Desigualdades en Democracia

Por: Francisco Vaqueiro – @FJVaqueiro
Imagen: http://sprinterlife.com/2011/10/occupy-peru-sprinter-life-protests-in-chicama.html

En medio de mis vacaciones de fin de año, temporada en las que usualmente oriento mis hábitos de lectura a cuestiones distintas a las de mi profesión, me encontré en Gandhi con un libro titulado “La economía no da la felicidad, pero ayuda a conseguirla”.

Se trata de un compilado de estudios teóricos sobre economía, pensado primordialmente para aquellos que no somos economistas y para quienes carecemos de fundamentos académicos para su pleno entendimiento; economía —for dummies —le podrían llamar algunos. El ensayista es el español José Carlos Diez.

Dentro del texto que cito, el autor repasa brevemente las tesis de El Capital en el Siglo XXI escrito por el francés Thomas Piketty. En su libro, Diez concuerda con Piketty, señalando que la parte más relevante de dicho estudio ha sido que el francés puso en el centro del debate el tema de la desigualdad económica.

En resumidas cuentas, Piketty afirma que el capitalismo tiende a producir una creciente desigualdad entre los que tienen mucho (el 1% más rico) y los que no tienen tanto (el 99% restante), directriz que, a juicio del economista, se ha acentuado en el mundo desde los años ochenta hasta hoy. De igual forma, entre otras cosas, el francés puntualiza que la disparidad en el ingreso es nociva para la democracia y propone medidas correctivas para evitar la acumulación excesiva de riqueza.

El Capital en el Siglo XXI, ha suscitado un feroz debate entre economistas que han divido opiniones sobre si los razonamientos de Piketty son correctos o no. Las críticas que algunos estudiosos de la materia han hecho, parecen de chile, mole y pozole. Hay quienes por ejemplo, afirman que el francés no toma en cuenta el desarrollo tecnológico, o el contexto de la economía global, hasta aquellos que sostienen que no existe tal disparidad en el ingreso en el mundo, y que la misma sólo se limita a ciertos países (ie. Estados Unidos, Canadá e Inglaterra).

Estas líneas no pretenden defender o criticar a Piketty, ya que en primer lugar no soy economista y muchos de sus postulados escapan a mi comprensión (estoy cierto que muchos compañeros de estas páginas, economistas de profesión, podrían hacer un mejor trabajo que quien esto escribe). De igual manera, tampoco intentaré propiciar un debate sobre si la acumulación exorbitante de riqueza es ética o no, cuestión que, de igual manera, ameritaría otro debate con diversas aristas.

No obstante, a mi entender, existe una deliberación sobre la desigualdad económica, pendiente e impostergable.

Dicho lo anterior, mi intención es llevar a la reflexión exclusivamente una de las tesis de Piketty: ¿es la desigualdad económica y la acumulación de riqueza de un pequeño porcentaje de la población, nociva o no para la democracia moderna? Le pido nuevamente al lector que deje a un lado la metodología utilizada por el francés, si las medidas correctivas que propone son viables o no, o la perspectiva moral sobre si el enriquecimiento desproporcional es legítimo o no.

Hoy es notable el desencanto con la democracia en distintas latitudes del mundo, que ha llevado al surgimiento de líderes demagogos de derecha y de izquierda (eg. Donald Trump en EUA, Le Pen en Francia, o Podemos en España) que proponen solucionar los problemas sociales de un plumazo con propuestas que van desde el promover el escarnio de diversos chivos expiatorios como obra y causa de todos los males, o el sugerir políticas poco creíbles para enderezar el rumbo.

En resumidas cuentas, hay una percepción general de desilusión aparejada de una notable falta de sensatez de los diversos movimientos políticos emergentes.

¿De dónde nace el descontento? ¿Qué hace que un tipo como Trump tenga el arrastre político que su discurso genera o que cada vez un mayor número de franceses se adhieran al Frente Nacional? Cuando uno lee las páginas de cualquier periódico, parece haber consenso entre el mundo académico sobre la inverosimilitud de sus propuestas demagógicas. ¿Entonces?

¿Es el caldo de cultivo de tales circunstancias políticas el sentimiento generalizado de injusticia que percibe el votante común? ¿A dónde puede llevar la gestación, dentro de la propia democracia, de movimientos antisistema? ¿Es la desigualdad económica su causa o consecuencia? Ahí, justamente es a donde debe dirigirse, en mi opinión, el debate concebido por Piketty.

Tú, lector ¿qué opinas?

14_FranciscoVaqueiro

Escrito por InteIndep

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s