Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

49 y un Unicornio

Mi unicornio azul

ayer se me perdió,

pastando lo dejé

y desapareció.

Cualquier información

bien la voy a pagar.

Las flores que dejó

no me han querido hablar.

Silvio Rodríguez, El Unicornio Azul (1982)

El pasado 12 de junio, 49 personas fueron asesinadas en un club nocturno en la ciudad de Orlando, Florida. Al menos tres problemas endémicos de los Estados Unidos y la contemporaneidad propiciaron el crimen: homofobia, fanatismo religioso y uso indiscriminado de armas de fuego. Fue un crimen cometido por un individuo con claros trastornos mentales, pero del cual la política y la sociedad no están exentas de culpa. La pasividad es complicidad.

El 49 se convirtió desde la trágica noche del 12 de junio en un número simbólico para la ciudad de Orlando. Como lo es también, desde hace más de 7 años, para la ciudad de Hermosillo, Sonora. El 5 de junio de 2009, un incendio en la Guardería ABC dejó saldo de 49 menores fallecidos y más de 100 lesionados. Las condiciones del crimen fueron distintas a las de Orlando, pero al menos 3 males endémicos—particularmente crónicos en México—propiciaron y agravaron la tragedia: corrupción, tráfico de influencias e impunidad. A poco más de 7 años del incendio, “todavía seguimos mendigando justicia para nuestros hijos”, dice Patricia Duarte, una de las madres del Movimiento 5 de Junio.

Mi unicornio azul

ayer se me perdió,

no sé si se me fue,

no sé si extravió,

y yo no tengo más

que un unicornio azul.

 

Así como la masacre de Orlando exige reflexiones a nivel individual y colectivo dentro y fuera de los Estados Unidos, la tragedia de la Guardería ABC exige un ejercicio mental activo y constante. El sentimiento de injusticia no ha sido abatido en Hermosillo. La corrupción, el tráfico de influencias y la impunidad son quizá hoy más flagrantes que en aquel entonces. Pero los padres de la Guardería ABC no están solos en su lucha por obtener justicia. Hay personas inconformes que no bajan los brazos, buscan enderezar “pequeñas” desviaciones de lo “normal”, aquéllas que tomamos como herencia de los tiempos que nos tocó vivir; aquéllas que incorporamos naturalmente a la cotidianidad.

Uno de esos inconformes es Silvio Rodríguez, el legendario trovador cubano. (Quizá el más grande. Aunque si le preguntan a él, dirá “Pablo Milanés”. Recientemente lo declaró así en España para Pablo Iglesias y Otra Vuelta de Tuerka). El 20 de marzo de 2014, Silvio Rodríguez ofreció un concierto en Hermosillo, Sonora. La escala formaba parte de la fugaz gira del cantautor cubano por México, que incluyó actuaciones en Puebla, Guadalajara, Tijuana, Monterrey y el Distrito Federal—incluyendo una función en el Zócalo capitalino.

Si alguien sabe de él,

le ruego información,

cien mil o un millón

yo pagaré.

Mi unicornio azul

se me ha perdido ayer,

se fue.

La Universidad de Sonora ya había fracasado 4 veces en traer a Silvio Rodríguez a Hermosillo. Los rumores nunca se habían confirmado. Hasta que los boletos finalmente fueron puestos a la venta. Para los fanáticos de “Silvio”—Luis Eduardo Aute reconoce que es uno de los pocos artistas en el mundo para quienes el primer nombre basta—, el suceso marcaba un hito cultural para una ciudad de la que Silvio ya había oído hablar anteriormente pero esperaba que lo recibiera tímidamente. “Hoy vamos a concertar en Hermosillo, ciudad de fuego,” escribió el cubano en su blog Segunda Cita al tocar la ciudad sonorense. ¿Se refería al calor? No lo sabemos.

Lo que sí sabemos, también gracias al blog, es que Silvio, regular lector de La Jornada, estaba al tanto de la tragedia acontecida en la Guardería ABC. Silvio es ante todo un ser humano sensible, genuinamente conmovido por sucesos como los de Orlando o Hermosillo. Una de las personas en pedir palabras de aliento en aquel entonces (2009) fue Pablo Taddei, a quien Rodríguez escribió de vuelta (algo poco frecuente): “Una tragedia muy grande. Mi unicornio azul con ustedes.” Dos años después, Silvio volvió a dar la misma muestra de apoyo a la Marcha Por la Paz en México (2011). ¿Por qué relacionar México y al unicornio con tanta frecuencia?

Mi unicornio y yo

hicimos amistad,

un poco con amor,

un poco con verdad.

Con su cuerno de añil

pescaba una canción,

saberla compartir

era su vocación. 

unicornio azul

Silvio estima a México por al menos dos razones. La primera es la relación histórica de México y Cuba, que tiene su clímax en el asalto al Cuartel Moncada y el exilio de Fidel Castro en México. La segunda, un tanto más personal, la conocemos por la canción De la ausencia y de ti, donde Silvio, melancólico incorregible, narra un amor fugaz y febril que tuvo con Velia Ramírez, una mexicana que fue a La Habana en 1969 a un congreso de historia. En aquel tiempo ya había pasado por ahí Hemingway y pedido su mojito en la Bodeguita y su daiquiri en El Floridita, pero La Habana igual enamoraba. Y Silvio cayó por una mexicana que eventualmente partió de vuelta a México, dejándole un vacío enorme a sus escasos 23 años. Afortunadamente, la historia tuvo un (relativamente) lindo desenlace: “Se la hice en 1969. Ahora está casada con un hombre encantador, se llama Víctor y es trompetista. Cuando voy a México, los tres nos juntamos y comemos,” dijo Silvio en alguna entrevista. Peor es nada.

La historia de la canción El Unicornio Azul es más universal. Silvio lo narra en Que Levante la Mano la Guitarra (1983): “Para mí lo más interesante que tiene esta canción no es qué es para mí el unicornio azul, sino haberme podido dar cuenta de que para cada uno significa una cosa diferente. Eso es extraordinario… Después de que me preguntan y que yo doy mi respuesta, yo también hago mi pregunta, ‘y bueno, ¿para ti qué cosa es la canción?’, y cada gente me dice una cosa diferente, pero todas son cosas que tienen que ver. Yo creo que es la posibilidad de que la gente sueñe, de que la gente ame. Y de pronto, se pierde un sueño. No quiere decir que para siempre. Pero que la gente sueña.”

 

Mi unicornio azul

ayer se me perdió,

y puede parecer

acaso una obsesión,

pero no tengo más

que un unicornio azul

y aunque tuviera dos

yo sólo quiero aquél.

 

Tan universal es el sentimiento de sueños perdidos que podríamos fantasear sobre si Velia Ramírez es el unicornio azul que Silvio perdió un día en La Habana. Pero no, en realidad tiene que ver su amigo Roque Dalton y uno de sus hijos guerrilleros, quien en alguna ocasión vio trotar a un caballito azul con un cuerno. Silvio aclaró en una entrevista que el unicornio no es más que la inspiración perdida. Y conociendo esta versión Alejandro Cabral y Pablo Taddei, fueron a buscar a Silvio Rodríguez con el afán de que en el concierto hiciera alguna mención de la Guardería ABC. Ellos fueron dos de varias personas que colaboraron en redactar una carta hecha con fragmentos de las canciones de Silvio Rodríguez, misma que esperaban pudiera leer uno de los padres del Movimiento 5 de junio durante el concierto.

Una y otra vez fracasaron el día previo al concierto en su intento con encontrarse con Silvio Rodríguez a las afueras del hotel en el que se hospedaba. El cubano es conocido por su hermetismo y falta de entusiasmo en cuanto a fanáticos se refiere. Sin embargo, el día del concierto la suerte cambió. Durante las pruebas de sonido, a eso e las 11:00 de la mañana tiempo local, Abraham Fraijo, padre de una de las niñas que fallecieron en el incendio de la Guardería ABC, finalmente pudo entregar la carta a uno de los guardias que resguardaban el escenario; y ya de vuelta al hotel, hablar personalmente con Silvio Rodríguez, quien accedió gustoso y fundiéndose en un abrazo con Abraham Fraijo a ser su cómplice durante el concierto.

 

Cualquier información

la pagaré.

Mi unicornio azul

se me ha perdido ayer,

se fue.

 

Al respecto, escribió Abraham Fraijo en redes sociales: “Pude conversar con él [Silvio Rodríguez] por algunos minutos. Unas horas antes del concierto, tuve la suerte de acercarme a él y comentarle sobre el caso de la Guardería ABC, donde mi Catarina había perdido la vida junto a 48 pequeños más. Me sorprendió darme cuenta de lo bien informado y documentado que estaba de la situación, le llevaba una carta que unos minutos antes había sido redactada con partes de canciones de él mismo. Le dio una ojeada, en eso le comenté que la idea es que diera lectura a esa carta en vivo, ya que algunos funcionarios incluso dueños de la guardería estarían en el público. Me abrazó y dice ‘Yo no voy a leer esa carta, mejor, te invito a que tú seas quien la leas y les digas lo que tienes que decir, lo que sientes’.”

Así pues lo acordado. La primera mitad del concierto de 2:30 de duración transcurrió sin sobresaltos. Silvio aprovecha la gira para mezclar instrumentos, ritmos y nuevas canciones. Y así, durante la pausa del intermedio, las luces se apagaron. Los músicos que acompañaban a Silvio en el escenario se van y todo queda en penumbras durante unos minutos, hasta que finalmente regresa Silvio y avisa en tono solemne: “Tengo un amigo que les va a decir algo.” 

Carta de Alejandro Fraijo (20 de marzo de 2014):

Hoy, desde hace más de 4 años y medio, viene a mí la damisela soledad. El 5 de junio de 2009 nos arrancaron 49 sonrisas, entre ellas la de mi Catarina, y me llevaron a pensar que no hay nada aquí, sólo unos días que se aprestan a pasar.

Cuando quiero hablar de eso siempre me pregunto, ¿qué tipo de adjetivos se deben usar para hacer la canción de este pueblo al que le arrancan la niñez; ¿qué fronteras debo respetar? Porque sí me propongo fundar un partido de sueños y talleres donde reparar alas de colibríes, pero recuerdo que les debo una canción a quienes querían ser canción, a quienes me dejaron con un son desangrado el corazón. Este imperio asesino de niños me ha podrido el cariño. Pero no me mataron las locuras, locuras para la esperanza pero también del dolor, locuras que nacieron cuando hacia el porvenir partieron sombras y siguen partiendo cada vez más oscuras.

Hoy, más que nunca necesito un reparador de sueños que me permita dejar de soñar con serpientes y decir: “venga la esperanza, venga de 49, venga de 2000.” Entonces, al final de este viaje, por quienes merecen amor, ya no me preguntaré, ¿qué se puede hacer con el amor? Ya no querré estar lejos de la casa y el árbol y secaré un llanto y ellos y ellas serán de ahora y para siempre los muertos de mi felicidad.

Al final del viaje estaremos tú y yo otra vez intactos, porque somos los que podemos sonreír en medio de la muerte en plena luz.

 

¡Justicia ABC!

¡Justicia ABC!

¡Justicia ABC!

Y así, al resonar estas palabras en los oídos de y la memoria de miles de personas que se dieron cita en el Parque La Sauceda—en especial en aquellos de los funcionarios públicos que acapararon las primeras filas (“VIP”) a cambio de facilidades para la organización del evento—, ¿qué canción creen que tocó Silvio Rodríguez inmediatamente después de haber finalizado Abraham Fraijo de recitar la carta que los inconformes de Alejandro Cabral y Pablo Taddei ayudaron a escribir con ayuda de su gran afición hacia Silvio y su solidaridad para con los sueños perdidos? Adivinaron.

https://www.youtube.com/watch?v=oyDebnrExpQ

4_MarioCampa

 

Escrito por InteIndep

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