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Por: Sofía Bosch – @sboschg

Navegando por Facebook, me doy cuenta de que cada vez más aparecen “concursos” de diseño de logotipo o gente pidiendo ayuda de diseño gráfico para alguna marca o empresa que quiere lanzar. Trabajo en diseño, específicamente gráfico, hay. Eso sí, la comunidad es pequeña y los rumores corren. Si un diseñador es serio y cumple con los servicios que puede ofrecer, no es descabellado que pueda vivir de freelancer o trabajar de forma independiente y sobrevivir. Un artículo (http://www.cnbc.com/2016/03/08/the-millennial-hustle-working-side-jobs.html) menciona las ventajas que tienen los millenials al poder trabajar de forma flexible y tener varios trabajos que a la vez les permitan hacer las cosas de manera libre y diferente. Sin caer en la rutina, monotonía y muchas veces aburrimiento de un trabajo fijo.

La movilidad laboral se facilita sobretodo en industrias creativas que pueden llevar muchos proyectos a la vez y que no necesariamente están ligados entre sí. Asimismo, son proyectos que pueden trabajar de forma individual desde casa o en horarios no obligatoriamente fijos.

Y aunque le veo muchas ventajas a esto: diseñadores, arquitectos y artistas tienen la posibilidad de experimentar en diferentes frentes (una cosa que se crítica usualmente en trabajos fijos es la monotonía de generar material para un mismo fin constantemente lo cual hace al final el trabajo no creativo), también tienen la posibilidad de ir generando una base de clientes a futuro, armar su portafolio de manera particular y tomar muchos más riesgos que si se está en un despacho de tiempo completo.

Esto lo viví de primera mano, y hablando con colegas en la industria, me doy cuenta que el trabajo de “agencia de publicidad” o de marketing in house en una empresa se vuelve cada vez menos atractivo. El estar ligado a un cliente en específico, estar iterando sin parar en publicidad sin mucho fondo ni propósito puede sentirse como la perdida de un cachito del alma. Y hay veces que uno nada mas quiere aventarlo todo.

GIF_PANDAEs por eso que yo apoyo firmemente que la gente haga cosas que le llenen y le gusten aunque eso signifique trabajar de forma no fija en una oficina pero como freelancer. Ahora, aunque esté bien perseguir sus sueños y trabajar en lo que a uno le gusta hay muchas otras cosas que hay que considerar y que no mucha gente en las industrias creativas tiene claro, dos ejemplos son:

  1. Cobro – Cómo se genera una tabla de tarifas o un contrato (por más simple que sea) con el cliente para que, como pasa muchas veces, uno no acabe trabajando gratis o esperando pagos que caen un año después.
  2. Pago de impuestos – Muchas veces uno piensa que con cobrar cierta cantidad ya está listo, pero hay que entender que aunque nuestro trabajo no sea tradicional, eso no quiere decir que tiene que ser informal. Es importante estar en regla con Hacienda y más cuando tal vez en un futuro se vea una posibilidad de convertirse en emprendedor. Hay ocasiones en las que se cobra cierta cantidad, pero al no cobrar los impuestos correspondientes al cliente, uno acaba perdiendo una cantidad sustancial de lo que se pensaba como un “sueldo libre”

Estos son solo un par de puntos que muchas veces no tomamos en cuenta y que son de suma importancia cuando se trabaja de forma independiente. Muchas de estas problemáticas vienen del poco valor que se le otorga a las Industrias Creativas. Tal vez sea cultural, pero es responsabilidad entonces del agente creativo educar en ese sentido a su cliente. Ser exacto con las entregas, con los cobros, estipular todo desde el principio y calendarizar el trabajo. Profesionalizar lo más que se pueda el trabajo que uno provee.

El Laboratorio para la Ciudad, al darse cuenta de estas lagunas en las industrias creativas, generó un programa de 3 meses llamado Saber Creativo (http://sabercreativo.labcd.mx) . Trabajadores de un espectro amplísimo de las industrias creativas se han estado presentado cada 15 días en la Azotea del Laboratorio a tomar clases los sábados y aprender habilidades que no necesariamente se aprenden en la escuela. Lo que podrían llamarse habilidades para la vida, pero que son lo que hacen a los creativos sobrevivir. La presencia de diseñadores y arquitectos se hace notar, pero también hay pintores, bailarines, cineastas, gestores culturales, ilustradores y mucho más. El programa se divide en diferentes sesiones en donde los creativos podrán justamente aprender a cobrar, de contabilidad, sobre derechos de autor, a vender sus proyectos, prototipar de forma rápida, así como de becas a nivel nacional e internacional.

El programa no únicamente ha sido un éxito (se recibieron más de 500 solicitudes cuando había un cupo de 60 lugares), pero ha demostrado que hay un gran rezago en la forma que se enseña a los creativos en México. Una cosa es la disciplina aprendida a ejercer, pero otra cosa son las habilidades básicas de supervivencia en un mundo que ya no está dispuesto a contratar de tiempo completo a un diseñador, otorgar pagos anticipados a bailarines, dar acceso a un seguro de gastos médicos a los arquitectos, o pagar de forma justa el trabajo de un ilustrador, ya que lo que él hace “mi sobrino lo hace de hobby y seguro me lo hace gratis”.

**Nota dedicada a María García Holley que desde el Laboratorio para la Ciudad ha encarnado una ardua lucha por la defensa de la creatividad en la ciudad y la valorización de las industrias creativas.**

3_SofiaBosch

Escrito por InteIndep

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