boom

Por: Ernesto Gómez – @EGH7
Imagen: lanuevaespana.es

El 17 de abril de este año se cumplió el segundo aniversario de la muerte de Gabriel García Márquez, uno de los últimos representantes del movimiento llamado “Boom Latinoamericano”. Es triste pensar que ahora tan sólo permanecen vivos unos cuantos de aquella edad de oro para la literatura de nuestro continente, siendo Mario Vargas Llosa el más notable de éstos.

Así como Ernest Hemingway habló de que “París era una fiesta” en la recopilación póstuma de sus memorias de la gran generación de escritores y artistas de todo tipo que se encontraron y crearon obras maravillosas en esta ciudad durante los años veinte, también París ofreció un escenario maravilloso para los pensadores latinoamericanos que emigraron a la capital francesa para coincidir y alimentarse de las ideas que podían compartirse unos a otros.

Vargas Llosa siempre soñó con vivir en esta ciudad, tomando inspiración de su ídolo William Faulkner, quien coincidió y rivalizó con Hemingway en París. Faulkner también sirvió de ejemplo para el mismo García Márquez. Pablo Neruda también vivió en París cuando era embajador de Chile en Francia y, según cuenta Carlos Fuentes, se reunía con el presidente Georges Pompidou a tener supuestas pláticas de política que eran más bien largas conversaciones sobre la poesía de Baudelaire. Todos se volvieron amigos, como es natural cuando mentes tan fantásticas se encuentran.

Esta ciudad ofreció el lugar de encuentro para todos estos prodigios de la literatura a los que también se les agrega Julio Cortázar, quien nunca dejó la Ciudad Luz y está enterrado a la fecha en el cementerio de Montparnasse, cerca de las calles por las que paseaban Julio y la Maga en “Rayuela”. El mismo presidente François Mitterrand, buen amigo de Neruda y de García Márquez, los invitó a uno de sus primeros actos de Estado en 1981: otorgar la nacionalidad francesa a Julio Cortázar y al filósofo checo Milan Kundera.

Kundera, aún si no era latino, también entabló amistad con el grupo. Incluso recuerda Carlos Fuentes de la vez que viajaron juntos en el tren de París a Praga en 1968 y de cómo Kundera los llevó al río Moldava y los aventó encuerados; saliendo de las aguas heladas Gabo volteó a ver a Carlos y le dijo “por un instante, pensé que íbamos a morir juntos en las tierras de Kafka”.

No sería así, morirían ambos en la misma ciudad, que también fue una fiesta: la Ciudad de México. El otrora Distrito Federal fue también un punto de encuentro para los intelectuales de esta generación. Lo era desde los tiempos de Diego, Frida y Trotsky, lo fue también para Jack Kerouac y William Borroughs hasta que en los sesenta llegó García Márquez al foco cultural de América Latina donde se encontraría por primera vez con Carlos Fuentes y con “Pedro Páramo”.

Fue en la Ciudad de México donde el puño de Vargas Llosa fue a parar en el ojo de Gabriel García Márquez la noche del estreno de “Odisea en los Andes”. Aquí mismo nació la rivalidad estilística entre Roberto Bolaño y Octavio Paz. Carlos Fuentes se veía con frecuencia con el Gabo en el D.F. y a esta ciudad le dedicó una de sus obras más notorias, “La Región Más Transparente”. Fuentes también fue gran amigo de Octavio Paz con quien compartió una correspondencia de más de mil cartas a lo largo de tres décadas. Grandioso imaginar a dos de los más notables escritores mexicanos compartiendo ideas mientras tomaban un café.

Así se dio esta generación como se han dado otras a lo largo de la historia cuando se conjugan grandes mentes que se empujan las unas a las otras a ser mejores. Probablemente García Márquez no hubiese sido lo que fue sin Cortázar y viceversa, los mismo para el resto de los autores de esa época. La existencia de unos impulsaba a los otros, las obras que iban publicando los llenaban de nuevas ideas que además tenían el privilegio de discutir entre ellos por ser amigos y contemporáneos como lo fueron Sócrates y Platón, Scott Fitzgerald y Ernest Hemingway y hasta el mismo Mick Jagger con John Lennon si de música se trata.

Seis Premios Nobel de la Literatura nos dejó esta generación: Miguel Ángel Asturias, Gabriela Mistral, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. Además de dos autores cuya ausencia entre estos laureados demerita más a la Academia Sueca que a ellos: Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. De estos ocho artistas, sólo Vargas Llosa nos queda vivo y, por fortuna, todavía publicando. Pronto no quedarán más que libros de esta gran fiesta que fue.

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Escrito por InteIndep

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