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Por: Ximena Mata – @XimenaMataZ

Parece que algo tenemos en común jóvenes y adultos. Todos tenemos prisa. Vamos corriendo como si se nos hiciera tarde para la vida, y mientras tanto va pasando la vida misma.

No tenemos tiempo de estar en calma. Porque en la calma parece que no pasa nada, y la nada nos aburre, a veces nos deprime. Tenemos prisa de que nos pase todo, y que nos pase ya. De chicos teníamos prisa de crecer; de pasar de secundaria a preparatoria, de encontrar al primer amor, y de que éste fuera eterno. Tuvimos prisa de entrar a la universidad y “estudiar lo que nos gusta”; de salir de la universidad y empezar a trabajar, de ganar nuestro propio dinero. Ahora quizá tenemos prisa de ganar más; no sólo dinero, sino también reconocimiento e independencia. Tenemos prisa de colgarnos tantos títulos como sean posibles; de ser expertos del mundo, de la economía, de la política, de la vida. Tenemos prisa de encontrar al verdadero amor, y de que llegue bien y de buenas en la primera búsqueda. No tenemos tiempo de “perder el tiempo” en relaciones infructíferas; tenemos prisa por el éxito en todos los aspectos de la vida. Tenemos prisa por el matrimonio y por los hijos; prisa de que crezcan y de que todo aprendan, de que entren a la secundaria y repitan el ciclo, teniendo prisa de ir a la prepa.

Parece que jóvenes y adultos vamos a toda prisa en dirección de la rutina. No tenemos tiempo de disfrutar del café de la mañana, o de una breve plática matutina, o de una caminata hacia el trabajo o hacia donde sea. Tenemos prisa de que empiece el día, de saber todo lo que pasa a nuestro alrededor, y de entenderlo todo, aunque sea por encimita. Tenemos prisa de que acabe el día y llegue la noche, porque estamos todos muy cansados de tanto correr; luego prisa de que acabe también la semana y llegue la efímera paz del sábado y domingo. Tenemos prisa por las vacaciones, y añoro de que no se acaben nunca. Tenemos prisa de vivir.

Esa prisa nos llevará un día al puerto deseado, en el que hayamos cumplido la lista del deber, y ahí nos dará urgencia por volver. Volver para no tener prisa al tomar café, y para darnos el tiempo de conversar lo que de jóvenes nos parecía trivial. Nos dará urgencia por volver y cometer errores que nos hicieran aprender; por aceptar que no lo sabemos ni lo sabremos todo, y que eso está bien. Desearemos volver para disfrutar también los lunes y los días que no son vacaciones; para disfrutar la calma en la que parece no pasar nada, pero desde la que se puede apreciar todo. Desearemos no haber tenido prisa por crecer, por trabajar y por trascender. Nos daremos cuenta de que nos estorbaba la prisa para vivir, y nos faltaba la calma y su placer.

13_XimenaMata

Imagen: http://simonjannerland.blogspot.mx/2012/02/kent-in-hurry.html

Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. Me gustó el artículo. Vivimos acekeradamente, los días no alcanzan y muy frecuentemente no fisfrutamos por estar pensando en lo que sigue, cuanfo todavía no terminamos de estar o hacer.

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