Puentes divergentes en Tijuana.png

Por: Pablo Tortolero – @pablotorto

Como muchos mexicanos, he cruzado la frontera con Estados Unidos varias veces en mi vida, muchas de ellas por la vía terrestre. Mi primera experiencia fue cruzar de Juárez hacia El Paso, a principios de los 90, emocionado por la promesa de mi padre de comprarme un Game Boy. Desde pequeño, me acostumbré a cruzar de vez en cuando, fui viendo diferentes cruces cambiar a través de los años y apilé experiencias, desde Tijuana hasta Tamaulipas. Según la época del año, las tuve buenas, malas y fatales. Consideraba que, en general, lo bueno de cruzar llegaba en el momento en el que te alejabas de la frontera, pensando en que no te había tocado tan mal y que la experiencia había pasado.

Por causa del periodo electoral, las cifras sobre la importancia del intercambio transfronterizo nos son recordadas con frecuencia. Un embajador eminente solía decirnos en clase que las posturas negativas de políticos estadunidenses hacia México no importaban en la práctica si nos hacían enojar o no, sino importaban en la medida en que hacían que el trabajo del chofer de remolques de mercancía que cruzaba los puntos de control en la frontera se volviera más difícil, y tuviera un impacto generalizado en el comercio: la verdadera base de nuestra relación. Los datos en ese rubro son bien conocidos: somos el primer o segundo socio comercial para 28 de los 50 estados que conforman los Estados Unidos de América, el comercio bilateral con Arizona es similar al que se tiene con España, Reino Unido, Alemania y Holanda juntos, y existen más de 50 cruces fronterizos con Estados Unidos en donde más de un millón y 300 mil vehículos cruzan diariamente.

Constantemente, se establecen comisiones para solucionar problemas transfronterizos, impulsadas por cámaras de comercio y asociaciones civiles de ambos lados; se publican reportes y estudios[i] a profundidad sobre cómo modernizar estos espacios geográficos tan característicos que representan en sí polos económicos de alto nivel. Desde la perspectiva gubernamental, se anuncia que la integración de México en América del Norte está siendo avivada gracias a la implementación de nuevas iniciativas, como la inspección conjunta que simplifica los trámites y el tiempo de espera en Laredo y en Otay, Tijuana; el primer puesto fronterizo ferroviario que se inaugura desde 1910, entre Matamoros y Brownsville; o la entrada de México al grupo de los ocho países para los que aplica el Global Entry. Por más contrastante que parezca esta región, existe un consenso sobre su potencial a desarrollar que resulta hasta intrigante. Como ejemplo, recientemente el arquitecto mexicano Fernando Romero develó su atractivo plan futurista para construir una ciudad transfronteriza binacional en Nuevo México, caminable, con atractivos esquemas de uso de suelo para diferentes actividades económicas, sistemas de transporte e interconectividad general. [ii]

Existen muchos obstáculos que franquear antes de llegar a los niveles óptimos de interconexión expuestos en las maquetas de Romero. De manera general, ya sea para fines comerciales como para fines civiles, una adecuada integración entre ambos lados de la frontera necesita de un alto nivel de coordinación en donde encaucen al menos voluntades políticas con la infraestructura necesaria. Quizá uno de los ejemplos más notables de avances en esta materia se encuentra hoy en Tijuana. Por un lado, en 2015 se inauguró una puerta de enlace transfronterizo entre San Diego y el Aeropuerto Internacional de Tijuana -la Cross Border Xpress Terminal (CBX)- que ofrece a los pasajeros de las aerolíneas con pase de abordar una manera más fácil de transitar de un país al otro a través de un puente peatonal construido sobre la frontera. Fue financiada por un consorcio empresarial que vio una sólida idea de negocio en donde se aprovechaba el emplazamiento del Aeropuerto Internacional de Tijuana, a escasos metros de la frontera con Estados Unidos, para construir una opción que permitiera ahorrarse las filas terrestres de las garitas de Otay y San Ysidro, mediante el pago de una cuota de peaje equivalente a una caseta cara. La inauguración del CBX significó la culminación de una idea que llevaba años gestándose (hay miembros de su dirección que son ex funcionarios del Aeropuerto de Tijuana) y que, aparte de ser redituable económicamente, abona a la interconectividad de la región y hasta alivia en funciones al insuficiente y confinado aeropuerto de San Diego que, contrariamente al de Tijuana, no ofrece vuelos hacia China, por ejemplo.[iii] A pesar de su intensa afluencia de usuarios,[iv] el CBX ha recibido muchas quejas por fallas en su funcionamiento, pero ninguna que no se pueda prevenir haciendo una búsqueda de información previa a su uso y tomando la debida anticipación que el viajero suele olvidar.

Por otro lado, con gusto leí que hace apenas algunos días por fin cerró el tristemente famoso “Puente Chicanadas”, bautizado así como sinónimo de “Puente hecho al chile” para encontrar una salida rápida a un problema. Se trataba del acceso en territorio mexicano hacia el nuevo y multimillonario cruce peatonal norteamericano llamado PedWest que cruza de Tijuana a San Diego por San Ysidro, y que las autoridades mexicanas habían tenido que habilitar a toda prisa al ver que la fecha de inauguración del lado norteamericano se les venía encima. Con su cierre definitivo se puso fin a varios meses en donde los transeúntes tenían que abandonar un moderno cruce del lado norteamericano para llegar a un puente “hechizo”, fijo con tablones de madera, con cables y varillas a la vista, cuyo cruce se asemejaba a atravesar una construcción en obra negra.[v] Inaugurar este cruce era parte de una iniciativa de los Gobiernos de EU y México en el que la parte mexicana, según sus críticos, negligentemente había desdeñado los tiempos establecidos y durante años había rezagado la obra hasta extrañamente licitar su construcción a la Secretaría de Defensa Nacional (SEDENA) y, llegado el día de la inauguración, verse en la penosa necesidad de habilitar una estructura peligrosa para el peatón y así cumplir a medias con su parte.[vi] Los reclamos no se hicieron esperar. Periodistas, empresarios y por supuesto los usuarios denunciaron lo que a sus ojos significaba una burla internacional para la ciudad de Tijuana,[vii] causada por un manejo deficiente de la obra pública. Las autoridades se apresuraban en decir que era una solución temporal, y ante las quejas y la mala publicidad, pisaron el acelerador para entregar la obra final en tiempo récord; algo que ni el administrador del lugar pudo negar.[viii]

La oposición de ambas experiencias resulta bastante rudimentaria. Sin embargo, décadas después de mi travesía por el Game Boy, y después de haber usado por primera vez el novedoso sistema transfronterizo del CBX, me pregunto si llegaremos algún día a la ciudad futurista binacional propuesta por Fernando Romero. A este paso, dudo que suceda pronto. A tan sólo unos días del segundo debate entre Hillary Clinton y Donald Trump, es sensato pensar que el tema de la frontera se tocará como preámbulo para hablar de terrorismo y similares. Pero quizá habría que retroceder en ese wishful thinking un poco. ¿De qué nos serviría una ciudad como la de Romero si tenemos una disparidad brutal en cuanto a la aplicación y coordinación en el ejercicio de lo público, a la imagen del “Puente Chicanadas”?

Al CBX se le puede reprochar varias cosas, como su insuficiente estacionamiento o elevados precios, pero la elección de pagar el peaje y usar sus servicios sigue siendo equiparable a ir o no ir a un restaurante en donde sabes que la espera por una mesa puede ser tediosa y no siempre sirven la sopa bien caliente. Fue una apuesta levantar ese capital y concluir el proyecto con un plan de negocios detrás. Al “Puente Chicanadas” parece ser que lo anuló y por ende salvó el haber sido exhibido como una vergüenza y una burla. ¿Por qué no se entregó bien y a tiempo? ¿Por qué se hizo pasar ese mal rato a sus miles de usuarios cuyo cruce supone una parte importante de su día? ¿Acaso a las autoridades no les interesaba?

Es muy fácil encontrar gente que se mueva por una idea de negocios. Es fácil encontrar a alguien que ame el dinero. Encontrar a alguien que ame la función pública es mucho menos evidente. En nuestro país, el buen ejercicio de la función pública, ¿dónde se aprende? ¿De dónde se toma el ejemplo?

21_PabloTortolero

[i] El Mexico Institute del Wilson Center cubre ampliamente esta temática. Un ejemplo: https://www.wilsoncenter.org/event/building-competitive-us-mexico-border

[ii] http://www.citylab.com/design/2016/09/instead-of-a-wall-build-a-binational-city-us-mexico-border-trump/499634/?utm_source=SFFB

[iii] https://www.wilsoncenter.org/article/san-diego-built-bridge-over-its-border-wall

[iv] A poco más de un mes de inaugurado rebasó los 100,000 usuarios. http://www.hoylosangeles.com/noticias/california/hoyla-cal-cross-border-xpress-todo-un-xito-en-ms-de-un-mes-lo-utilizan-100-mil-viajeros-20160122-story.html

[v] Todo este bochornoso episodio quedó documentado en reportajes involuntariamente divertidos. Quizá el más dramático/divertido sea este https://youtu.be/tXzHCuJgv-M en donde una persona colapsa después de cruzar dicho puente (min 1:34). Otro, que sigue la narrativa de la broma malinchista de “Netflix” vs. “Blim”: https://youtu.be/DDqMGTgTYiw

[vi] http://consejomexicano.org/es/centro-de-informacion/asociados-en-la-prensa/5874-chicanadas

[vii] http://stmedia.net/noticias/regional/somos-burla-internacional-por-puente-chicanadas-comerciantes-turisticos-de-tijuana#.V91Zt2Xs-b9

http://www.el-mexicano.com.mx/informacion/editoriales/3/16/editorial/2016/07/19/981142/editorial-local—puente-chicanadas

[viii] 0:42 en el video: http://stmedia.net/noticias/regional/adios-al-puente-chicanadas-ya-funciona-la-obra-definitiva-en-ped-west#.V92X2GXs-1t

Escrito por InteIndep

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