la exposición está tan bien montada que uno navega por los procesos de la artista sin confusión alguna.

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Oriental Poppies, 1928, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

Originaria de Wisconsin, O’Keeffe vivió parte de su juventud en Texas, donde impartió clases de arte en escuelas pública. En 1915, por medio de una amiga en común logró hacerle llegar unos dibujos en carboncillo a Stiglitz el cual exclamó al verlos: “¡finalmente una mujer en papel!” (Finally a women on paper!).  Poco después O’Keeffe se mudó a Nueva York para dedicarse por completo a la pintura, y enamorados, Stiglitz y ella empezaron a vivir juntos.

Algunas de las pinturas más bellas de la exposición son justo de esa época, cuando ella acababa de llegar a la Gran Manzana y él decidió invitarla a la casa de campo de su familia en el Lake George, cerca de las montañas de Adirondack.

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Lake George Barns, 1926, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

Esos viajes y paseos por el Lake George le permitieron ahondar en su investigación en la abstracción de la naturaleza que luego se repitió en sus cuadros de acercamientos a flores. Uno de los cuadros más importante de esa serie de flores y figura principal de la exposición es el titulado: Jimson Weed/White Flower nº1.

Teniendo un gran formato, la obra absorbe al espectador desde el primer momento que se entra a la sala, cautivándolo por medio de la belleza inmediata, palpable de la flor. Este cuadro es, de hecho, la obra pictórica de una artista femenina que ha llegado a mayor precio en una subasta. La casa Sotheby’s lo subastó en 2014 por $44.4 millones de dólares americanos a Alice Walton, heredera del imperio de Wal-Mart, para el museo Crystal Bridges Museum of American Art en Bentonville, Arkansas.

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Jimson Weed/White Flower nº1, 1932, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

A partir de 1929, O’Keeffe comenzó a hacer varias visitas a Nuevo México sobretodo al área de Taos, donde amigos suyos residían. Se enamoró perdidamente de los paisajes, vegetación y naturaleza del lugar. De misma forma, las diferentes capas culturales del lugar le parecían fascinantes: la mezcla y el sincretismo entre la influencia colonial española y la complejidad de las culturas nativas americanas. Es específicamente en 1946, después de la muerte de Stiglitz, hasta 1986 que decide mudarse de tiempo completo a su rancho llamado Ghost Ranch cerca de Abiquiu, Nuevo México.  

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Black Mesa Landscape, New Mexico / Out Back of Marie’s II, 1930, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

Además de conocérsele como uno de los exponentes del arte estadounidense moderno, O’Keeffe es singular ya que se expresaba sin prejuicios ni ataduras sociales. Muchos de sus cuadros de flores han sido interpretados como representaciones de órganos sexuales femeninos, lo cual ella nunca aceptó, y no porque estuviera mal visto para la época , sino porque su acercamiento a la naturaleza era transparente, inocente y honesto. Para ella las flores eran esas pequeñas cosas a las cuales nadie ponía atención. Y a menos de que se les observara muy detenidamente, su belleza no podría ser entendida. Detenidamente, con mucha paciencia, pasión y precisión, pintaba sus cuadros. Esto es notable al ver su obra, y fue lo mismo lo cual la colocó como un parteaguas del arte moderno estadounidense y mundial. Sus obras se equiparan a la fama y reputación de muchos hombres artistas, cosa rara en 1916 y hoy en día.

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Grey line with black, blue and yellow, 1923, Georgia O’Keeffe. Óleo sobre lienzo.

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Escrito por sofiaboschgomez

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