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Por: Angélica Creixell – @angecreixell
Fotografías por: Andrés Hernández

Un día a mediados de agosto decidimos conocer una parte nueva de Nueva York. Coincidió con ser el día más caliente del año, estábamos a 38 grados Celsius con una sensación de 42. Al salir a caminar, sentí una ola de calor similar a la que se siente cuando uno abre la puerta del horno. La ciudad parecía un pueblo fantasma en uno de los siete círculos del infierno. Las calles completamente vacías extrañando las hordas de turistas recluidos en cafés y tiendas. Parecía como si el calor fuera una amenaza silenciosa e invisible pero mortal. Aún así, no dejamos que esas temperaturas extraordinarias se interpusieran en nuestro camino. Yo había visitado el museo Noguchi hace seis años. Ese día estaba cerrado el jardín y dado que Noguchi tenía ascendencia japonesa, tenía ganas de ver lo que logró hacer de un terreno medio perdido en Queens.

Nos bajamos en Astoria, un barrio más chaparro, más latino y más sucio que el nuestro. Ese día estaba igual de vacío debido a las temperaturas infernales causadas por el cambio climático. Caminamos 15 minutos para llegar al museo, era imposible emitir sonidos porque toda nuestra energía estaba concentrada en no pensar en el calor. Por fin, llegamos al edificio de ladrillos en forma de triángulo con unas letras blancas: “Noguchi.” Era como ver un oasis en medio del desierto, no sabíamos bien si ya habíamos llegado o era sólo la ilusión de encontrar un lugar con aire acondicionado.

El museo tiene una distribución muy interesante. La recepción no mide más de 10 metros cuadrados y entrando a la izquierda está la entrada al jardín de esculturas. Una característica interesante del museo es que el visitante se topa con las piezas más recientes del artista primero, es decir, una retrospectiva en reversa. El espectador puede ver el crecimiento artístico y cambio de materiales y técnicas hacia atrás. Se crea una perspectiva única. El edificio en sí es una pieza más de la colección, las galerías son espacios de techos altos con luz natural y con toques medio industriales. Me recordó al estudio de Diego y Frida en Altavista en la Ciudad de México. De repente, las esculturas de Noguchi aparecen entre las paredes o en el piso, otras parecen espectadores y se confunden con los visitantes. Cada pieza crea un espacio dentro de la galería y se complementa con la siguiente pieza. Los colores y las formas de las piedras que usa en sus esculturas coinciden con el cuarto en el que se encuentran.

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El jardín, las bancas, las fuentes y las lámparas además de ser bellas cumplen una función. Noguchi borró la línea delgada entre el diseño y el arte no sólo en objetos, si no también en las esculturas mismas. Usa la composición de la piedra, las formas hechas por la naturaleza y las incorpora en su obra de arte y al espacio que ocupan. En la cafetería del museo, hojeé la biografía del artista. Isamu Noguchi nació en 1904 en Los Ángeles pero vivió hasta los trece años en Japón. Empezó sus estudios de medicina en la Universidad de Columbia pero se desvió a la escultura al tomar clases en el sur más bohemio de la ciudad. Pronto su talento relució y su expresión artística tomó la forma de esculturas, cerámica, lámparas, proyectos públicos y diseño de escenografías. Usó su arte con fines de protesta pública y manifestó su apoyo a Japoneses Americanos después de Pearl Harbor. En 1985 fundó el Museo Noguchi con la idea de fusionar un espacio público con obras de artes [1].

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Estaba fascinada con la biografía y las creaciones del artista. Al hojear rápido otro libro sobre su vida, saltó una foto de Frida Kahlo. Según una entrevista con la curadora del museo, Noguchi tuvo un amorío con Frida mientras creaba el mural en relieve, History, As seen from Mexico en el Mercado Aberlardo L. Rodríguez en la Ciudad de México [2]. No sé por qué eso me hizo sentir una conexión más hogareña con el museo y con el artista. Esa tarde, Noguchi nos rescató de un día que el resto de los neoyorkinos perdieron al resguardarse del calor, y yo sentí una paz extrañamente mexicana en ese infierno de calor sentada en un jardín con influencias japoneses.

[1] http://www.noguchi.org/noguchi/biography

[2] Wendolyn Lozano Tova. “Isamu Noguchi: On Becoming an Artist.” Literal. April 24, 2012. http://literalmagazine.com/isamu-noguchi-on-becoming-an-artist/

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Escrito por sofiaboschgomez

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