Tenement

Por: Angélica Creixell – @angecreixell

La palabra tenement en inglés se traduce vagamente como “vivienda.” No obstante, mencionar esta palabra con cualquier residente de la ciudad de Nueva York genera reacciones. Es una palabra cargada de historia y a su vez, detona la historia particular de cada grupo de inmigrantes que llegó a la Ciudad de Nueva York de 1860 a 1940, aproximadamente. Para efectos prácticos, un tenement es un edificio de departamentos sobrepoblados, en una zona de pobreza dentro de la ciudad con derechos de propiedad escuetos. En este caso, escribo sobre los tenements de la parte sureste de Manhattan, en el famoso barrio de moda, Lower East Side.

Los tenements fueron construidos para la ola de inmigrantes que llegó a la ciudad incluso antes de que existiera Ellis Island. En esas épocas, no había leyes que regularan la distribución dentro de un departamento, las salidas de emergencia, la ventilación requerida, ni el número de pisos permitidos (fue hasta el New York State Tenement House Act de 1901 donde se estipularon las medidas mínimas de una vivienda digna). Los inquilinos vivían en situaciones casi precarias que los forzó a buscar alternativas para crear un hogar. Al no tener lugares de convivencia dentro de sus departamentos, optaban por visitar el bar o taberna local, y pasar las tardes con toda la familia, sin importar la presencia de niños en tales ambientes. De esta manera, creaban vínculos entre vecinos y, a pesar de la mezcla de culturas y religiones que convivían en el tenement, creaban una comunidad alternativa.

El Tenement Museum surge a través de la inquietud de contar las historias de estas comunidades alternativas. Los fundadores del museo compraron el tenement número 97 en la calle de Orchard y por años investigaron la vida de cada uno de los inquilinos. No sólo buscaron información dentro de los contratos de arrendamiento y otros papeles legales, sino que realmente investigaron el día a día de cada familia: rastrearon a descendientes cercanos y platicaron con los vecinos más ancianos de la cuadra. La misión del museo es recuperar la esencia del edificio y tan sólo con recorrer los pasillos, se revive la historia de cada familia que vivió ahí. No es posible visitar el museo sin tour y no creen en las audio guías para involucrar a las visitas con las realidades de cada familia y las interacciones entre ellas. Un ejemplo que resalta, es aquel de una familia china que prendían las velas de sus vecinos judíos durante Sabbat. Y, como esta historia de culturas colapsadas a 30 metros cuadrados, hay miles más.

Visité el museo con compañeros de la maestría, todos interesados en política urbana, casualmente la mayoría latinoamericanos. En la discusión sobre la visita, una compañera destacó un dato que me pareció el más interesante—es un museo sobre las mujeres. Eran ellas las que habitaban el tenement durante el día. Eran ellas las que batallaban con el espacio, con una cocina minúscula y seis niños a quien entretener y alimentar. El museo es indirectamente un reconocimiento a todas ellas que sobrevivieron y contaron una historia más de inmigrantes en Estados Unidos.

Las mujeres y los tenements generan el valor del museo. Una idea que reconstruye historias en las paredes de aquellos departamentos y da vida a un conjunto de edificios. Al final me pregunté, ¿en qué edificio en la Ciudad de México no se antoja hacer algo así? ¿Qué edificio del Centro Histórico no tendrá una historia tan interesante que contar?

6_AngelicaCreixell

 

Escrito por InteIndep

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