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Por: Andrés Hernández – @andreshf5

Los micro estados siempre me han fascinado. Son estados con muy poca población (menos de 500,000 habitantes) y/o extensión territorial (menos de 1,000 km cuadrados). Sus dimensiones los hacen ideales para ejecutar experimentos sociales, culturales o de política pública.

En América, Asia, África y Oceanía son normalmente islas. Sin embargo, en Europa son parte continental en su mayoría. Algunos ejemplos son Mónaco, El Vaticano, San Marino y Liechtenstein. La diferencia entre Europa y el resto del mundo es que, en su afán colonizador, siguen teniendo territorios de ultramar, lo que reduce la existencia de islas soberanas. No obstante, existe una isla europea que consiguió su independencia en 1918 y su soberanía en 1944. Localizado al norte del Atlántico, la que fuera alguna vez una colonia de Dinamarca, hoy es uno de los países más desarrollados del mundo: Islandia. Un país con 330,000 habitantes, segundo lugar en distribución de la riqueza y uno de los 20 países con mayor ingreso per cápita e índice de desarrollo humano –los amargados no tardarán en señalar que también tiene un índice alto de suicidios. Pues sí, en un micro estado si se suicidan 10 personas el índice se te fue a los cielos. Además, no ver la luz del día durante la mitad del año, seguro no ayuda.

Algunos países tienen petróleo, otros minerales, otros trabajan con eficiencia diez horas al día, seis días a la semana. Islandia tiene cráteres, lava, desierto y muchos glaciares que hacen su tierra incultivable; además, está montada sobre dos placas tectónicas (la Norteamericana y la Eurasiática) que se separan constantemente y hacen al país susceptible de temblores frecuentes. La tundra, los campos de lava y el lodo que hierve, elegidos por los vikingos para establecerse, están muy lejos de ser el terreno idóneo para desarrollar un país.

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Hverarönd

Estas condiciones podrían haber sido el pretexto perfecto para la falta de desarrollo; sin embargo, han sido incorporadas por los islandeses de manera ejemplar. La orografía, la abundancia de agua, las cascadas y las fuentes naturales de vapor, han permitido abaratar drásticamente la electricidad en Islandia. Esto ha permitido impulsar la producción y exportación de aluminio –un proceso intensivo en electricidad. Además, a partir del uso de la energía geotérmica y plantas hidroeléctricas, Islandia produce el 100% de su electricidad de fuentes renovables. No conforme con ello, y para combatir el frío de un país que comparte aguas con Groenlandia, utilizan el agua de la tierra para mantener las albercas públicas calientes. De hecho, todos los pueblos, sin importar su tamaño, deben tener una alberca pública; “si eres un pueblo islandés y no tienes una alberca pública, mejor no existas”.[1] Un ejemplo de estas albercas es la Laguna Azul –la principal atracción turística de Reikiavik-, que utiliza agua caliente de la planta de energía geotérmica de Svartsengi. A su vez, la planta geotérmica se abastece del agua del subsuelo que es calentada por una corriente de lava.

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Laguna Azul (Bláa lónið)

A pesar de generar estos avances en materia de energía, Islandia, como todo micro estado, sigue siendo una economía concentrada y muy vulnerable a lo que pasa en el resto del mundo. Para mitigarlo, a partir de la crisis financiera de 2008, el gobierno islandés ha impulsado el turismo como una fuente importante de reservas internacionales. Una vez más, los islandeses han aprovechado los recursos naturales atípicos, en esta ocasión los han convertido en moneda de cambio de atracción turística.

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Reynisfjara

Estoy convencido que Islandia se convertirá en uno de los destinos más visitados en el futuro –ya recibe más de un millón de turistas al año, más de tres veces su población. Existe una carretera que permite darle la vuelta a la isla (creativamente, “carretera número 1”) pasando por un sinnúmero de cascadas, playas de arena negra con formaciones de columnas basálticas, el glaciar fuera de los polos más grande del mundo, los fiordos, géiseres (chorros de agua que salen a presión cada seis minutos por el calor del suelo), cráteres y montañas.

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Jokülsárlón

La magnitud de las atracciones naturales es tan grande, que la exclusión de éstas se antoja imposible sin poner en riesgo su propia existencia. Por lo tanto, han ejecutado un cambio de paradigma, en donde no se cobra una sola corona islandesa por entrar a cualquiera de los parques nacionales. Además, la regulación del turismo no es paternalista. Es decir, no está concebida en el entendimiento del “Big Brother is watching you”; los límites son establecidos por el sentido común –aunque Saramago admitía que era el menos común de los sentidos–, y no por un guardia de colores fosforescentes que te prohíba acercarte a la cascada porque te vas a caer. Los islandeses no tienen la psicosis colectiva de demandas por la falta de cuidado (i.e. duty of care) que se tiene en Estados Unidos, y un letrero con una persona cayéndose de un barranco es toda la seguridad que necesitan.

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Gulfoss

Finalmente, el turista tiene la oportunidad de descubrir Islandia con un alto grado de aventura, sin tener que preocuparse por la pronunciación del volcán Eyjafjallajökull –las cenizas de su explosión inhabilitaron el espacio aéreo europeo por cinco días en 2010–, porque los islandeses, consientes de vivir en un micro estado, han hecho un esfuerzo enorme por hablar inglés.

Un país geológicamente joven, músicos con una presencia internacional creciente (e.g. Bjork, Sigur Ros y Of Monsters and Men), una industria turística pujante, y un gobierno que recientemente tomó posesión –el último Primer Ministro renunció después de protestas por escándalos revelados en los Panama Papers–, serán los elementos del nuevo experimento del micro estado en el norte del Atlántico. Estoy seguro que será exitoso.

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[1] Kois, D. “Iceland’s Water Cure”, The New York Times. (19 de abril 2016).

Escrito por InteIndep

2 Comentarios

  1. Angélica Breña 27 junio, 2016 en 12:32 pm

    Excelente análisis por su buen respaldo de información. Tu apreciación y radiografía me invitan a ir a ese lugar, maravilloso y prometedor. Felicidades!!

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  2. He estado ahí y me parece una muy atinada reseña de ese bellísimo país.

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