Mauricio Ochoa
Por: Mauricio Ochoa – @mauri8a
En uno de los pocos heart to heart que he tenido con mi mamá en los que me pregunta cosas “de homosexuales” que normalmente me quiere preguntar, pero no se atreve, y en los que yo le cuento cosas con afán de que se dé cuenta que, sí, sí es normal, me acuerdo que le conté de mis miedos preparatorianos para salir del clóset.
La dependencia económica de los papás, los nulos ahorros; sentirse aislado e incomprendido, son sólo unas de las muchas cosas que normalmente incrementan el pánico que cualquier joven homosexual tiene antes de hablar con sus papás acerca de su orientación.
En fin, en ese heart to heart, le conté a mi mamá de Montserrat. Esa amiga que un día me dio un abrazo enorme, fuerte e interminable, y me dijo que no me preocupara. Que si todo salía mal, que ella ya había hablado con sus papás y ellos habían accedido a recibirme en su casa el tiempo que fuera necesario. Que ellos lo sabían; que ellos me apoyaban; que ella, la primera persona que me preguntó directamente si era homosexual, estaba conmigo.
Muchos años pasaron. Montserrat y yo nos distanciamos. Nos veíamos cada vez menos. Pasamos de salir varias veces al mes, a reunirnos una vez cada seis meses para contarnos todo lo que había sucedido en el último semestre, a enviarnos un mensaje esporádico, a confirmar en nuestras respectivos eventos en Facebook y nunca ir. Nos distanciamos pero ese abrazo y esa calidez y soporte que me dio hace más de diez años son cosas que nunca se me van a olvidar.
Después de la matanza de 49 jóvenes en Orlando, la peor en la historia de Estados Unidos, he leído muchas opiniones, casi todas críticas duras (y muy justas) a la homofobia recurrente. Al día a día que vive la comunidad homosexual y que no sólo debería reconocerse tras una tragedia. La vulnerabilidad está vigente y, a pesar de los grandes pasos que se han dado en materia de derechos, aún nos enfrentamos a cuestionamientos por parte de sectores específicos de la sociedad que pretenden tolerar, pero jamás incluir; jamás considerar como parte de la sociedad. 
Leí muchas cosas de odio, de frustración, de hartazgo, pero muy pocas de empatía; de entendimiento. Leí también a Eugenia Vela hablando de su hermana, del miedo que tenía de las amenazas que ha recibido; de la frustración que sentía por que aún existimos “nosotros” y “ellos” (i.e. los bugas y los gays). Hasta leer su texto entendí algo importante con relación a todo lo que sucede; todo lo que vivimos día con día. Gran parte de las muestras de solidaridad, de afecto, de compañerismo que leí en las redes sociales, fue de personas heterosexuales. Sí, leí críticas de personas homosexuales; compartí sus quejas y las sentí como mías, pero la solidaridad de “ellos” fue lo que me recordó el momento de hace tantos años en que me sentí apoyado por alguien más.
Quería escribir esto para ustedes, los bugas, los que se preocupan por nosotros. Los que nos apoyan día con día, porque así tiene que ser. Desde la amiga que escribe que los derechos humanos no están restringidos a opinión pública o consulta, hasta la jefa que te pregunta si ya pensaste bien el color que usarán tus damas cuando te cases. Desde la tía y prima que, tras leer el texto de Eugenia, enviaron por mensaje un “Estoy contigo”. Desde el compañero de la Universidad que te saluda y te pregunta por “tu güey” y te dice que “te ves bien contento, cabrón”, hasta el mejor amigo heterosexual que da like a todas las fotos en que sales con tu novio y comenta con un corazoncito. El amigo argentino que se despidió de ti hace mucho y te dijo que le habías hecho entender y querer a los trolos como tú, o el heterosexual que come contigo a la hora de la comida y se ríe incrédulamente cuando descubre que te lo puedes alburear peor que él a ti.
A todos ustedes que luchan con nosotros, que no cuestionan que merecemos los mismos derechos que los demás. A todos ustedes que nos han hecho parte de su vida y que nos llenan el corazón y la esperanza que muchos se empeñan por romper. A todos ustedes, gracias.
25_MauricioOchoa

Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. Mónica González 5 julio, 2016 en 2:17 pm

    Un abrazo,a todo ser humano, que es diferente y rompe los estereotipos y convencionalismos… por su forma de pensar, amar, sentir, vivir mi admiración sincera.

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