Sistema Democrático de la India

Por: Ana Paula Cañedo – @a_canedog
Imagen: Ana Cañedo

Con 1,267 millones de habitantes, de los cuales 834 millones pueden votar, la India es la democracia más grande del mundo. Desde 1951, la constitución de la India adoptó el sufragio universal mediante un sistema de gobierno parlamentario bicameral. Sin embargo, a pesar de mantener el libre escrutinio por más de medio siglo, cerca de la cuarta parte de la población aún vive con menos de un dólar al día. Más del ochenta por ciento de las personas que viven en estas condiciones pertenecen a grupos socialmente marginados a causa del sistema de castas; la desigualdad de la riqueza en la India es una de las más elevadas del mundo. ¿Cómo y por qué persisten semejantes desigualdades en una democracia en la que supuestamente los votantes pueden crear presiones para avanzar sus intereses?

El efecto de la democracia sobre la distribución del ingreso ha sido estudiada exhaustivamente por la economía política. Son abundantes los ensayos que señalan que la democracia afecta positivamente la distribución del ingreso; más aún, varios estudiosos argumentan que la transición a la democracia es más probable en las sociedades cuya distribución del ingreso es más igualitaria y que las democracias con altos niveles de desigualdad son menos propensas a consolidarse (Acemoglu y Robinson, 2006 & Houle, 2010). La explicación detrás es la siguiente: al promover una distribución más equitativa del poder político, la democracia da lugar a los partidos políticos, los cuales representan grupos de interés y entre ellos, a las clases socioeconómicas más desfavorecidas, motivando la implementación de políticas públicas redistributivas. Después de todo, la democracia implica compromisos con la igualdad, como la igualdad de derechos de voto, la igualdad de oportunidades para participar en la discusión, así como la igualdad de capacidad para atender sus preocupaciones a través del voto, como lo es una mayor oportunidad económica.

Si bien la democracia jugó un papel central en la promoción del pluralismo y la inclusión en el período anterior a las reformas de liberalización económica que tuvieron lugar en la década de 1990, esto no se tradujo en beneficios materiales para la gran mayoría de la población. Por lo contrario, en la actualidad esta problemática se ha vuelto más desalentadora; a pesar de que el parlamento de la India se reúne regularmente y debate abiertamente, ha fallado como cuerpo legislativo en muchos otros aspectos; las políticas públicas de la última década han beneficiado principalmente a las élites y a la clase media, creando una distribución sesgada de los activos, incluyendo la tierra, el capital y el acceso a la educación, así como el empeoramiento de la distribución del ingreso.

Las estructuras sociales reconocen que todas las sociedades son heterogéneas y estratificadas; sin embargo, algunas lo son mucho más que otras y la India es un claro ejemplo de ello. Estas diferencias sociales se reflejan en el funcionamiento actual de la democracia. La estratificación social y la discriminación –basada en castas, tribus, o género– limitan en gran medida hasta qué punto los individuos y ciertos grupos son capaces de promover sus intereses, lo cual determina, a su vez, si las oportunidades económicas están disponibles para las élites o para la población en su totalidad.

Por lo tanto, se puede argumentar que la práctica democrática en la India constituye meramente un mecanismo de movilización popular (Drèze & Sen, 2002). Las políticas de identidad –con base en líneas de casta y minorías musulmanas­– se sitúan en el centro del escenario político. Como resultado de ello, las políticas públicas que son de gran importancia para la economía convencional (mayores inversiones en educación y en salud) son de menor importancia para los políticos, que prefieren la previsibilidad y el control sobre su universo político. Fue así como a partir de 1990, se creó el supuestamente democratizador sistema de reservas de castas en la India (Drèze & Sen, 2002).

Las reservas o cuotas de casta son las herramientas más populares de redistribución en la India. Por ejemplo, el sector público cuenta con un porcentaje elevado de reservas para algunos grupos o castas históricamente desfavorecidos, ya que las personas en estos grupos difícilmente podrían acceder a esos puestos de trabajo debido a que la inmensa mayoría desertan sus estudios antes de concluir la educación primaria. Actualmente, se reservan el veintisiete por ciento de los puestos de la función pública a las castas desfavorecidas u OBC, el diecisiete por ciento a los intocables (SC o dalits) y siete por ciento a las tribus aborígenes (ST o adivasis).

Si bien fue gracias a las reservas de casta que los puestos administrativos se abrieron progresivamente a los sectores de la población que estaban excluidos, este tipo de políticas son prácticamente simbólicas, puesto que son más fáciles de implementar; resulta más complejo procurar mejoras en la prestación de servicios sociales como la educación básica y la salud que la extensión de estas oportunidades de empleo para unos cuantos. La promesa de ampliación de privilegios en la India, a través del sistema de reservas como instrumento de movilidad social, ha sido decisivo para mantener el apoyo al régimen democrático, pero poco ha hecho por mejorar la distribución del ingreso. Por lo tanto, las cuotas o reservas en la India a menudo se convirtieron en un sustituto de la acción pública eficaz contra la pobreza, el analfabetismo y los encumbrados niveles de desigualdad en el ingreso.

La notable rigidez de las métricas de desigualdad de ingresos durante las últimas décadas sugiere una especie de imposibilidad de cambio y de progreso a través de las políticas públicas actuales. Si bien el sistema político de la India ha demostrado que posee los atributos de la democracia  –elecciones libres, estabilidad del régimen, multipartidismo y alternancia– estos resultados democráticos en el terreno político enmascaran una sociedad que sigue siendo desigual y jerarquizada, a pesar del alto crecimiento económico.

El elevado crecimiento económico que mantiene la India probablemente traiga consigo una derrama positiva sobre la situación de la pobreza y los niveles de desigualdad; sin embargo, el efecto que éste tendrá seguirá siendo limitado si no es acompañado de un cambio sustancial en los patrones políticos, como un mayor énfasis en las políticas redistributivas. Actualmente, la población está exigiendo cada vez más un gobierno confiable que sea capaz de rendir cuentas. Inclusive, debido a la lucha por un desarrollo más incluyente que se está produciendo en los distintos niveles del cuerpo político, presiones de reforma socioeconómicas, y ​​la presión sobre los recursos fiscales; el Estado ha comenzado a virar hacia un mayor uso de las políticas redistributivas. Habrá que esperar a ver.

5_AnaCanedo

Referencias

Acemoglu, D. & Robinson, J. A.. Economic Origins of Dictatorship and Democracy. Cambridge University Press, 2006.

Drèze, Jean & Sen, Amartya. “Democratic Practice and Social Inequality in India”. The Journal of Asian and African Studies, vol. 37, (abril de 2002): 6-37.

Houle, Christian. “Inequality and Democracy: Why inequality harms Consolidation but Does Not Affect Democratization. World Politics, vol. 61, núm. 4 (octubre de 2009): 589-622.

 

Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. María de los Angeles Montes de Oca 6 febrero, 2016 en 3:52 pm

    Excelente artículo, breve y preciso. Mi hija viajará de Nepal a la India, y se lo enviaré.

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