Park

Por: Andrés Hernández – @andreshf5

“El aspecto visual de Café Society y las actuaciones son adorables. Los placeres de esta comedia ligera, escrita y dirigida por Woody Allen, compensan su predictibilidad.”

Rotten Tomatoes

No, no creo que un spoiler alert sea necesario para lo que voy a escribir. Al final se trata de una película de Woody Allen, y cualquiera que haya visto alguna de sus más de 40 películas, sabe que va a encontrar infidelidades, muerte, un componente de suerte y mucho jazz. Café Society no es la excepción.

La última película de Woody Allen se sitúa en los años 30 en la escena cinematográfica de Hollywood. Bobby, el protagonista interpretado por Jesse Eisenberg, se muda de su natal Nueva York a Los Ángeles, buscando probar suerte en la industria del cine. Su contacto es su tío Phil, interpretado por Steve Carell–aunque originalmente este papel estaba pensado para Bruce Willis, Carell se desenvuelve bien aunque con el mismo personaje serio y amargado de siempre, que parece querer distanciarse del icónico Michael Scott (The Office).

Bobby se enamora de Vonnie—Kristen Stewart—, una mujer tímida que se esconde detrás de su belleza simple y desaliñada—aunque, afortunadamente, en este caso Stewart no juega el rol soso que hizo en Twilight, sino más bien se asemeja a las divas que se enamoran del intelectual interpretado por Woody Allen en sus otras películas. Al respecto, en la primera parte de la película, Eisenberg tuvo desplantes iguales a los del mismísimo personaje de Woody Allen. Bobby tiene un encuentro desafortunado con una prostituta que llega tarde a la “cita”. Desconcertado y en forma de monólogo, Bobby asegura que nunca ha encontrado placer en este tipo de transacciones monetarias. Una reflexión ejecutada por Eisenberg al más puro estilo de Allen, con la espalda encorvada, alterado, ansioso, neurótico pero carismático, que mueve las manos y habla rápidamente, usando términos complejos.

No es la primera vez que un actor hace el personaje de Woody Allen, lo hizo también, aunque sin mucho éxito, Will Ferrell en Melinda and Melinda. Por otra parte, existen ejemplos exitosos como Cate Blanchet en Blue Jasmine y a Larry David en Whatever Works. Aunque en el último caso se podría hablar de una combinación de George Costanza (Seinfeld)—que a su vez está basado en el mismo Larry David—y Woody Allen.

En el caso de Café Society, las reflexiones hechas normalmente por Woody Allen son repartidas entre los padres judíos de Bobby, su hermana y su cuñado—el típico escritor de izquierda liberal que cuestiona la existencia—, y por el mismo Woody Allen, en su calidad de narrador. Aunque esto debilita a los personajes, que no se enfrentan a las crisis existenciales que enfrentaron los protagonistas de Matchpoint o Crimes and Misdemeanors, al final parecen cuestionamientos más naturales. Además, el narrador impregna a los personajes con una dosis de complejidad cuando los describe. En este caso se escucha una voz Allen más bien lenta, como si no quisiera que el espectador lo identificara, o como si estuviera simplemente cansado. Finalmente, tiene más de 80 años y, no es por ser alarmista, pero cada película que hace podría ser la última.

Café Society no ofrece una fórmula nueva. Woody Allen tiene muy bien identificadas sus filias y fobias, y éstas siguen plasmadas en su última película: El sinsentido de la vida es lo que la hace tan especial y por eso vale la pena vivirla. Sobre muerte y religión, la segunda se vuelve más y más relevante conforme se acerca la primera. Las religiones que aseguran la vida después de la muerte son especialmente atractivas. No obstante su edad y cercanía inminente con la muerte, sus creencias sobre religión no han cambiado, y considera que la religión no es más que una “fantasía creada para permitir a la gente apaciguar el dolor de la realidad de su existencia”.[1]

LA

Concuerdo con Rotten Tomatoes, Café Society es una comedia ligera y predecible. Sin embargo, creo que su valor no radica en los personajes o el guión, sino en la forma en que se cuenta la historia. Destacaría la frivolidad ilustrada del ambiente de Hollywood y el enfrentamiento histórico entre las dos metrópolis principales de Estados Unidos: Nueva York y Los Ángeles. Aunque estoy seguro que para Allen Los Ángeles perdió antes de empezar, le hace justicia y, como acostumbra, retrata un ambiente donde uno siempre quiere estar. Quizás es la melancolía o el Jazz impregnados en el ambiente de la película, pero uno sale de ahí confundido, sin saber si quiere comprar un traje beige y vivir en el Hollywood de los 30, donde todo parece desenvolverse en sepia o con tonos bañados en oro. O bien, comprar un frac y vivir el glamour de Manhattan del periodo entre guerras; la época de los clubes y cabarets posteriores a la prohibición, lugares llenos de magia como el Café Society.

No sabemos si tenemos Woody Allen para rato,—Manoel de Oliveira dirigió su última película a los 105 años, eso nos daría al menos 25 películas más si Woody Allen sigue con este ritmo—, pero lo que estoy seguro es que al haber encontrado la forma de conjugar el jazz, el cine, Manhattan, la infidelidad y la suerte, ha encontrado una salida para conseguir la inmortalidad en sus películas.

10_AndresHernandez

[1] Galloway S. (04 de mayo, 2016). The Woody Allen Interview (Which He Won’t Read). The Hollywood Reporter

Fuente de Imagen: Screencrush.com

 

Escrito por InteIndep

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