Soccer - FIFA World Cup 2014 - Semi Final - Brazil v Germany - Estadio Mineirao

Por: Andrés Gómez – @a_gomezl

Brasil se encuentra atravesando una doble crisis. Por un lado, está sufriendo una contracción de su economía, que se espera sea de -3% para 2015 y siga contrayéndose en 2016 un -1%[i]. Por otro, las investigaciones judiciales de cargos de corrupción a altos cargos federales han llevado la aprobación de la Presidenta Dilma Roussef a niveles mínimos, tan sólo doce de cada cien brasileños entrevistados cree que esté haciendo un trabajo “bueno o muy bueno”, mientras que 65 de cada 100 desaprueban su labor[ii]. Estos números, por difícil que parezca, eran aún peores hace unos meses y existe una probabilidad alta de que se le retire el fuero para poder juzgarla por maquillar las finanzas públicas antes de su campaña de reelección, lo que la llevaría a dejar la presidencia.

Aunque los problemas políticos y económicos de Brasil están estrechamente ligados entre sí y sus protagonistas podríamos decir que son los mismos, sus causas, consecuencias y posibles resultados son diferentes.

La crisis económica proviene de una pobre planeación de parte del gobierno en épocas de bonanza. Durante los años noventa, el entonces presidente Fernando Henrique Cardoso implementó una serie de reformas que modernizaron a la economía brasileña: se inició el programa de privatización de empresas paraestatales más grande en la historia del país, se iniciaron programas de modernización del campo, y más importante, se tomaron medidas de política monetaria para combatir problemas de hiperinflación (la inflación llegó a estar por encima de 2,000% en 1994)[iii] estabilizándola a niveles de un solo dígito a finales de esa década.

Una vez terminado el mandato de Cardoso, entró al poder Luiz Inácio Lula da Silva, mejor conocido como Lula, un político de izquierda moderada y miembro fundador del Partido de los Trabajadores. Durante su primer término, Lula dio continuidad a las políticas de su predecesor y mantuvo acuerdos con organismos internacionales como el Fondo Monetario Internacional. Mientras tanto, la economía se veía beneficiada por grandes incrementos en los precios de materias primas (o commodities, que incluyen energéticos, minerales, productos agrícolas, etc.) a lo largo de la década de los 2000, ocasionados por la entrada de China, el principal destino de las exportaciones brasileras, a los mercados internacionales.

Para su segundo período presidencial, Lula comenzó a incentivar una mayor participación del gobierno en la economía para fomentar la igualdad y combatir la crisis económica global de 2008. Los estímulos funcionaron en el momento, la prensa internacional vitoreaba el “milagro brasileño”, y Lula se estableció como una de las figuras más populares entre los brasileños, terminando su mandato con una aprobación del 90%[iv].

Tras el éxito de Lula, su ungida sucesora ganó las elecciones y se convirtió en presidenta de Brasil en 2011 y fue reelecta para un segundo mandato que recién inició en 2015. Dilma Rouseff siguió utilizando el poder del Estado para tratar de mantener la economía, usando bancos comerciales propiedad del gobierno para otorgar más créditos a tasas más bajas que el resto del sistema, mismos que los consumidores brasileños utilizaron principalmente para comprar bienes no duraderos y que comienzan a pesar más a medida que la inflación sube y el desempleo aumenta.

Las fallas dentro del modelo de crecimiento de Brasil empiezan a ser más evidentes a medida que la economía se desacelera. No se invirtieron los excedentes de casi una década de bonanza en infraestructura, educación, modernización del sector manufacturero o diversificación de los productos que venden al exterior (en 2014, 75% de las exportaciones consistía en productos de poco valor agregado como minerales, metales, bienes agrícolas, maderas, etc.[v]). Más aún, el gobierno enfrenta un escenario de sobre endeudamiento con necesidad de un replanteamiento serio de su sistema fiscal; una desaceleración de China, su principal socio comercial; y una acelerada caída en los precios de sus principales productos de exportación.

Al tiempo que se desarrolla el proceso electoral comienzan a surgir problemas en la compañía estatal de petróleo, Petrobras, en los que se dejan al descubierto actos de corrupción llevados a cabo por funcionarios de muy alto nivel en la administración tanto de Lula como de Dilma. Está llevándose a cabo un enjuiciamiento masivo de empresarios y servidores públicos junto con crecientes cuestionamientos acerca del involucramiento de la Presidenta en estos actos mientras era consejera de la paraestatal por lo que la sociedad ha realizado protestas públicas para exigir que se abra una investigación por parte del Congreso, la cual se inició el 2 de diciembre.

Para que la investigación del Congreso resulte en un desafuero de la Presidenta y en su posterior enjuiciamiento, dos terceras partes de la Cámara (342 de 513 diputados) tendría que votar a favor de removerle la protección Constitucional. El problema para Dilma se vuelve más latente, ya que existen en el Congreso diputados de 28 fracciones distintas y aunque la coalición que la puso en el poder tiene 279 asientos, esta coalición de 8 partidos se fragmentó y no existe una forma certera de predecir el apoyo con el que realmente contará..

La pelota del juego político se encuentra en manos del Congreso, en el que se están debatiendo al mismo tiempo las alternativas para ambas crisis, pues mientras un día se debate el tamaño de los recortes presupuestarios para mantener las finanzas públicas, al día siguiente se debate el futuro del Ejecutivo.

La Presidenta parece haber relajado su postura de recortar el gasto a como diera lugar y en diciembre, tras meses de especulación, entregó como parte de las negociaciones, la cabeza de su ministro de finanzas Joachim Levy, un ex banquero con la confianza de los inversionistas internacionales quien se encontraba en una cruzada por restablecer el orden macroeconómico en su país, durando en su cargo menos de un año.

En este circo de tres pistas de la política brasileña, la situación se encuentra en un punto sumamente delicado: el destino de la presidencia, de la economía y de millones de brasileños se encuentran en las manos de un puñado de políticos que no paran de llamarse corruptos unos a otros y buscan salvar primero sus propios cuellos y en segundo lugar, si la ocasión se presenta, a su país.

8_AndresGomez

PD: Lector, en esta segunda colaboración para Inteligencia Independiente quiero manifestarte mi compromiso. Haré cuanto pueda por ser lo más claro y objetivo posible. Garantizo que me he informado acerca del tema que estoy tratando, y que las opiniones que externo son mías y no de alguien más. Mi intención es que formes tu propio criterio y no sólo creas en el mío. Estoy abierto no sólo a tus sugerencias, sino también a tu crítica responsable e informada. A esto me comprometo con el único objetivo de eventualmente ganarme tu confianza.

[i] Fondo Monetario Internacional, World Economic Database, Octubre 2015.

[ii] http://www1.folha.uol.com.br/internacional/en/brazil/2015/12/1721577-president-rousseffs-approval-has-little-increase-shows-datafolha-survey.shtml

[iii] Fondo Monetario Internacional, World Economic Database, Octubre 2015.

[iv] http://www.theguardian.com/world/2010/dec/31/brazil-lula-era-ends

[v] http://atlas.cid.harvard.edu/explore/tree_map/export/bra/all/show/2014/

Imagen: http://www.whoateallthepies.tv/wp-content/uploads/2014/07/PA-20343659.jpg

 

Escrito por InteIndep

Un comentario

  1. […] En otros países, escándalos como éste han hecho que presidentes enfrenten un juicio político o una moción de censura (i.e., impeachment). Así fue el caso del Watergate y la renuncia posterior de Richard Nixon en los Estados Unidos (1974). También han existido casos en América Latina, como el de Fernando Collor de Mello en Brasil (1992), quien después de ser acusado de tráfico de influencias por su propio hermano, enfrentó a una Comisión organizada por las Cámaras de Diputados y Senadores. Posteriormente, un grupo de ciudadanos solicitó que éste fuera cesado de sus funciones. Después de un proceso que requería de mayorías calificadas en las Cámaras, el presidente brasileño fue efectivamente destituido. En su lucha contra la corrupción, Brasil ha continuado con su tradición de poner contra las cuerdas a todo a aquél que intente quebrantar al Estado, incluyendo al Presidente. […]

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