trump-clinton

Por: Mario Campa – @mario_campa / @latampm

La jornada electoral en los Estados Unidos transcurrió sin grandes sobresaltos. Donald Trump confirmó que es el amplio puntero del partido republicano, apuntándose victorias en siete de los once estados en disputa; Ted Cruz consiguió aquello que necesitaba para continuar—Texas—y de paso triunfó en Oklahoma y Alaska; Marco Rubio hizo lo propio en Minnesota: su primera victoria desde el arranque de la contienda interna; John Kasich y Ben Carson se fueron con las manos vacías y la presión crece para que abandonen la carrera. Y en la otra trinchera, Hillary Clinton ganó la mayoría de los estados en disputa—siete de los once, incluyendo Texas—y Bernie Sanders se alzó en cuatro: suficiente para atizar la flama de la esperanza.

La Tabla 1 muestra el estado actual de las elecciones internas. Hillary Clinton amplía su margen de ventaja sobre Bernie Sanders a 630 delegados y ya alcanza el 42% del umbral necesario (2,383 delegados) para lograr la nominación del partido demócrata. Por su parte, Donald Trump tiene apenas el 23% del umbral necesario (1,237 delegados) para erigirse como candidato republicano, aunque el nutrido número de contendientes subestima la ventaja de 10 puntos porcentuales sobre su más cercano perseguidor: Ted Cruz, quien alcanza el 13% del umbral. La fuga de Clinton y Trump es significativa. Pero más allá de que ambos se consolidan como favoritos para ganar sus respectivas elecciones primarias, ¿qué conclusiones podemos extraer del Supermartes?

conteo delegados

  • Crece la correlación Clinton-Trump: Hillary y Donald suben de la mano. Las encuestas cara-a-cara revelan que un amplio porcentaje del electorado demócrata vota por Clinton por ser ésta la opción viable para vencer al partido republicano en noviembre y dar continuidad a las políticas de Barack Obama. Al radicalizarse el discurso de Trump y ganar éste portadas y popularidad, el costo de experimentar con el voto (i.e., apoyando a Sanders) se eleva. Mientras más atención capta Trump, más también responde Clinton, lo cual refuerza la ventaja de ambos. Lo vimos ayer con sus respectivas victorias.
  • Bernie Sanders ha perdido momentum: su apuesta final es el Medio Oeste Industrial. Las campañas negativas de Clinton contra Sanders, la consolidación de Trump y los resultados de las elecciones primarias han dañado en las últimas semanas a Bernie. Hillary también ha movido su discurso a la izquierda del espectro ideológico y ha reafirmado su defensa de las políticas del presidente, lo cual ha cortado el ascenso vertiginoso de Sanders. Con más de 544 “superdelegados” a su favor sumados al resultado del Supermartes, Clinton se encarrila a ganar la candidatura demócrata. La última prueba es el Medio Oeste industrial americano, donde Sanders puede encontrar mayor apoyo al ser la clase obrera más numerosa (y más blanca) que en los estados del sur. Si Bernie no gana la gran mayoría de estos estados, perderá la elección interna por amplio margen.
  • John Kasich y Ben Carson, los grandes perdedores: deben declinar pronto. Se dijo desde un principio que el excesivo número de candidatos premiaba la radicalización del discurso como mecanismo distintivo ante el electorado. Kasich y Carson no han logrado resonar entre el votante republicano, y su permanencia en la contienda allana la victoria de Trump. Ellos lo saben y deben de estar evaluando la conveniencia de seguir. Las donaciones caerán producto de sus malos resultados durante el Supermartes. La pregunta es cuándo declinarán y si apoyarán a otro candidato. Rumores (de CNN) apuntan que le han ofrecido a Ben Carson una senaduría en Florida para declinar en favor de uno de los candidatos del establecimiento. (Huele a una estrategia orquestada por Marco Rubio, para quien ganar Florida sería una bocanada de oxígeno).
  • Marco Rubio y Ted Cruz no claudican: escenario óptimo para Trump. Siguiendo el argumento anterior, el gran ganador de la pulverización del voto duro republicano es el “independiente” Trump. Las encuestas nacionales levantadas entre el 14 y 27 de febrero apuntan a que Trump encabeza las preferencias con el 35.6%, seguido por Cruz (19.8%), Rubio (17.4%), Carson (9.0%) y Kasich (8.8%). Cruz y Rubio sumados obtienen mayor apoyo que Trump. Aunque las declinaciones no suman votos automáticos a candidatos rivales, la radicalización del discurso trumpista se beneficia de que el electorado republicano no identifique claramente cuál es la opción viable a Trump.
  • Ted Cruz decepcionó en los estados del sur: el voto evangélico no alcanzó. Se vendió hasta el cansancio que los estados del sur son bastión del senador texano. Los cálculos fallaron. Se sobrestimó el voto evangélico; el voto de los afroamericanos y latinos se pulverizó; y Trump atrajo más independientes-apartidistas que lo habitual. Ted Cruz esperaba ganar la mayoría de los estados sureños, y sólo alcanzó a rescatar victorias en Texas y Oklahoma. El perfil demográfico favorece a Marco Rubio, de aquí en adelante. Aunque Cruz se consolida en el segundo lugar de la contienda con base en el número de delegados, su base de apoyo ultra-conservadora irá disminuyendo. La esperanza de Ted es que Carson decline en su favor y que el voto evangélico se concentre en un solo candidato.
  • Marco Rubio es la eterna promesa: urgen triunfos. El niño maravilla del conservadurismo republicano sigue vendiendo que es el único que puede derrotar a Donald Trump y Hillary Clinton. Hay una encuesta que respalda esta conjetura: la relación opinión positiva/negativa del candidato es sistemáticamente más favorable para Rubio que para Trump, Cruz y Clinton. Pero Rubio no ha podido capitalizarlo en las urnas, apenas ganando ayer uno de once estados en disputa. Con Kasich fuera, las excusas se acabaron para Rubio. Si no empieza a ganar, Cruz se posicionaría como la carta fuerte para vencer a Trump. Y con ello, el establishment quedaría merced del Tea Party como única alternativa viable.
  • Trump ya comenzó a “moderarse”: implora unidad partidista. Durante su discurso victorioso, el magnate fue menos mercurial que de costumbre, estratégicamente tendiendo la mano a sus contrincantes: (1) flirteando con el posible apoyo de Ben Carson, si éste opta por retirarse; (2) llamando a más miembros del establishment a que se sumen a su campaña; (3) buscando calmar la tempestad auto-inducida luego de su tardado deslinde de apoyos unilaterales de un cabecilla del Ku Klux Klan (KKK). Trump sabe que eventualmente requerirá el apoyo de su partido para ganar la elección general. Un ambiente interno tan polarizado no conviene.
  • Continúan las balas perdidas contra Trump: ¿impactará alguna? No hay una embestida unificada en las filas del partido republicano, ni entre el establishment ni entre el resto de sus tribus. Marco Rubio es el claro ejemplo de intentos desesperados por bajar a Trump a toda costa. El senador por Florida ha intentado un póker de campañas negativas contra el empresario, llamándolo “liberal”, “lunático”, “doble cara” y “estafador”. Cruz ha optado por tratar de infundir temor a las familias conservadoras con hijos susceptibles al discurso de Trump. Recientemente ha presionado para que el New York Times divulgue una supuesta entrevista donde el puntero afirma no tener intenciones serias de construir un muro y deportar a millones de indocumentados. Y así ha habido múltiples estrategias fallidas. Cada bala esquivada parece alimentar la popularidad de Trump. Ninguna ha dado en el blanco, de momento.
  • Florida puede ser el punto de quiebre: la aritmética pesa. En dos semanas más, el 15 de marzo, 358 delegados republicanos estarán en juego. De éstos, 99 estarán disponibles en Florida. La clave es que, contrario al o que hemos venido observando a lo largo de la carrera, el ganador en Florida se lleva todos los delegados (i.e., no hay repartición proporcional). Florida es clave para la contienda republicana, pues la apuesta de Marco Rubio es ganar el estado que representa como senador. De perder ante Trump (Cruz tiene un panorama ligeramente más complicado en las encuestas), las probabilidades de una declinación de Rubio se dispararían.
  • El establishment republicano se desdibuja: Trump ha secuestrado la sensatez partidista. Por un lado, el partido se congratula de que la tasa de participación entre blancos y conservadores esté sustancialmente mejorando. El ejemplo más claro es Nevada, donde Donald Trump obtuvo más votos él solo como candidato de los que todo el partido sumó en la primaria estatal de 2012. Sin embargo, el voto minoritario ha decidido elecciones en el pasado. Y el establishment está preocupado de que Hillary Clinton arrase ahí. Este dilema de bases electorales ha provocado que la élite partidista no sepa qué hacer con Trump. Mitt Romney, Paul Ryan y otros líderes comienzan a endurecer su discurso, pero tarde y sin mucho eco. Ante el atolondramiento generalizado, seguimos esperando alguna andanada orquestada por la élite partidista; alguna embestida final. No se vislumbra algún intento serio, aun.

 

Las siguientes dos semanas definirán ambas candidaturas. El Supermartes transcurrió sin sobresaltos, pero traerá efectos inmediatos. La fuga de Clinton y Trump es significativa, aunque se avecinan nuevos debates y una elección primaria en Florida y otros 4 estados, el 15 de marzo. Antes, habrá elecciones en Maine, Nebraska, Kentucky, Louisiana. Habremos de ver a Carson y/o Kasich declinando pronto. Sin embargo, las encuestas nacionales y la ventaja de Trump no cambiarán mucho. Los ataques se intensificarán. Mitt Romney es clave en el establishment y parece inclinarse por Rubio. Si Cruz y Rubio no declinan, Trump ganará Florida. Hillary hará lo mismo. El enfrentamiento entre ambos parece cantado. ¿Tendrán algo más que decir los jóvenes senadores republicanos? Lo dudo.

4_MarioCampa

FOTO:

http://www.lavozdemichoacan.com.mx/wp-content/uploads/2015/08/trump-clinton.jpg

 

 

 

Escrito por InteIndep

3 Comentarios

  1. Buen articulo compañero, pero tiene un desacierto, Trump no tardo deslindarse del KKK, de hecho se deslindo el mismo dia (viernes).

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    1. Aquí está la entrevista para CNN: http://edition.cnn.com/2016/02/28/politics/donald-trump-white-supremacists/. Se deslindaría más tarde en Twitter, ante las críticas.

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  2. Fueron varias horas y fue muy criticado. Ese deslinde debe ser instantáneo. Saludos, Mario

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