TheMoth

Por: Angélica Creixell – @angecreixell

Nueva York es una ciudad que cuenta cuentos y crea tendencias. Brotan filas inexplicablemente afuera de restaurantes que adquieren su fama por salir en series de televisión, o afuera de las tiendas que aparecieron en otra lista más de los diez mejores postres del verano según TimeOut, e inundan las calles con turistas y locales en busca de lo mejor. Después de estar parados en el sol durante al menos una hora, los formados están listos para subir fotos a redes sociales en donde posan mientras escuchan a la filarmónica en Central Park o devoran hamburguesas bañadas en queso azul con tocino.  Afortunadamente, las tendencias no sólo son culinarias y hay enormes cantidades de eventos culturales para todas las carteras. Claro está que las filas persiguen a cualquier tipo de evento; es cuestión de saber cuándo y cómo estar en el lugar indicado para conseguir entradas.

En el corazón de SoHo, al atardecer, llegamos a una tal fila. No había más de doscientas personas pero tampoco había menos de cien. Todos los integrantes de la fila, se encuentran parados de una forma muy casual mientras toman café frío y platican de las expectativas del evento, esperando a la apertura de una puerta negra al final de la calle.  Los vecinos conocedores no preguntan por qué hay esa cantidad de personas parados simplemente en espera de algo, es normal ver situaciones semejantes.

Media hora después entramos. De la puerta negra emerge una librería de libros usados con luz tenue y madera oscura. Los personajes de cuento despeinados, en chanclas, faldas largas, shorts; con bolsas de tela y lentes de pasta dura, con o sin aumento. En el centro de la librería—un micrófono solitario. A las 7:30pm en punto, empezó.  El Arte del Storytelling. Un espacio para la narrativa hablada, y, a la vez, una retrospectiva a la tradición oral. Las reglas son muy sencillas; el valiente tiene cinco minutos para contar un cuento que se relacione con un tema predeterminado (en este caso fue “ser botado,” en cualquier sentido de la palabra), el cuento tiene que ser personal, verídico y constar de un principio y final. No puede ser un monólogo interior ni espirales de sentimientos encontrados. La desinhibición literal de diez voluntarios.

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No me sorprendió la desenvoltura de los americanos en contar historias. La seguridad en sí mismos la cultivan desde bebés. No me sorprendieron los temas de las narraciones; historias de corazones rotos, engaños desafortunados, lecciones indeseadas y con algunos toques de comedia y autocrítica. Sí me sorprendió mi reacción y la de mis compañeros. En tan sólo cinco minutos, el orador (de cualquier edad, género y raza), forja una atracción cerrada con cada individuo del público. Lo convence de que él, espectador, también puede contar un cuento. No narra una historia para el mundo, cuenta una historia en una conversación bilateral para estimular neuronas creativas. Al terminar, se baja del escenario y se confunde de nuevo entre los espectadores. El sentimiento  que deja en el micrófono lo absorbe el siguiente orador, quien, a pesar de contar una historia completamente diferente, se somete a un público, acostumbrado a hilar historias que fusiona en una todas los cuentos de la noche. El cuento con el que empecé este artículo. El cuento de crear tendencias y envolver historias cotidianas en la historia de una ciudad.

The Moth es el nombre que recibe la comunidad que organiza dichos eventos para contar cuentos, y ahora es parte de la historia de la ciudad de Nueva York (y, como consecuencia, ha salido en series de televisión). Empezó en 1997 en la casa de un grupo de amigos que se juntaban a contar cuentos por la noche. Creció a ser una institución que organiza eventos para contar historias y narrativas orales, que tiene una estación de radio y organiza talleres en preparatorias y universidades públicas.  Su misión es compartir y cultivar oradores para crear tejido social a través de una práctica antigua, de una primera frase que intriga y transporta al público al ambiente del cuento y una última frase que los deja enganchados.

Más allá de lo que organiza, para el espectador, The Moth es una organización que toca la fibra interna cuenta cuentos de cada uno de nosotros y contagia el sentimiento de búsqueda de aceptación y conexión con el público al escuchar suspiros de admiración. Debí mencionar que la noche también es un concurso, de los diez oradores, uno tiene la oportunidad de competir de nuevo en otra ciudad según el criterio del público. Este cuento termina con el ganador—un americano con acento extranjero que logró ponerle crema a sus tacos y en cinco minutos cautivar a los espectadores y sumarle un capítulo más al cuento de Nueva York.

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Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. También lo puedes escuchar si bajas el podcast, es buenísimo!

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