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Por: Sofía Bosch – @sboschg

El malestar laboral es algo que muchos empleados han experimentado en su día a día. Muchas veces como trabajador se está acostumbrado a ser perseverante y soportar lo que sea con tal de retener el puesto o subir en el escalafón de la organización. Dentro del Gobierno de la Ciudad de México esto es algo que se ve con regularidad en las diferentes Secretarías: horarios extenuantes, cantidades interminables de trabajo, mucho estrés y la percepción de que la remuneración no es competitiva (pese a que en el ámbito del diseño el Gobierno es el que mejores sueldos paga). Estas circunstancias se ven repetidas en el sector privado. Los trabajadores de las industrias creativas (diseñadores, artistas, cineastas, arquitectos, etc.) son los que más sufren en los ámbitos laborales tradicionales. Los sueldos son mucho menores que los ganados en otras disciplinas, además de que muchos de sus ingresos se reciben en un formato informal de freelance o pago por honorarios. Los agentes de las industrias creativas tienen que lidiar constantemente con la precariedad del trabajo, no contar con prestaciones, no estar asegurados, tampoco contar con un fondo para el retiro, pagos irregulares y la falta de contratos. Esto genera un estrés acumulado que no ayuda a las condiciones laborales. La Organización Mundial de la Salud considera el estrés laboral como una epidemia global que puede generar alteración del estado de salud, ausentismo, disminución de la productividad además del aumento de accidentes dentro y fuera del trabajo[1].

Aunado a esto, existe la percepción de que las industrias creativas generan un activo estético pero no necesario y obligatorio. Se considera un plus que se puede añadir al final de un proceso pero que en realidad es algo que “cualquiera con buen gusto podría hacer”. Esta percepción está basada en el hecho de que el diseño o las artes son cuestiones subjetivas a la complacencia estética, y aunque en algunas disciplinas los desenlaces sí son del tipo contemplativo (como la pintura o la escultura), en el diseño no. El diseño tiene toda una serie de bases teóricas además de técnicas que sustentan las decisiones que se toman.

Las licenciaturas en diseño toman generalmente 4 años en cursar. Sumado al tiempo invertido en aprender la profesión, un diseñador tiene que invertir en programas de diseño, su costo ronda los 20 mil pesos, y una computadora que soporte los programas, la cual se puede adquirir en un intervalo de 20 mil y 40 mil pesos. Esta inversión se hace pensando que una vez entrando al mercado laboral se recuperará, pero muchas veces se vuelve muy difícil.

Según la última Encuesta Nacional de Salarios de Diseño hecha por la revista a! Diseño en 2013[2], el 76% de los diseñadores recién egresados de la universidad reciben un sueldo de menos de $7,500 pesos, el 78% considera que “le gusta su trabajo aunque el salario no es tan bueno”. Únicamente 15% de los diseñadores con una posición senior, considerada con 7 años de experiencia en la industria, ganan entre 15 y 20 mil pesos mensuales. El resto de los diseñadores senior tienen un sueldo menor a los 15 mil pesos.

Se tiene que considerar que el diseñador no únicamente tiene que lidiar con costos muy altos de infraestructura para trabajar, pero con experiencias laborales que generan estrés y precariedad. Su punto de partida laboral está mermado y en desventaja en comparación con otras carreras que por su esencia no tienen que lidiar con salarios bajos y el menosprecio de la profesión, como por ejemplo disciplinas ligadas a las finanzas o el manejo económico. Es urgente que se regulen las condiciones de trabajo de los agentes creativos. El outsourcing rapaz con el que muchas empresas e instituciones gubernamentales operan promueve todos estos focos de estrés, que finalmente sí tienen repercusiones en las vidas de muchos trabajadores.

Cinco recomendaciones puntuales para evitar la inestabilidad económica y el estrés:

  1. Seguro médico. Siempre es mejor estar protegido y muchas veces se dejan estos gastos al final y no se hacen. Ya sea un seguro público o privado es algo que se necesita.
  2. Afore: es importante pensar a largo plazo. Se necesita de un fondo para el retiro ya que con la precariedad y obsolescencia de la profesión es importante estar protegido para esa edad en donde ya no podamos ejercer.
  3. Una cuenta de ahorro: los agentes creativos muchas veces reciben pagos con retraso y de manera informal. Evita malos ratos teniendo un colchón económico con el que puedas contar en casos de crisis.
  4. Evita endeudarte: los préstamos son muy benéficos para ciertos sectores laborales, pero en las industrias creativas sobretodo las que se manejan por medio del freelance mantener una entrada de dinero fija y constante es difícil. Evita el estrés y la gastritis que las deudas te pueden provocar. Mejor ahorra y poco a poco ve haciendo adquisiciones que estén dentro de tus parámetros económicos.
  5. No te comprometas a trabajar más de lo que eres realmente capaz de producir. Los malos hábitos alimenticios y de sueño generados por el trabajo excesivo pueden afectar tu ritmo de vida profundamente y hasta provocar un colapso físico y mental.

 

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Foto principal de: http://designbuddy.com/how-self-employed-graphic-designers-can-avoid-burnout

[1] World Health Organization, (2006). Visitado el 25 de abril 2016. http://www.who.int/mental_health/prevention/suicide/resource_work_spanish.pdf

[2] a! Diseño, (2013). Visitado el 25 de abril 2016.

http://disenografia.tonytacacci.com/2013/07/sueldos-de-disenadores-2013/

Escrito por InteIndep

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