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Por: Victoria Olaguivel– @VickyGo
Fotografía por: Victoria Olaguivel

 

“La felicidad del pobre parece

la gran ilusión del carnaval,

la gente trabaja durante todo el año

por un momento de sueño

para fingir ser un rey o un pirata, …

y que todo se acabe el miércoles,

la tristeza no tiene fin, la felicidad sí.”

 

Fragmento de La Felicidad

Canción de Tom Jobim y Vinicius de Moraes

 

 

Una de las mejores inversiones que se pueden hacer en la vida es viajar. Cerca o lejos, de turismo o por alguna obligación, viajar sacude nuestras rutinas, nos acerca a lo desconocido y nos abre el apetito para explorar otras culturas, hábitos y formas de vida.

Para mi fortuna, mi última “inversión” fue a la tierra del bossa nova, aquella transitada a diario por cientos de chicas Ipanema, la que cada febrero viste de fantasías y premia a la mejor samba, y la que en octubre de 2009 fuera seleccionada para albergar los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de 2016.

Para cualquier internacionalista, presenciar la máxima competencia deportiva en medio de la conmoción económica, política y sanitaria que atraviesa el país—y además en la Ciudad Maravilla como escenario—es un combo que ni el mejor “all inclusive” puede ofrecer.

Por 72 horas me di a la tarea no sólo de interrumpir mi rutina, sino de acompañar a los cariocas en ese escape temporal, disfrutar de la ciudad y ser partícipe de esta gran ilusión de carnaval que supusieron los Juegos Olímpicos, alejados de los escándalos de corrupción o la ola de inseguridad citadina que el Ejército se encargó de disipar con rigor.

Al viajar, siempre he preferido conocer las actividades cotidianas del lugar en cuestión, es decir, mezclar los puntos turísticos de cajón con aquellos que transitan los nacionales, y aunque tres días no son suficientes para explorar una ciudad tan vasta como Río de Janeiro, este viaje no fue la excepción para poner en práctica mi vieja receta.

A escasos días de la clausura de los Juegos visité              el Parque Olímpico de Barra de Tijuca, el punto sede de 16 modalidades deportivas, estratégicamente ubicado a 32 kilómetros del Centro de la Ciudad.  La gimnasia, uno de mis deportes favoritos y que más que deporte me parece una obra de arte en 3D, fue el pretexto para aventurarme en un trayecto de hora y media hasta Tijuca en la recién inaugurada línea 4 del metro, cuyos vagones dejarán de transportar turistas y atletas para ser reemplazados por los citadinos que tomarán ventaja de este nuevo sistema de transporte. Tanto las modernas instalaciones deportivas como el recién estrenado metro serán dos legados que disfrutarán futuras generaciones de cariocas.

Caminé también el Jardín Botánico de Río de Janeiro ubicado en la “Zona Sul” de la ciudad, un atractivo altamente recomendable tanto por el deleite visual que ofrece la muestra de más de 40 mil plantas, así como por el legado histórico que inaugurara Don Juan VI en 1808, permaneciendo así por más de 200 años al pie de la montaña del Corcovado. Los 10 reales que se pagan a la entrada para atestiguar olores y colores de la flora brasileña desde el Amazonas hasta el Iguazú son un verdadero regalo.

Pasadas las 24 horas de viaje, no podrían faltar las paradas obligatorias al Cristo Redentor y el Pan de Azúcar. Considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno, el Cristo Redentor es un espectáculo por dos razones: el exquisito diseño art-decó de la escultura de 30 metros de un Jesús de Nazaret de brazos abiertos y las espectaculares vistas del cerro del Corcovado. Presenciar las playas de Copacabana e Ipanema a 710 metros sobre el nivel del mar le quita el aliento a cualquiera.

Una comida en una típica churrascaría, una foto en los mosaicos que cubren los 215 escalones de “Escadaria Selarón” (autoría del chileno Jorge Selarón), el Maracaná, el Sambódromo y la Catedral Metropolitana de Rio de Janeiro son un must en el itinerario. Fue aun más divertido conocer estos lugares acompañada de atletas de distintas delegaciones que al terminar sus competencias se dieron también a la tarea de recorrer la ciudad. No faltó el intercambio de experiencias y “fofoca” (chisme en portugués) de la Villa Olímpica. Si se preguntaban sobre el uso de Tinder entre los atletas o el estado actual de las instalaciones en la Villa, una simpatiquísima ciclista australiana que se unió al grupo en el segundo día de tour se encargó de confirmar lo que suponíamos todos: efectivamente Tinder fue bastante popular y las instalaciones no estaban 100% listas al comienzo de las competencias, aunque el Comité Olímpico y las autoridades brasileñas se encargaron de hacer de la estancia de los atletas la mejor posible.

Una caminata por Plaza Mauá para contemplar el futurista Museo del Mañana,  orquestado por el  arquitecto español Santiago Calatrava, así como el Mural de las Etnias, la pintura mural más grande del mundo obra del artista brasileño Eduardo Kobra, fueron puntos perfectos para culminar el recorrido por el Boulevard Olímpico instalado temporalmente en la zona portuaria de Río de Janeiro, no sin antes fotografiar la antorcha olímpica ubicada en este mismo lugar.

Como comenté al principio, mis sitios favoritos suelen ser aquellos no tan transitados por turistas, y en esta ocasión “Circo Voador” se lleva el premio. Inaugurado en octubre de 1982, Circo Voador es un espacio cultural ubicado en el barrio de Lapa que ha sido sede de innumerables conciertos y plataforma para consagrar artistas de la talla de Luis Gonzaga, Chico Buarque, Caetano Veloso y Gilberto Gil. La noche que asistí estuve de suerte ya que el talentoso Hamilton de Holanda, apodado el “Jimi Hendrix de la mandolina”, se encargó de rendir tributo a otro grande de la música popular brasileira: Pixinguinha, quien fuera flautista, saxofonista, compositor, cantante y director de orquesta. Jóvenes y grandes coreaban y danzaban sin parar las composiciones de Pixinguinha interpretadas por las 10 cuerdas de la mandolina de Holanda, un cuadro por demás perfecto bajo la carpa del Voador y enmarcado por los arcos de Lapa.

Durante 72 horas esta garota mexicana ocupó un asiento en primera fila en el tren del carnaval de Jobim y Moraes, dejando a un lado preocupaciones, percepciones y contrastes con la realidad de nuestro país. Qué felicidad saber que esa misma sensación se contagió a miles de turistas de distintas partes del mundo que por unos días nos  disfrazamos de reyes o piratas, para acompañar a nuestros amigos cariocas en una misma ilusión.

Referencias:

Sitio Oficial del Jardin Botánico de Rio de Janeiro: http://www.jbrj.gov.br

Museo del Mañana: http://imaginariodejaneiro.com/que-visitar-en-rio-de-janeiro/museos/museo-del-manana/

Información general sobre Circo Voador: https://pt.wikipedia.org/wiki/Circo_Voador

 

Escrito por mariocampam

2 Comentarios

  1. Gracias por darnos un artículo para disfrutar

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  2. Es siempre grato, leer el artículo de una joven que es inteligente y sensible.
    Que goza el recorrido y hace que el lector lo disfrute y “sienta” también. Felicidades! A seguir escribiendo para tu deleite y el nuestro.

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