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Por: Andrés Gómez L. – @a_gomezl

Hace un par de meses leí en esta página un artículo acerca de novelas gráficas y decidí darles una oportunidad. Empecé con Maus, la historia del padre del autor y cómo logra sobrevivir al Holocausto Nazi. Después leí Persépolis, una novela gráfica que se volvió aún más famosa después de convertirse en película animada y haber estado nominada a un Óscar y a un Golden Globe.

Persépolis cuenta la historia de Marjane, o Marji, quien es, al principio de la novela, una niña iraní que pertenece a una familia liberal de clase alta durante la Revolución Islámica; la guerra culmina con la instauración de un régimen teocrático en el país y después en la guerra entre Irán e Iraq. Marji narra como pasó de ir a una escuela francesa, laica y mixta a tener que usar un velo y agradecer en horario escolar a los mártires de la guerra pues, con su sacrificio, “inyectaban sangre a las venas de la sociedad”. La guerra escala y sus padres la exilian a Austria, donde pasa gran parte de su adolescencia. Regresa a Irán tiempo después, y se encuentra con que las cosas han empeorado.

Si bien la historia es cautivante y la ilustración impecable, ninguna de las dos fue lo que me motivó a dedicar este espacio a la novela. Marji vio a su país regresar a la Edad Media en un par de años y perdió libertades tan básicas y triviales cómo usar tennis o mostrar el pelo en público, y todo porque el grupo en el poder silenció a sus críticos (los encerró, exilió o mató) y supo infundir miedo en su gente. Sus nuevos líderes se dieron cuenta que sólo el nacionalismo y la religión podían unir a un pueblo sin educación. Irán adoptó ideas fundamentalistas que no permitían cuestionamientos.

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Algo parecido empieza a suceder en Occidente. Francia voltea cada vez más a la extrema derecha de Marine Le Pen. Estados Unidos se deja seducir por Donald Trump y su irracionalidad llena de enojo. Hungría es gobernada por Viktor Orbán y convertida en un “estado iliberal”. Austria estuvo a 31,000 votos de tener al primer presidente de extrema derecha en Europa Occidental desde la Segunda Guerra Mundial. El discurso fanático hoy en el Hemisferio no es religioso, sino secular, racial y cultural. Tras no encontrar una mejor justificación a sus malestares (sean económicos, sociales o personales), la gente sigue ciegamente a líderes que culpan al desconocido. Al sirio. Al libio. Al mexicano. Los líderes no tienen que hacer mucho más que encender un cerillo y la nación se incendia. El miedo es la gasolina y para obtener la seguridad prometida, a cambio los ciudadanos entregan libertades.

Todo esto pasa al mismo tiempo que el mundo, particularmente Europa, pero también ciertas partes de África y Asia, vive la oleada migratoria más grande desde la Segunda Guerra Mundial, causada por guerras civiles en el mundo árabe de las cuales Occidente es por lo menos parcialmente responsable (por el trazo de fronteras después de la caída del Imperio Otomano tras la Primera Guerra Mundial, la creación del Estado de Israel, las intervenciones en Kuwait, Afganistán, Irak, etc.). Europa comienza a cerrar sus puertas a aquellos que lo dejaron todo atrás, y el Reino Unido votará si sale de la Unión Europea en Junio, siendo la principal causa de preocupación de permanecer la crisis migratoria.

Muchas veces damos por sentado las libertades que otros han conquistado por nosotros. Basta ver cómo hemos dejado que nuestros gobiernos vigilen lo que hacemos en aras de la seguridad. Perdamos el miedo y defendamos nuestro derecho a ser distintos, defendamos la libertad de criticar aquellas políticas con las que no estamos de acuerdo y cuestionemos a nuestros líderes y el camino por el que nos llevan. Siguiendo ideologías sordas nos va a ir muy mal, muy rápido. Marjane Satrapi lo sabe:

 

El régimen había comprendido que si una persona salía de la casa pensando…

“¿El pantalón es bastante largo?”

“¿Llevo el velo bien puesto?”

“¿Se me ve el maquillaje?”

“¿Me darán latigazos?”

Ya no se preguntaba…

“¿Dónde esta mi libertad de pensamiento?”

“¿Dónde esta mi libertad de expresión?”

“Mi vida, ¿es soportable?”

“¿Qué sucede en las prisiones políticas?”

¡Normal! Cuando se tiene miedo, se pierde la capacidad de análisis y de reflexión. Nuestro pavor nos paraliza. Por eso el miedo ha sido siempre el motor de represión de todas las dictaduras.

Imágenes:

8_AndresGomez

Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. Me ha gustado el articulo.Muchas gracias

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