La-creación-de-Adán-de-Miguel-Ángel

“La Creación de Adán”, Miguel Ángel Buonarotti (1511). Capilla Sixtina, Ciudad del Vaticano, Roma.

Por: Gabriela Gómez – @GabrielaSGH

En el principio, Dios creó el cielo y la tierra, y los llenó de luz. Creó a los animales del agua y de la tierra y a las flores y a los árboles y a las montañas, y, le dio a cada uno su lugar. La belleza de su creación le sorprendió y se sintió orgulloso.

El Creador, un ser vanidoso, sentía un pequeño vacío, no le bastaba ser el único que pudiera contemplar su gran obra. Entonces, le surgió la idea de crear una nueva especie, a su imagen y semejanza, para que la contemplara junto a él; tomó una pequeña parte de sí y una pequeña parte de tierra y engendró al hombre, lo llamó Adán.

La perfección de este nuevo ser volvió a elevar el orgullo de Dios y quiso que se perpetuara. Pero Dios, ya estaba cansado, así que simplemente tomó del hombre una costilla y así creó a la mujer, la llamó Eva.

Ahora, juntos, ante los ojos de Dios, el hombre y la mujer, podrían disfrutar del paraíso.

Dios pasaba el tiempo observando su creación; Adán, al ser a imagen y semejanza del Señor, pasaba los días en paz y armonía, alabándolo. Eva, paseaba por los jardines, y tomaba turnos para echarse debajo de los árboles del Edén y examinar sus grandes ramas. Dios la observaba, le parecía que siempre estaba buscando algo. Notaba que había algo en su mirada que Él no conocía y que no había visto antes: duda, inquietud.

Eva conocía a todas las creaturas del paraíso y le gustaba conversar con ellas, en especial con la serpiente, que era tan inteligente.

En uno de sus paseos, se echó debajo del árbol de la serpiente y sin preámbulo le preguntó—¿Por qué estamos aquí?

La serpiente perdió el equilibrio y cayó del árbol, estupefacta, miró a Eva con ojos intensos y sorprendidos—¡Qué pregunta mujer! Somos las creaturas del señor—. Eva desvió la mirada hacia el cielo, siempre claro, en pensativo silencio. Después de unos minutos, habló.

— Si tomo de ese árbol del huerto, del que sólo Él come, ¿sabré?
— Eva, Él ha prohibido comer de ese árbol
— Tal vez es porque no quiere que nos vayamos
— ¿Irte? ¿A dónde? Ésta es la creación de Dios

Eva no respondió más; la serpiente notó sus ojos se enrojecían. Se preguntó por qué sería eso.

AdanEva tomando del fruto prohibido

“Adán y Eva”, Lucas Cranach (1520-1525). Museo Soumaya, México.

Adán nunca había probado cosa igual, era tan delicioso que sentía un hormigueo en su paladar. Eva, lo observaba en silencio, con una mirada pícara que Adán reconoció—Eva, ¿es ésta la fruta del árbol prohibido?—preguntó temeroso. Eva, callaba.

—¿Eva qué has hecho? ¡Él lo prohibió! ¡Nos va echar de aquí!
—Pues nos vamos.
—¿A dónde iremos? ¡¿Eva, es que has perdido la paz?!
—Adán, yo nunca la he tenido.

La voz de Dios se escuchó por todo el Paraíso, furiosa. Demandaba saber quién había osado tomar del árbol prohibido. En realidad, ya lo sabía, pero guardaba una pequeña esperanza de que las cosas fueran diferentes…

Las creaturas del paraíso se escondieron temiendo la furia de Dios. Adán se escondió, temiendo la furia de Dios. Eva vio el miedo en los ojos de Adán y no pudo soportarlo—¡Fui yo!—gritó Eva—la serpiente me engañó para que tomara del fruto y lo compartiera con el hombre—.

Antes de poder decir una palabra, Dios condenó a la serpiente a arrastrase por la tierra y en lugar de una lengua parlante le otorgó una lengua larga y partida por la mitad, para marcarla por su engaño. La serpiente maldijo a Eva y a toda su estirpe y juró perseguirlos hasta el fin de los tiempos para vengarse por su traición.

Adan y Eva rogando perdon

“Adán y Eva expulsados del Paraíso”, Charles-Joseph Natoire (1740). Museo MOMA, Nueva York.

Adán rogó a Dios su perdón, por él y por la mujer, pero Dios, ciego de furia, los expulsó del paraíso y los maldijo con el trabajo y la lucha por sobrevivir.

Cuando el Señor se quedó sólo, con la calma y el silencio del Paraíso, sosegada su furia, lo entendió todo: la mujer no había sido creada a su imagen y semejanza, sólo una costilla del hombre le dio la vida, estaba incompleta. Siempre estaría insatisfecha, ella y sus descendientes, hombres y mujeres. Dios se dio cuenta de su error, Él, todo poderoso, perfección absoluta, se había equivocado en su creación. Sintió una terrible desesperación y quiso esconder su dolor: tomó su manto y lo echó sobre el firmamento, oscureciendo la tierra por primera vez. Y decidió que los días ya no estarían solos, que los acompañaría la noche, para nunca olvidar su error.

Adán y Eva salieron del paraíso, temerosos y se encontraron con que no podían ver más adelante, con que el cielo tronaba, y rayos de fuego salían de él. Sintieron miedo, no conocían la obscuridad. Adán cayó de rodillas, sintiendo el dolor de su amado creador y lloró por Él, y le reiteró su arrepentimiento y juró alabarlo hasta el fin de sus días y juró hablarle a sus hijos de Él, y enseñarles a alabarlo y a apreciar su creación.

Dios escuchó el lamento y las promesas de Adán y se conmovió, y para mostrarles que aún los amaba y que esperaba sus alabanzas, tomó un puñado de polvo blanco del paraíso y lo esparció sobre la noche, dándole brillo.

Adán y Eva miraron hacia el cielo y se tomaron de la mano. Eva, por primera vez, sonreía, y en la noche estrellada, se sintió feliz.

9_GabrielaGomez

Escrito por InteIndep

2 Comentarios

  1. Felicidades a la autora. Buen cuento; se disfruta.

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  2. Me gustó mucho, mantuvo mi interés y está escrito de manera ágil. Muy bueno

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