old_leonard

Por: Luis Godoy – @luis_godoy88

Escribir sobre música es de lo más etéreo que uno puede hacer. Cuando se toman prestados sonidos y se transforman en letras se corre el altísimo riesgo de no decir nada. En el mejor de los casos, uno se puede aventurar a describir sensaciones complejas: ordenar el placer, y quizás hacerlo deseable para otros.

Leonard Cohen cumplirá en septiembre 82 años, y hay que temerle a su vejez. Por que Cohen, a diferencia de la mayoría de los músicos que envejecen, no se ha retirado. Apenas en 2014 salió su último disco, y hace unas semanas acaba de publicar en The New Yorker un nuevo poema: “Steer your way”, como preludio a un nuevo disco y nuevas canciones. Eso mismo hizo en 2014 publicando “Almost like the blues”, y en 2012 “Going Home”.

Escuché por primera vez a Cohen cuando tenía 21 años (ya muy grande). Me lo presentó un amigo de la universidad que vivía su momento con Cohen. En aquella época me pareció sólo interesante. Lo guardé. No lo sabía, pero Cohen en ese momento no estaba en activo para mí. Tuvieron que pasar tres años para que entendiera la utilidad del canadiense. Y es que Cohen aparece y se le aprovecha en un tiempo preciso: entre la soledad y el desamor. Lo tomé como se toma una pastilla. Surtió su efecto, y me convertí en un aliviado por su música.

Pronto me volví un fiel seguidor de su palabra, literalmente. Su mezcla de voz, articulación y narrativa logra que se atienda a cada palabra que canta. Sucede que había oído miles de canciones sin realmente haberles escuchado, supongo que a varios nos pasa.

mid_leonard¿Escuchamos u oímos las canciones? En Latinoamérica la tradición del trovador nos forma desde muy jóvenes en memorizar las letras de nuestros cantautores. Crecí con el pegamento que causaban Joaquín Sabina, Pablo Milanés y Silvio Rodríguez, y en otros momentos y para otras generaciones Fernando Delgadillo y Alejandro Filio. Letra, punto y coma se declamaban en reuniones o fiestas. Era penoso no saberlas con el detalle y la pasión que les causaba a otros.

Varias veces me sentí huérfano de trovador. Aunque disfrutaba de los cantautores latinoamericanos, solamente los oía, pero no los escuchaba. No describían plenamente los mundos que me hacían sentido; apreciaba su poesía, pero no me funcionaban, sobre todo a la hora del desaliento. Leonard Cohen ocupó ese lugar, en ese género particular entre poesía y música, para quitarme una orfandad que mi idioma desgraciadamente no me había dado.

Atravesar el mundo de Leonard Cohen requiere media vida. Cada quien descubre su propio Cohen: su cuantiosa obra (y vida) da para escoger la trama que se prefiera. El camino es raro, porque lo suyo va desde lo espiritual a lo terrenal, de lo sagrado a lo profano, de lo tangible a lo intangible.

Quizás por eso Cohen sobreviva en pocos. A penas se le escucha en el soundtrack de una película independiente, a propósito de una visita en Montreal, o en una librería de viejo. A pesar de ser uno de los autores más laureados, sigue sin ser el músico popular que todos sus seguidores queremos que sea. A los que somos sus fans continuamente nos preguntan quién es ese viejo cachondo de voz ronca que anda rezando. Por eso, sus seguidores tenemos como misión mínima presentárselo a nuestros amigos, platicarles y darles un poco de nuestro Cohen, para que con alguna suerte también sea su Cohen.

Así, preparé esta breve selección de material en línea: videos, canciones, pequeños fragmentos, entre otras cosas, como una introducción al mundo de Leonard Cohen.

***

Él

young_leonardLeonard lo pudo todo. A los 32 años ya era un reconocido novelista y poeta, poco después ya estaba en amores con Janis Joplin, y al poco tiempo ya era de los sobrevivientes de su época a toneladas de drogas. Ha ganado de todo: Príncipe de Asturias, Álbumes de Oro, y mucho dinero. Pero también perdió todo: lo estafaron, quebró, y casi se le muere un hijo. Por eso, hay que leer la biografía I’m Your Man: The Life of Leonard Cohen de Sylvie Simmons, para entender la evolución y proceso del artista. Pero antes, hay que escucharlo en vivo y ya viejo, cantando desde Londres la canción que lleva el título del libro: “I’m Your Man”:

Religión

Leonard Cohen es sobre todo judío. No es coincidencia que la religión sea uno de los temas recurrentes de su obra. A pesar de su predominancia hebrea, lo espiritual en Cohen es de lo más diverso: desde el budismo hasta el paganismo. Yo he entendido mucho del mundo judío gracias a Cohen, no sólo en clave religiosa, si no también las tradiciones e instituciones que han creado.

“Blues de los Judíos” (“The Jew’s Blues” o “Billy Sunday”) cantada en Dublín en 1979:

Cohen tuvo un breve paso por la Cienciología, y en ese camino escribió una de sus mejores canciones: “Famous Blue Raincoat”, probablemente mi canción favorita. Como muchas canciones de Cohen, perfectas para el cine, esta fue usada en 45m2, una película griega sobre una mujer en medio de la crisis. Esta es una versión finísima del grupo Vassilikos, mucho mejor que el famoso cover de Tori Amos.

Política

Siempre tuve la impresión de que Cohen era un hereje en política, sobre todo después de canciones como “Democracy”, que bien puede ser un himno nihilista:

Pero luego está “Everybody Knows”, “The Partisan” (adaptación de la francesa La Complainte du Partisan), a propósito de la resistencia francesa durante la Segunda Guerra, y “Story of Isaac”, esta última una narración de la historia bíblica de Abraham e Isaac como una alegoría de la guerra de Vietnam. Quizás es una necedad descifrar el pensamiento político de un artista, sin embargo, con estas canciones uno puede acercarse el contenido político inicial de su obra: contra la hipocresía, lo desigual, y la guerra; y en pro de lo que yo leo como una democracia mística. Decía Cohen en entrevista:

Democracy is the great religion of the West – probably the greatest religion because it affirms other religions; probably the greatest culture because it affirms other cultures. But it’s based on faith, it’s based on appetite for fraternity, it’s based on love, and therefore it shares the characteristics of a religious movement. It’s also like a religion in that it’s never really been tried.

Género

Ni siquiera Leonard Cohen es perfecto. Su folk es estrictamente misógino. Ni modo, hay que asumirlo. Las pienso como las de José Alfredo Jiménez, describían su tiempo. Sordo, no me había dado cuenta, hasta que Juliette me lo hizo saber por este cuento de Lara Vapnyar que toma el título de una canción de Cohen: “Waiting for the Miracle”. Sigo sin saber cómo lidiar con esto, pero encontré esta genial crónica “My Night With Leonard Cohen” de dos feministas que pasaron una noche con Cohen (una de ellas Roz Warren, escritora en el New York Times).

Montreal

Montreal es su patria. Cohen lo ha dicho varias veces, es un hombre de su pueblo, lo mismo le reconoce cualquier québecois. Ahí nació, se formó, y probablemente, ahí morirá.

Aunque la canción nunca menciona la ciudad por su nombre, “Suzanne” es conocida por ser sobre Montreal. La canción representa la relación platónica de Cohen con Suzanne Verdal, una musa de la generación beat que tenía un departamento en Montreal.

Esta es una impecable interpretación en vivo, muy parecida a la grabación del disco. Se ve a un Cohen posiblemente en su mejor época, por ahí de 1972.

Belleza

Cohen es un crítico de lo obvio. En su canción legendaria, “Chelsea Hotel no. 2” (dedicada a Janis Joplin), hay una frase que me retuerce y me parece de lo más verdadero que se haya escrito:

I remember you well in the Chelsea Hotel you were famous, your heart was a legend. You told me again you preferred handsome men but for me you would make an exception. And clenching your fist for the ones like us who are oppressed by the figures of beauty, you fixed yourself, you said, “Well never mind, we are ugly but we have the music.”

Acá una versión en vivo, que tiene un lindo video introductorio del hotel, por supuesto en Nueva York, su segunda ciudad. (A los impacientes, la música empieza hasta el minuto 2:50)

Cine

Lo dije antes, el cine y las canciones de Cohen son un magnífico complemento. Varios cineastas han tomado canciones de Cohen para momentos épicos del cine. En mi pequeño compendio les ofrezco dos.

Take this Waltz es una película que toma como título la canción que Leonard Cohen adapta de Pequeño vals vienés del poeta español Federico García Lorca.

Otra película que toma una canción de Cohen es Natural Born Killers, de Oliver Stone. “The Future” introduce la película como una amenaza reflexiva a los futuros asesinos.

Mención especial a Gael García bailando “Dance me to the end of love” en Rosewater, y a Robin Wright cantando “If It Be Your Will” en The Congress

En Vivo

No conozco seguidor de Cohen que no viva con la obsesión de presenciar un concierto en vivo del viejo. Leonard Cohen nunca ha estado en México: doloroso. Por eso es que desde hace algunos años pertenezco a un pequeño grupo utópico de Facebook llamado “Queremos a Leonard Cohen en México”. No me queda más que hacerle propaganda e invitarlos a que se unan.

Hace como cinco años vi en mi celular, en Youtube, y en un largo trayecto de viaje, el documental de la BBC dirigido por Tony Palmer, Bird on a Wire, como la canción. Confirmó mi alucinación por ver al hombre recitando sus letras.

Este es uno de los extractos que más vale la pena. Cohen llora después de interpretar “So Long Marianne”. La banda duda en seguir el concierto por razones desconocidas. Luego leí este artículo con una posible interpretación que involucra LSD. El documental cierra magistralmente con una interpretación de “Bird on a Wire”.

***

La sabiduría que encuentro en Cohen es por la sensibilidad para entender y contar historias que recorren vidas, que son completas y no terminan. A través de la memoria y la imaginación, Cohen continuamente explora su pasado y la de su cultura para ofrecernos un arte maravilloso, reconciliado con su historia, definitivamente optimista.

Es correcto pensar que Cohen es el portavoz de la melancolía, así inicia a escucharlo la mayoría. Sin embargo, su música atraviesa todas las emociones. Me doy cuenta que su folk también es felicidad y plenitud, cuando dedico “Dance Me to the End of Love”, cuando converso sobre Cohen y Rockdrigo, y cuando lo pienso como preámbulo a Nueva York.

“Music is the emotional life of most people.”

Leonard Cohen

 

Sinceramente,

7_LuisGodoy

 

Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. juan carlos bracho 3 agosto, 2016 en 6:11 pm

    Muchas gracias por este posteo. Me gustó mucho.

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