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Por: José García (@jooosege)

Historia imaginaria sobre una entrevista a Hunter S. Thompson (1937-2005), escritor norteamericano autor de Fear and Loathing in Las Vegas (1971). Thompson es reconocido como el creador del periodismo Gonzo.

Me estoy despeinando. Nos acercamos sin pensarlo. El aire pasa a toda velocidad. Se me van a caer los lentes que compré en Dallas. Quiero correr más. Ahí, a la mitad de la nada, de este insoportable desierto. ¿Qué es lo que estamos buscando? Años después y seguimos aquí. Mi voz sigue siendo la misma, pero ahora estamos en este convertible. Ahora voy a entrevistar a Thompson. Muchos dirían que lo logramos. Pero no se siente así. Seguimos siendo las mismas personas. ¿Qué tenemos de nuevo? Dime. ¿Qué tenemos que no teníamos antes? No habíamos leído a Thompson, ni a Baudrillard, ni a la posmodernidad. Éramos un sueño perdido entre miles de intenciones. ¿Eran ganas de cambiar al mundo? No sabíamos nada. La inocencia tal vez. Antes éramos esa persona que ahora no desearíamos ser. ¿Sí? ¿De verdad lo logramos? Eran los coches llenos de personas yendo por nosotros. Fue nuestro primer o segundo viaje a Las Vegas. Cuando nos gustaban los zapatos Gucci. Comprando bolsas Louis Vuitton, camisas Burberry, cinturones Dior.  Hubiéramos hecho lo que fuera. Era el sueño de escuchar a Celine Dion en vivo. La promesa de un avión privado, de quedarnos en el Caesars Palace, de ver a los que pierden miles de dólares. Las camisas abiertas, los jeans con cinturones Hermes. Una bolsa Fendi tal vez. Cristales de Swarovski, zapatos Miu Miu. Paris Hilton en el fondo. Una bolsa rosa. Lo que fuera. Una botella de champaña con luces y nosotros en el centro. Todos nos volteaban a ver. Choferes, camionetas, una American Express Gold y una American Express Negra. Sí, la de metal. Los hermanos Kent en la Quién. Las fiestas donde bailábamos Luis Miguel. Las canciones a todo volumen en el coche. Los programa de VH1. Las albercas, los modelos, las drogas. Todo era un sueño que se prometía en los pasillos del hotel. En el mármol y en las fuentes del Bellagio. Cuando queríamos que ellas usaran Manolo Blahnik. Cuando queríamos que ellas fueran Carrie Bradshaw. Fumábamos Marlboro Lights. Tomábamos shots de tequila y Cosmopolitans. Fotos para salir en Caras. Teníamos planes todos los días. Todo eso que se acabó ahora es un recuerdo de los textos de Thompson. Las nuevas Vegas. Las de siempre. A las que fueron nuestros abuelos, nuestras tías y nuestros amigos. Ahora todo cambió y vamos a buscarlo. Porque nosotros cambiamos. Y porque ahora no somos los que éramos antes. Solo una pelea entre nuestro pasado y nuestro presente. ¿Qué pretendemos? Ahora sólo somos la esperanza de escribir como él, de ser tan atinados para describirlo todo. De que nos digan que somos inteligentes, tanto como el mismo Thompson. Que él nos lo diga. Que se acerque y se sorprenda de lo bien que lo entendimos. Que nos diga que Las Vegas ya no es Estados Unidos, sino la decadencia mundial. Que a miles de kilómetros y en otra cultura somos capaces de ver lo que él vio. Queremos que nos reconozcan. Que nos felicite, nos dé una palmada y nos diga que somos su legado. Que se sorprenda porque hablamos bien el inglés y porque el periodismo Gonzo sigue vivo en nosotros. No somos más que una farsa. ¿Qué le queremos preguntar? Somos tan inteligentes que con dos preguntas vamos a obtener respuestas que jamás van a ser olvidadas. Que se van a publicar en el New York Times, en The Guardian, en el New Yorker. Vamos a ganar un Premio Pulitzer. Vamos a dirigir una película y en la fiesta de lanzamiento nos vamos a meter Eme. ¿En realidad hemos cambiado? Dime Thomson, ¿en realidad hemos cambiado o seguimos siendo lo mismo que siempre hemos sido? Queremos ser el animal que describes, el que se libera de su condición de hombre. El que lo rompe todo. Los de la vida loca, llena de drogas y de experiencias. Los personajes de su novela. Porque nos hemos enfrentado a todo con tan solo 26 años. Ya estuvimos en Los Ángeles, ya estuvimos en Nueva York. Vivimos la escena. Vivimos la fiesta. Vivimos los cambios. Éramos Paris Hilton y Lindsay Lohan. En nuestros sueños. ¿Lo seguimos siendo? ¿O ahora somos intelectuales? Ahora ya estudiamos y ya leímos. Sabemos de Dostoyevsky, de Lyotard. Leímos a  Bauman, a Popper y a Lipovetsky. Sabemos de cine, de arte, de literatura, de sociología, de psicología. Entendemos la posmodernidad. Dime Thompson ¿es ésta la misma posmodernidad que era en Fear and Loathing in Las Vegas? Ya casi llegamos. El coche en el valet. El nuevo concierto de Britney Spears. Las luces. El ruido. El olor a Estados Unidos. Un Starbucks, dos Starbucks, tres Starbucks. Una Torre Eiffel. El Cirque-Du-Soleil. Una cena en el Nobu. Las mismas fuentes, el mismo Bellagio, la misma suite. Pero ahora no entramos. Nos conformamos con mirar, con ver, con observar. Porque eso somos, observadores. ¿Dónde está Thompson? ¿Dónde está el Flamingo? ¿Dónde está el ácido? No sabemos nada, él lo sabe. Somos unos farsantes. Él está en la 3260 del Wynn. Nos preguntan qué queremos. No queremos nada. Sólo dos preguntas. Verlo y que nos diga que todos sus recuerdos envejecieron. Todo se modernizó. Todo brilla y nunca termina. Ahora no son las drogas: son los buffets infinitos, la diversión, el alcohol, el dinero. Son las Kardashian’s, las nuevas fiestas, Calvin Harris, las albercas, las modelos. Es el vacío que hay por todos lados. Es enfrentarnos con nuestro miedo más terrible. Que seguimos siendo lo que éramos. Que seguimos siendo los zapatos Gucci y las camisas Burberry. Queremos seguir y no podemos. Estamos en el pasillo y no nos abre nadie. Los ventanales del fondo con vista a la alberca. El elevador. Las mucamas. Las prostitutas. Los animales que somos. Los que éramos. No somos nada. Ni ganaremos ningún premio, ni nos publicarán. Somos la desilusión de nuestra generación. Un intento fallido por imitar las formas del pasado. Solo queremos volver a lo mismo, una y otra vez. Queremos ser Las Vegas: las viejas, las nuevas, las de siempre. Está en nosotros. Thompson no nos abre, ni nos abrirá jamás. Tenemos que regresar, pero no aquí. Tenemos que regresar y vivir. Sin saber cómo ni para qué. Seguir peleando entre lo que fuimos y lo que somos. Ya nos echamos a perder.

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Escrito por mariocampam

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