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Por: José García Dobarganes – @jooosege

Ni los amigos, saben qué es lo que me pasa – La ilusión del primer amor, Jeans, 1998

Era la emoción de verte todos los días, de saber que por momentos eras mi amigo. Todavía no pensaba en relaciones serias. Éramos amigos: el que se sentaba junto a ti y te escuchaba todas las cosas que platicabas. Sabía que le gustabas a todas las niñas. ¿Cómo no? Era inevitable. Íbamos a tu casa, jugábamos nintendo y después fútbol. Yo no era bueno en ningún deporte. Me sentía mal por no ser cómo tú. En el recreo me sentaba con las niñas en el patio, tú eras el delantero en cada partido. Ahora eres futbolista profesional. Nunca supiste que me gustabas. Te levantaste la playera para que todos vieran tus cuadritos. Me incomodé ¿y si me cachabas viéndote de forma rara?

Te decía que me gustaba Belinda porque no se me ocurría nadie más. ¿Cómo hubiera explicado que me gustaban los hombres? En quinto de primaria esas cosas no se decían. La psicóloga de la escuela nos habló sobre homosexuales. Alguien le preguntó sobre orgías entre gays. Todos se rieron. A mi se me antojó. Su explicación fue que los gays estaban locos. Un año después fuimos solos a Six Flags. Nos encontramos a unas niñas y ligaste con ellas, las tres güeras y fresas. Pensaba que yo necesitaba ser así para estar contigo. ¿Por qué querrías ligar con tu amigo?

Ya casi no me hablabas, ni tú,ni los demás hombres. ¿Era porque no sabía jugar fut? ¿O ya se me notaba mucho? Regresamos del campamento de Catemaco y me di cuenta: yo no era como los demás. Cuando estuvimos desnudos en las regaderas tenía de ganas de voltearte a ver. ¿Y si te dabas cuenta? ¿Y si me cuerpo reaccionaba solo? Cerraba los ojos y me sentía culpable. ¿Por qué no me podía controlar? Pero de verdad quería voltear. Supongo que era mejor para los dos no ser amigos.

Acabó la primaria. Nunca te volví a ver. Le conté a dos amigas que me gustaban los hombres. Lo primero que hicieron fue burlarse; lo segundo decir que siempre habían querido un amigo gay. Le conté a una tercera y a una cuarta y a una quinta. En primero de secundaria Santiago fue mi mejor amigo, a él le gustaba Mariana. No quería ser gay mientras estuviera con él. Tal vez él lo sabía pero no decía nada. Ni yo. Sentía que todo volvía a la normalidad. ¿En serio? ¿Me sentía normal porque me juntaba otra vez con hombres? No duró mucho; una amiga no pudo guardar el secreto. Le dije que me gustaba Mau y ella gritó en el patio: ¡Mau, tienes un nuevo pretendiente, le gustas a José! Grité de regreso y se me salió lo joto. Todos se rieron. Todos me vieron. Todos estaban ahí.

Nunca entendí qué hice mal. ¿Era yo el problema? ¿Era mi cuerpo? ¿El ser afeminado? Yo ni siquiera quería ser así. Me rapé para no verme tan puto. Vaciaron mi mochila y aventaron mis cosas. Dijeron que no se iban a sentar junto a mí porque podría excitarme. Pensé que tenían razón. No podía estar junto a ellos porque estaban guapos y los iba a voltear a ver. Como a ti, en las regaderas de Catemaco. Estaba solo otra vez. Me intentaron madrear, me amenazó un niño de mi escuela, me dieron un balonazo, no me dejaban entrar al baño si había alguien más. No me acuerdo cuánto tiempo pasó. Después todo estuvo bien. Las niñas me salvaron.

Tardé tiempo en dejar de justificar a los que me molestaban. Pensaba que estaban bien. Que tenían el derecho a enojarse y a incomodarse conmigo. Tardé años en darme cuenta que nadie lo tiene. Me costó aceptar que esa situación me había dañado mucho. Que me dolía en mi masculinidad. Esa que me fue negada por los demás. O tal vez por mí mismo. Porque era débil, afeminado, no jugaba fútbol, no cabroneaba, ni era mirrey, ni era nada de lo que eran los demás. Las palabras de mi familia se quedaron marcadas “Puedes ser gay, pero nunca seas puto”. Y creo que yo era puto. Tampoco estaba tan mal ¿o sí?

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El 25 de Junio salí a marchar para celebrar. Celebrar que después de años, me atrevo a ser quien soy. A ser un joto semidesnudo, que grita y que pide respeto; a celebrar a las maricas entaconadas que avergüenzan a la comunidad, porque ser “homosexual es más que eso”. A enfrentar y decirle a todos que ser puto es también una opción de vida, y que si estamos aquí es porque ustedes nos han hecho estarlo. Celebrar que me dejo de sentir mal por ser la persona que soy y porque cualquiera que sea y escoja sea mi identidad, tiene y tendría que ser respetada. Después de años de tratar de ser aceptado en mundo de masculinidades, hoy acepto mi diferencia, mi jotería y mi libertad. Ojalá fuera más fácil ser puto.

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Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. Nadie tiene derecho a decirte como vivas tu vida… mientras pidas respeto, pero también lo des… Te deseo lo mejor…

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