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Por: Sofía Bosch – @sboschg

En México, la concepción del diseño y del diseñador sigue siendo la desarrollada en los años 50. Durante esta década, se generó una transición hacia un diseño publicitario y comercial, completamente volcado hacia un consumismo voraz. El diseño a principios de siglo –como un fin decorativo y artesanal– era reservado para las clases altas, para los estratos sociales que podían darse el lujo de pagar por tapices, grabados y mobiliario fino. Después de la Segunda Guerra Mundial un cambio radical en el mundo del diseño se dio, no únicamente se había dominado la producción en masa con nuevos materiales (nuevos polímeros y plásticos fáciles de manejar), pero la profesión del diseñador tomó poco a poco un rol efímero y banal en la toma de decisiones de los productos y artefactos que se generaban.

Ideas como la obsolescencia planeada surgieron en el vocabulario de diseñadores industriales (el cual significa diseñar algún artefacto con una vida de uso corta para que el consumidor se vea obligado a reemplazarlo y comprar uno nuevo). Diseñadores gráficos empezaron a dedicarse al diseño de cartel y de empaque para productos de la vida cotidiana. Diseñadores textiles redujeron la calidad de su producto para que encajara con nuevo estilo de vida “rápido” y a corto plazo de la sociedad de consumo.

En los años 60 y 70, en contrapeso a este nuevo rumbo del diseño, se dieron a conocer las primeras publicaciones y manifiestos reclamando un diseño que velara por el bien social y ecológico. Les preocupaba que la profesión se convirtiera únicamente en el combustible de un consumismo rampante. Las angustias se centraban sobretodo en las posibles consecuencias políticas, sociales y ambientales que esto podría tener. Es la primera vez que se habló de un diseño sustentable así como de un diseño crítico y social. Manifiestos como el First things First fueron publicados y abriendo el espectro de lo que se esperaba de los diseñadores, les otorgó una nueva voz.

manifesto

Estos nuevos rumbos fueron un parte aguas, permitiendo que en las últimas décadas se gestaran nuevas corrientes de diseño. Desde el design thinking de IDEO hasta el diseño especulativo de Fiona Raby y Anthony Dunne, el diseño ya no se ve ni se considera como un proceso de embellecimiento al final de la creación de algún objeto, artefacto o servicio. Justamente, el rol del diseño ha dado un giro de 360 grados. Lo que hoy se busca es un diseño holístico, que más allá de un resultado estéticamente atractivo, tenga todo un proceso de investigación y entendimiento de las necesidades del usuario. Por medio de este proceso, arraigado en la etnografía y nuevas metodologías creativas, el diseñador puede llegar a resultados mucho más precisos dadas las necesidades sociales. Por supuesto, el diseñador no puede hacerlo sólo, por lo que trabajar en equipos transdisciplinarios es imperativo para tener buenos resultados en este nuevo giro en la profesión.

Gracias a estas nuevas visiones es que el diseño tiene un gran potencial de insertarse en el gobierno. Es en el proceso de creación de políticas públicas que el diseño puede aportar una visión, además de nuevas metodologías de trabajo, que permita resultados innovadores y un alejamiento de lo común. Ese común que en el pasado no ha funcionado (por ejemplo, en temas de movilidad, los segundos pisos para automóviles).

En el gobierno el diseñador puede no únicamente trabajar en equipos de diversas profesiones y antecedentes, puede también traer a la discusión nuevas formas de resolver problemas complejos. El diseño por definición trata de resolver las necesidades del usuario y muchas veces las decisiones tomadas dentro del gobierno hacen de todo menos concentrarse en el ciudadano. Un ejemplo de este tipo de inserciones es el Behavioural Insights Team, en Reino Unido. Un equipo de diseñadores, sociólogos, antropólogos y psicólogos, que se dedican a mejorar los servicios públicos por medio de análisis e investigación centrada en la experiencia del usuario, el núcleo de la investigación del diseño.

En México hay un gran potencial para este tipo de investigación. Es imperativo que los diseñadores se integren en los procesos de creación y de toma de decisiones dentro de las diferentes dependencias de gobierno para tener mejores resultados a nivel calle. El primer paso para que esto suceda tendrá que verse en las aulas universitarias. Sin una educación de calidad en temas de diseño social, no se puede pensar en una colaboración de calidad con el gobierno. Se necesita elevar el nivel de preparación en las universidades. No existe una sola licenciatura o maestría en el país que taclee este tipo de temáticas y prepare a los diseñadores del futuro.

En el Laboratorio para la Ciudad existe un programa llamado Diseño para la Ciudad que intenta, por medio de pequeñas intervenciones con diseñadores de gobierno como de sociedad civil, afrontar estas nuevas problemáticas. Hay que reflexionar sobre lo que se le está ofreciendo como diseñadores al país y su futuro.

¿Qué puede aportar el diseñador a las decisiones públicas? ¿Cómo se puede motivar a una nueva generación de diseñadores a que se dediquen al diseño de mejores servicios y de mejores bienes públicos? ¿Cómo se hace del gobierno un lugar atractivo para el desarrollo creativo?

3_SofiaBosch

Imágenes

Crédito foto de la Ciudad de México:
Google Earth (2015). maps.google.com.mx

First Things First Manifesto

Escrito por InteIndep

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