Final US 94

Por: Uriel Gordon  – @Urielo_
Imagen: http://www.bbc.com/sport/football/26931123

“Antes de que me fuera a las finales, mi maestro budista espiritual me dijo que enfrentaría muchos problemas y quF´e todo, se decidiría en el último minuto. En ese momento, no me di cuenta que su predicción sería muy precisa”.

Roberto Baggio en su autobiografía Una Porta Nel Cielo-

Pasadena California, 17 de julio de 1994.- Las banderas ondean; los gritos, aplausos y suspiros dictan la tónica del ambiente. Llegó la hora de la verdad, el momento para definir al campeón del mundo: Brasil e Italia se juegan el todo por el todo en la tanda de penales. El torneo, de pronto, se reduce a un instante; tras el gol de Dunga, la Verde Amarela se coloca 3-2 arriba en el marcador; Italia está en desventaja; otro tiro fallido y el viaje habrá terminado. No obstante, si hay alguien que puede mantener con vida a la Squadra Azzurra es el delantero Roberto Baggio, la estrella de la selección italiana, el ganador del Balón de Oro de 1993. Había hecho una gran papel en el Mundial; todo indica que está destinado a ponerse la camiseta de héroe para salvar a su equipo y hacerlo respirar.

Es un momento complicado; la multitud en el Estadio Rose Bowl está vuelta loca; los ruidos son ensordecedores; la presión está sobre Baggio. ¿Qué pensamientos estarán pasando por su cabeza? Con decisión y nerviosismo, agarra la pelota y la coloca en el manchón penal; toma vuelo y se prepara para ejecutar. El mundo lo observa; es la primera final en la historia de las Copas Mundiales que se decide en penales. Baggio entra a otra dimensión del tiempo; los instantes que vivirá lo marcarán para siempre. Se encuentra en el limbo del futbol: sabe que si mete el gol, su equipo tendrá chance de seguir volando; si falla, el sueño se romperá: todo se irá por la borda y la realidad se convertirá en su peor pesadilla.

Suena el silbatazo del árbitro y el número 10 del equipo italiano, comienza a trotar hacia el balón; para el espectador los pasos se ven acelerados; él, tal vez, los percibe como una eternidad. Está a punto de hacer contacto con la pelota y vemos que el portero de Brasil, Claudio Taffarel, instintivamente, se vence hacia el lado izquierdo, buscando adivinar la trayectoria. La pelota sale disparada con fuerza, pero vuela; sobrepasa la altura del travesaño y va dirigida hacia la tribuna. Brasil es campeón del mundo; el estadio se vuelve una samba; los jugadores brasileiros celebran. Baggio agacha la cabeza: Italia pierde la final del Mundial Estados Unidos 1994.

Cuando un partido se define en penales, se dice que es un volado. En cualquier momento, la presión y la suerte pueden inclinarse para cualquier lado de la balanza. En Estados Unidos 94, vimos que el péndulo de la presión jugó a favor de Brasil; vimos a uno de los mejores jugadores del mundo literalmente, volar un penal en el momento más definitorio de su carrera. ¿Qué sucedió?

Cuando llegué al manchón penal, me sentía bastante lúcido; lo más que uno puede estar en ese tipo de situación. Sabía que Taffarel siempre se aventaba, así que decidí tirar hacia el centro, arriba de la media altura para que no pudiera detener el balón con sus pies. Fue un decisión inteligente (…) Desafortunadamente, y no sé cómo, la pelota se elevó tres metros y voló sobre el travesaño (…) Fallé en ese momento; punto. Me ha afectado por años. Es el peor momento de mi carrera; todavía sueño con eso. Si pudiera borrar un momento de mi carrera, ese sería”, recordó Baggio en su autobiografía.

No se trata de juzgar a Baggio, a un jugador de entonces 27 años que no pudo soportar la presión. Los dioses del futbol no existen: el deporte lo juegan finalmente humanos que están llenos de emociones; en cualquier momento, la confianza se puede transformar en miedo; los aciertos y los errores forman parte de nuestra naturaleza. Por supuesto, se dieron muchos factores que detonaron el error de Baggio, pero podemos asumir que internamente la mente le jugó chueco: perdió concentración y voló el balón.

Ante este tipo de situaciones, el escritor del portal Slate, Stefan Fatsis, quien también es autor del libro A Few Seconds of Panic: A Sportswriter Plays in the NFL planteó, en entrevista con businessindiser.com, que el truco para vencer el pánico es encontrar una manera de aislar nuestra mente y de enfocarnos en la tarea que debemos realizar.

“Hablas con psicólogos del deporte y ellos te dicen que todos los grandes atletas hacen esto: tienen un lugar a donde se van y se enfocan; tienen una frase que repiten constantemente para hallar un camino para bloquear la presión y enfocarse en la tarea que han hecho millones de veces antes”, dice Fatsis.

Suena fácil escapar de la presión pero, sin duda, bloquearla es una tarea complicada; a todos nos puede traicionar la mente en los momentos definitorios, que son los que, a veces, definen la gloria o la derrota en los capítulos de nuestras vidas. Hoy recordamos a Roberto Baggio como uno de los grandes del futbol, pero también lo recordamos injustamente, como el jugador que llevó a Italia a la derrota, cuando el futbol claramente es un deporte que se gana o se pierde en equipo.

Los hechos deben ser juzgados en su respectiva proporción y otra vez, “errar” es humano. Si nos llega a suceder una situación similar a la de Baggio, ojalá aprendamos de ella y actuemos con madurez, sin perder la cabeza. Este tipo de madurez es la que se esperaba que mostrara el Jugador Más Valioso de la NFL al perder el Super Bowl 50, Cam Newton. Sin embargo, la frustración se apoderó de él. Esto fue lo que sucedió:

Faltan 4:16 minutos para que acabe el partido. Carolina pierde por seis puntos. Sin duda, no ha sido un juego fácil. El quarterback de las Panteras de Carolina, Cam Newton, ha sido golpeado constantemente; tuvo una temporada de ensueño, pero la defensiva de los Broncos de Denver lo ha opacado y no ha podido demostrar por qué le otorgaron el premio al Jugador Más Valioso de la liga. No obstante, todavía hay tiempo y Carolina está a un touchdown; el equipo se encuentra en la yarda 23 de su campo; es tercera oportunidad y nueve yardas por avanzar. Cam saca el balón; es jugada de pase; Newton está a punto de lanzarlo, pero llega el defensivo Von Miller, el verdugo que lo ha perseguido toda la noche; le arranca la pelota; es balón suelto. Denver lo recupera y se pone en posición de anotar; touchdown: los Broncos ahora se colocan 14 puntos arriba. Prácticamente ya no hay tiempo; Cam lo sabe. Desde la banca, mira con ojos de impotencia lo que sucede. Momentos después, lo vemos haciendo berrinche y dando de pataletas en el pasto. Carolina pierde el partido.

Llega la conferencia de prensa y Cam enfrenta a los medios. Con arrogancia y frustración, les dice que su equipo volverá al Super Bowl. Las preguntas siguen y él trae la cabeza agachada; mira poco a los reporteros, trae una mirada pérdida: uno de los hombres más carismáticos de la NFL está totalmente apagado. Viene otra pregunta; no aguanta, suspira, se levanta y abandona la conferencia de prensa. La prensa se queda incrédula.

Al respecto, Deion Sanders, comentarista de NFL Network y miembro del Salón de la Fama, criticó de forma atinada, la actitud infantil de Cam: la gravedad de no saber lidiar con el fracaso.

“Tú (Cam) eres la cara de nuestra marca en este momento. No puedes hacer esto (…) Entiendo las emociones que se desatan al perder, pero no puedes hacer esto. Un (Peyton) Manning, un (Tom) Brady… todos estos hombres, que son el prototipo de un mariscal de campo en nuestro juego, nunca van hacer esto (…) Te abres para que te critiquen más”, dijo Sanders al respecto.

Aunque no es nuestro papel juzgar a Cam y ponerlo en el banco de los acusados, hay que tener siempre en mente que nuestra actitud ante la derrota, también dice mucho: perdió la cabeza, fue presa del juego mental del fracaso y en ese momento, no supo salir con la dignidad que se esperaba de alguien de la talla de él, del Jugador Más Valioso de la Liga.

Ante las experiencias de Baggio y Cam, nos queda recordar que podemos ganar nuestros propios juegos mentales: superar el fracaso con madurez, vencer el pánico cuando nuestra mente y cuerpo se conectan plenamente, en paz y con sintonía, en el momento que nos toca vivir. No nos dejemos convertir en presas de esos juegos mentales que transforman los momentos clave en pesadillas que nos cazan y nos persiguen en nuestros sueños. Por supuesto, no es una tarea fácil. Ojalá Cam haya sacado una lección de vida sobre su derrota; ojalá Baggio con su madurez y perspectiva duerma hoy, después de más de veinte años, más tranquilo.

11_UrielGordon

Escrito por InteIndep

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