hamilton

Por: Daniela Dib – @dandiba

Hace siete años, un hombre de veintiocho mataba tiempo en una tienda de libros y se topó con la biografía del primer Secretario de Finanzas de Estados Unidos. Exceptuando sus más de ochocientas páginas, a primera vista el libro no parecía sobresaliente: en su portada dominaban los colores neutros, las recomendaciones de académicos, y, al más puro estilo de la sección de libros históricos, un favorecedor retrato del protagonista ocupando la mayor parte del diseño. Como cabecera y pie de página estaban el nombre del autor y el título de la obra, ambos impresos con tipografía sobria. Es probable que el hombre, llamado Lin-Manuel Miranda, haya tomado aquel libro de tan aburrida apariencia, hojeado algunas de sus páginas, leído varias líneas y quedado completamente fascinado con la historia que en ellas se contaba, pues hoy se sabe que aquella biografía de Alexander Hamilton, escrita por Ron Chernow, resultó ser la lectura de vacación más fructífera de la historia.

Uno nunca pensaría que Miranda es el tipo de persona que lee biografías, mucho menos la del hombre que adorna el billete de diez dólares estadounidenses. Para empezar, Miranda es un neoyorkino nacido de inmigrantes puertorriqueños. Para seguir, su pasión no es la historia sino la música, en particular el rap, el hip hop y el teatro musical. Talentoso hasta la médula, en 2008 ganó un premio Tony por el musical In the Heights, el primero de su autoría, que basó en su propia infancia dentro del multicultural vecindario de Washington Heights, en Manhattan. Aquel reconocimiento le valió una invitación para presentarse en la Casa Blanca durante el White House Poetry Jam de 2009 y cantar algunas de las canciones premiadas de In the Heights. Pero Miranda, consciente de su público aquella noche, prefirió presentar otra cosa: la primera canción de un proyecto musical en proceso sobre la vida de Alexander Hamilton—alguien que, según lo relatado en el libro de Chernow, para Miranda “personifica la esencia del hip hop”. El éxito de esta presentación le valió una ovación de pie por parte de los Obamas, un video viral en YouTube y un adelanto de $175,000 dólares para terminar el proyecto.

A principios de 2015, Hamilton debutó off-Broadway y provocó la histeria. Con la bendición de Barack y Michelle Obama—ella ha dicho literalmente que es la mejor obra de arte que ha visto en su vida—, el musical ha acumulado espectadores de todo tipo, desde Beyoncé, Eminem, Amy Schumer, Oprah Winfrey y Kanye West hasta Bernie Sanders, Madeleine Albright, las hermanas Bush y el mismísimo Dick Cheney, quien fuera vicepresidente durante el mandato de George W. Bush. (Obama ha expresado en varias ocasiones que Hamilton es lo único en lo que él y Cheney están de acuerdo). Para noviembre, el musical se había trasladado a uno de los principales teatros de Broadway y con la mudanza se triplicaron los interesados en verlo: hast la fecha, las filas para conseguir un boleto llegan hoy a conformarse por mil personas. Miranda y su obra se convirtieron en el ajonjolí de todos los moles, apareciendo en todo tipo de revistas, artículos, programas de televisión, colaboraciones, programas de radio y clases de spinning, y recibiendo infinidad de premios y reconocimientos, incluyendo el premio Pulitzer en la categoría Drama y once premios Tony. El soundtrack completo con el reparto original es número uno en Billboard y está disponible para nosotros los mortales en Spotify, donde ha sobrepasado las 148 millones de descargas. A la fecha, el musical ha recaudado $60 millones de dólares en Broadway, el precio de reventa para verlo sobrepasa los $500 dólares y las entradas se encuentran agotadas hasta enero de 2017 a pesar de que hay un show de Hamilton cada día de la semana.

¿Qué es lo que ha desatado la locura por esta obra? Son muchos los factores, pero el resumen es que con ella Miranda logró la hazaña de dar una muy necesaria lección de historia sin ser aburrido ni condescendiente. El clima político que vive Estados Unidos se caracteriza, entre otras cosas, por una hostilidad hacia los inmigrantes y un sentimiento conflictuado de nacionalismo, temas que Miranda hábilmente identificó en la historia de Alexander Hamilton y escribió un rap para contarlos. Hamilton, además de ser uno de los Padres Fundadores de Estados Unidos y su primer Secretario de Finanzas, fue un inmigrante nacido en la isla caribeña de San Cristóbal y Nieves, el hijo bastardo de un escocés sin títulos nobiliarios ni educación de altura. Las primeras palabras del musical lo presentan así:

How does a bastard, orphan, son of a whore

And a Scotsman, dropped in the middle of a

Forgotten spot in the Caribbean by providence

impoverished, in squalor

Grow up to be a hero and a scholar?

Y la calidad de las rimas no es poca cosa. Miranda se basó en sus ídolos musicales para darle vida a los personajes históricos de la obra, así que Angelica Schuyler, la cuñada de Hamilton, rapea a la velocidad de Busta Rhymes, Thomas Jefferson discute sobre el futuro financiero del país como si fuera Kendrick Lamarr y pareciera que es Lauryn Hill quien narra la batalla de Yorktown. La música no es el único aspecto de Hamilton que rinde honor a la herencia multicultural de Estados Unidos. El elenco muestra la diversidad que hoy existe en aquel país y que muchas veces no se representa con veracidad en los medios: el ochenta por ciento de los actores de Hamilton pertenece a alguna minoría, por lo que George Washington aparece como un afroamericano sin cabello, Eliza Schuyler, la esposa de Hamilton, es mitad asiática y el Marqués de Lafayette porta un espectacular afro. Y Miranda, pálido, delgadito y con pelo lacio y negro, es quien tiene el papel principal.

La sensibilidad con la que Lin-Manuel Miranda cuenta, no sólo la historia de Alexander Hamilton, sino también la del nacimiento del país que los acogió a ambos no ha pasado desapercibida por las autoridades educativas de Estados Unidos. El material que Miranda utilizó como parte de su investigación para crear el musical se decretó como lectura obligada en 20,000 preparatorias del estado de Nueva York, además de que algunos de los alumnos de aquellas escuelas—muchos de ellos con carencias económicas—reciben boletos gratuitos para presenciarlo en el teatro.

Hamilton comenzó con una canción en 2009 y a tan solo un año de aparecer en Broadway se ha convertido ya en clásico del teatro musical. Se espera que en los años venideros tenga cientos y cientos de representaciones no sólo en los escenarios de Nueva York, Chicago o Londres sino en teatros amateur en todo el mundo. Pero su impacto cultural es inconmensurable: además de pasar a la historia como la obra que revolucionó la manera de contarle la historia, valga la redundancia, a las nuevas generaciones, su creador ha marcado un parteaguas en cómo se percibe la aportación del rap y el hip hop a la cultura popular, pues Hamilton no es un relato de pandillas o de misoginia, sino de cómo un hombre se hizo de un mejor futuro mediante su talento con las palabras. Sobra decir que los biógrafos de personajes aparentemente aburridos ahora se mueren porque un genio creativo se tope con sus obras en una librería mientras buscan su lectura de vacación, fenómeno que, como lectores, nos motiva a salirnos de la sección de Superación Personal y darle chance—por qué no—a la de Biografías.

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Escrito por InteIndep

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