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Por: Ana Cañedo – @ana_canedog

Recuerdo bien cuando se pactó la Unión Europea. Un año después México pasaría a formar parte del NAFTA[1], eliminado así las barreras arancelarias al comercio y facilitando el intercambio de bienes y servicios con Estados Unidos y Canadá. Para finales de los noventa parecía claro que vivíamos en una época marcada por el auge de la liberalización comercial en la que se veía una profunda reorganización geográfica. Se pensaba que las fronteras territoriales dejarían algún día de ser las fronteras económicas, que el mundo dejaría de estar formado por pequeñas naciones soberanas y que, poco a poco, se irían formando grandes bloques comerciales, algunos incluso continentales. Por un tiempo todo apuntaba hacia este nuevo orden mundial. De 1995 al 2010 se constituyeron más de once bloques económicos que agrupaban a diversos países con un mismo fin: obtener beneficios mutuos. Sin embargo, dos décadas más tarde, todo parece apuntar a que esta tendencia internacional se está revirtiendo.

Hace tan sólo unas semanas el Reino Unido se convirtió en el primer país miembro de la Unión Europea en optar por abandonar el bloque económico. Aunque la votación fue reflejo de la frustración de la mayoría de los ciudadanos británicos frente a la inmigración desmesurada, la añoranza de un Reino Unido que ha quedado en el pasado y la globalización económica, dicha decisión inevitablemente tendrá repercusiones severas sobre el comercio europeo y particularmente sobre el Reino Unido, cuyo comercio con la Unión Europea equivale a alrededor del 45% del total de sus exportaciones.

Sin embargo, la decisión del Reino Unido de abandonar la Unión Europea no es la única señal de una voz proteccionista que se alza en contra de la economía global. Durante la campaña electoral para la presidencia de Estados Unidos también ha hecho eco un discurso aislacionista similar. Tanto Donald Trump, multimillonario populista de derecha, como Bernie Sanders, autoproclamado socialdemócrata, han liderado campañas electorales que se han caracterizado por su contundente oposición a los tratados de libre comercio como el NAFTA y el Acuerdo de Asociación Transpacífico (TPP), el cual se prevé eliminará más de 18,000 aranceles mediante un extenso tratado de libre comercio entre México, Estados Unidos y otros 11 países del Pacífico.

Por otra parte, datos recientemente publicados por la Organización Mundial del Comercio (OMC) muestran una marcada desaceleración mundial de la actividad comercial. Se estima que por quinto año consecutivo el comercio mundial crecerá a una tasa menor al 3%; gran parte debido a la desaceleración del crecimiento económico de China, pues las implicaciones del desempeño económico y financiero de esta gran potencia comercial sobre la comunidad internacional son enormes. No obstante y según la OMC, dicha desaceleración también estuvo influenciada por la baja en las importaciones de los países desarrollados y la correspondiente atenuación en las exportaciones de las economías en desarrollo.

Aunado a esto, las limitaciones de lo que una vez se pensó era una fórmula clave para el aprovechamiento de los recursos y el funcionamiento eficaz de los mercados, se han vuelto aún más notorias. El defensor de la globalización, autor de La tierra es plana y columnista del New York Times, Thomas L. Friedman, reconoció que el libre comercio con China ha perjudicado a más personas de lo que inicialmente se suponía. Asimismo, Paul Krugman, premio Nobel de Economía por su análisis de la localización de la actividad comercial, alertó sobre el peligro al que conlleva buscar la competitividad a cualquier precio. Incluso, Larry Summers, ex secretario del Tesoro de Estados Unidos, ha comenzado a inclinarse por un proceso de armonización o de integración económica internacional para reducir las desigualdades mundiales, en lugar de proponer más globalización económica.

Es incuestionable que la expansión del comercio internacional ha permitido sacar de la pobreza a cientos de millones de personas de las economías emergentes de América Latina, África y particularmente Asia. Además, se ha multiplicado la oferta de bienes y servicios, resultando en una disminución de los costos para los consumidores y la creciente competencia global ha ocasionado el surgimiento de empresas nuevas y más eficientes. No obstante, la mayoría de los países abrieron sus fronteras a ojos cerrados, sin tener en cuenta a los perdedores. La liberalización comercial no produjo la desigualdad, pero no cabe duda que la ha profundizado. No podemos negar que la apertura de mercados sin el acompañamiento de políticas de mercado laboral, de ajustes estructurales y de políticas sociales ha ocasionado un desencanto generalizado con la globalización económica. ¿Nos acercamos al final de la liberalización comercial? Difícilmente; sin embargo, preocupa un panorama en el que se comienza a entrever el recrudecimiento del proteccionismo.

5_AnaCanedo

 

Referencias

http://www.wsj.com/articles/worries-rise-over-global-trade-slump-1442251590

http://washingtonmonthly.com/magazine/junejulyaug-2016/free-trade-is-dead/

[1] Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Escrito por InteIndep

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