Protagonistas

Por: Luis Godoy – @luis_godoy88
Imagen: Juliette Rault

El jueves pasado algunos celebraron el Día Internacional del Hombre. Me enteré de la prolongada “celebración” hasta el domingo cuando caminaba por el sur de la Ciudad de México y me encontré con un stand en el que se leía un cartel que decía: “Día Internacional del Hombre. Prueba del antígeno prostático gratis”. A pesar de la poca seriedad del sitio estuve tentado a unirme a la conmemoración, sin embargo una nutrida fila me lo impidió.

Curioso, busqué sobre el Día del Hombre y me encontré con algunos comentarios en redes sociales y un buen número de notas periodísticas, destaca esta de El Universal. Conociendo el rigor de los medios en México, acudí a la fuente (UNESCO). Confirmando mis sospechas, me di cuenta que tal celebración no la reconoce ningún organismo internacional, de hecho el 19 de Noviembre se conmemora el Día Mundial del Retrete, irónico.

Fuera de la buena práctica sanitaria, la trivialización del género que viví el domingo se sumó a varias discusiones y lecturas sobre una pregunta que me inquieta: ¿cuál debe de ser el rol y actitud del hombre frente a la igualdad de género? Respuesta casi obvia, por lo que la pregunta se vuelve más particular: ¿hasta qué punto un hombre puede considerarse feminista?

Mi batalla con el tema se remonta varios años atrás, pero recientemente ha fluido bastante material que ha provocado numerosas discusiones. Por ejemplo, en este artículo Kate Iselin cuenta por qué ya no sale con hombres que se presentan como feministas (en sociedades donde ser feministas se esta convirtiendo en algo mainstream). Dice que el feminismo la ha empoderado lo suficiente para decirle “no más” a los miembros masculinos del movimiento. En la misma línea, quizás más radical, pueden leer esta opinión sobre la incompatibilidad de ser hombres y feministas.

Contrario a las posiciones anteriores, Guillermo de León publicó en Horizontal un texto donde se pregunta si es necesario que el hombre feminista renuncie a los privilegios que le otorga su situación de género. Para él decidir ser feminista es una postura política por lo cual no es contradictorio el nombrarse de esa forma.

La cúspide de mi momento feminista sucedió hace un par de semanas cuando circuló por todos lados la entrevista de Emma Watson a Malala. Vi a varios compartir el mensaje donde Malala le dice a Watson que por ella se hizo feminista. Antes ya había visto a Watson promover el #HeforShe, que es una campaña de solidaridad para involucrar a hombres y niños en el tema de equidad de género. En conversaciones y en propias reflexiones, me sentí presionado por ubicarme ideológicamente en algún lugar de ese espectro.

Mi revuelta interna por una “definición” responde a dos miedos o circunstancias. Primero, que mi sensibilización por la política se inició con asuntos de género. El haber sido criado casi exclusivamente por 3 mujeres de mucha fortaleza me puso en situaciones donde presencie, desde niño, innumerables anécdotas de discriminación a las mujeres.

Cuando tenía alrededor de 10 años un compañero de la escuela me preguntó si mi mamá era la secretaria de un despacho del amigo de sus padres. Mi madre, junto con otro abogado, cofundó en los ochenta un despacho en el bajío guanajuatense: en papel y en los hechos eran exactamente iguales, yo lo sabía, pero por alguna razón el otro niño no. No podía entender el trato desigual y la subestimación que estaba haciendo hacía mi madre. Recuerdo perfectamente el sentimiento de enojo y frustración que me produjo. Me vuelvo a acordar y corroboro que ésta, junto con muchas anécdotas del estilo, fue mi iniciación a las injusticias, lo que eventualmente sería motivo para tener una conciencia política.

Por ello, desde hace tiempo siento la legitimidad para defender la causa de la igualdad de género. Sin embargo, acá viene el otro miedo o circunstancia que se enfrenta amistosamente con la anterior. He convivido con diversas mujeres feministas, algunas verdaderas militantes, que me han dado mensajes muy claros. Con ellas entendí que los hombres no tenemos idea de lo que significa ser discriminados, por supuesto no sabemos qué es la violencia de género y estamos muy atrasados en percibir situaciones que preservan el patriarcado. Comprendí los logros del movimiento feminista, supe que es el movimiento social que más ha ampliado los derechos políticos y sociales en la época moderna. Fui consciente de todo ello y decidí que por una cuestión de respeto -al movimiento y a ellas- el autonombrarme feminista sería irresponsable.

Pero también entendí que me podía seguir entusiasmando por los asuntos feministas. El que haya tenido conciencia política a través del género y el convivir con mujeres comprometidas con el feminismo me obligaba a reducir lo discursivo y a aumentar la acción. Los que estamos preocupados por la igualdad de género en lo último que nos deberíamos de preocupar es por autonombrarnos de una u otra forma. Que esto no significa “despolitizarse”, al contrario, es asumir responsabilidades muy concretas, aceptando por un lado nuestros privilegios y por el otro las faltas que seguimos cometiendo, por ejemplo, en el lenguaje.

El problema es que son muy pocos los hombres que se interesan auténticamente por la igualdad de género. Con excepción de mis amigos de Democracia Deliberada, donde continuamente nos preguntamos cómo aumentar la presencia de mujeres en el grupo; tengo muy pocos amigos, familiares y conocidos que reconocen que las jerarquías de género lo gobiernan todo.

Por ello la acción política más importante de los hombres que acompañamos y acompañaremos al feminismo es comunicar a los otros hombres. Hacerles saber que tendremos que dejar espacios a las mujeres, en la política y en la empresa tendremos que renunciar a algunos privilegios y habremos que cambiar todo lo que se asemeje a la superioridad masculina.

A los que ya están politizados habrá que decirles que probablemente el único cambio social relevante que podremos ver en vida es la igualdad de género. Difícilmente veremos en nuestros tiempos la erradicación de la pobreza, la reivindicación total de minorías, o una reducción relevante en la desigualdad en el ingreso. Pero sí creo que presenciaremos una fuerte disminución en la brecha de género y un cambio cultural relevante hacia esa igualdad. Es algo inminente que por supuesto se puede acelerar, el feminismo no necesita a ningún hombre en sus filas para lograr resultados, pero quizás sí para apresurarlos.

En la reciente visita de Juan Carlos Monedero a México dijo algo que me emocionó. Ya lo habíamos escuchado decir que el socialismo del siglo XXI es feminista o no es. Pero acá en México dijo algo más concreto, que después de las elecciones generales en España, Podemos (partido político) se tiene que reinventar para tener una dirigencia donde todas sean mujeres. No hay duda que en el centro de la reinversión del poder y de las nuevas formas de entender la democracia está la igualdad de género.

Para resolver la angustia que me produjo el Día del Hombre, decidí que debía dejar a un lado la polémica del hombre feminista y empezar por activarme como acompañante del feminismo. Participo, me solidarizo, lo apoyo y lo asumo como una de mis batallas, pero no me bautizo. Soy un radical desde este lado y acepto mi condición de hombre, por eso seré lo que Sancho Panza a su Quijote, un fiel acompañante.

 7_LuisGodoy

 

 

Escrito por InteIndep

6 Comentarios

  1. Hola Luis!
    ¿que opinas del “affirmative action” y cómo encaja en la lucha feminista? ¿justifica la búsqueda de mayor equidad el poder pasar por alto gente más capacitada o más talentosa?

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  2. Andrés, creo que planteas una interesante pregunta que ha provocado muchos debates. Yo lo veo como una estrategia de transición. Lo que intenta es “equiparar” las oportunidades y eliminar la discriminación al obligar a los partidos políticos o diversas instituciones a incluir en sus filas a personas que de otra forma hubieran rechazado a priori. Pienso que la idea es acostumbrar a la gente a otro tipo de colaboradores hasta que eventualmente se dé de manera natural. A pesar de esto, jamás voy a negar que es injusto que alguien mejor capacitado sea pasado por alto por alguien que simplemente cumple con características otorgadas por su simple nacimiento. Es una cuestión difícil de juzgar.

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    1. Hola Gabriela!
      Me parece interesante tu postura, aunque obligar a que los partidos tengan 50% de candidatos mujeres no implica que no haya discriminación, pues pueden ser nominadas en distritos “perdedores” (PAN en Guerrero, PRD en Nuevo Leon, etc.). Te dejo el vínculo a un artículo de The Economist acerca de “affirmative action”, aunque en este caso es racial y no de género. http://www.economist.com/blogs/democracyinamerica/2015/11/affirmative-action-trial

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      1. Andres

        Siempre será interesante que se toque el concepto de “affirmative action” accion positiva en español, derivando de la discriminación positiva. También coincido contigo en la cuestión de que obligar a un 50% de hombres y mujeres no garantiza que sean las y los más capaces para los puestos, sin embargo, tampoco obliga a colocarlas en puestos claves o de fácil acceso; ya que normalmente las mujeres son relegadas a los peldañoz inalcanzables como 5tos 6tos lugares de las listas plurinominales por nombrar un caso.

        Todas estas medidas y acciones son parte de todo un movimiento que tendrá que ir evolucionando conforme avance nuestra educación en equidad de género, el primer paso considero es olbigar un 50%, el segundo será obligar 50% de puestos alcanzables para mujeres y finalmente, en IGUALDAD de circunstancias y oportunidades, no buscar que sea una obligación el 50% sino carta abierta a quien tenga mayor capacidad, sea hombre o mujer,repito en igualdad de cirtunstancias, logre obtener el lugar.

        Saludos

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  3. Luis, me gusta mucho lo que dices aquí y me parece interesante el concepto de ´acompañante´ visto que yo, a quién le interesa mucho el tema de igualdad de género y quién se ha encontrado en muchos eventos entre varias feministas, tampoco me he querido nombrar. ¿Por qué? Porque como mujer siento que el concepto del feminismo pone a parte al hombre y al hablar de la igualdad de género, el hombre tiene que ser parte del movimiento. Y por eso te voy a preguntar lo siguiente, tu dices:

    Hacerles saber que tendremos que dejar espacios a las mujeres, en la política y en la empresa tendremos que renunciar a algunos privilegios y habremos que cambiar todo lo que se asemeje a la superioridad masculina.

    Y me pregunto:
    ¿Porqué tienen que ser los hombres que ´nos dejan´ los espacios a las mujeres? ¿Porqué el hecho de lograr la igualdad de género quiere decir una renuncia a privilegios para los hombres? … ¿No deberíamos de estar buscando un aumento de privilegios para ambos géneros, en vez de tener que remplazar algunos de unos por otros para otras?

    Yo creo que en la lucha por la igualdad de género, esto es uno de nuestros mayores retos, que muchos hombres entienden esta igualdad como un sinónimo a la renuncia de privilegios. Y mientras se siga entendiendo así, no vamos a lograr esta igualdad, jamás.

    Entonces de pronto, como acompañante nos podrías ayudar a difundir este mensaje, que la igualdad no es Menos, es Más.

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  4. Luluscities, gracias por tu comentario.

    Lo que dices me recuerda un argumento que escuchamos seguido sobre la desigualdad en el ingreso. Este es que por qué los ricos tienen que ser MENOS ricos (al pagar impuestos), para que los pobres puedan ser MENOS pobres. Los que piensan eso normalmente están en contra de que el Estado cobre impuestos a los que más tienen para que puedan ser redistribuidos. Yo estoy absolutamente a favor de la redistribución como medio para la reducción de las desigualdades.

    Es un error pensar que MÁS significa mayor igualdad. Siguiendo el ejemplo económico, muchos piensan que MÁS crecimiento económico, significa el desarrollo de la mayoría (o incluso de todos). Es falso. El crecimiento también tiene que ser redistributivo.

    Eso sucede por que vivimos en un sistema donde hay dependencias e interconexiones entre sí. Es decir, la acumulación de riqueza sucede en parte gracias a la existencia de, por ejemplo, mano de obra barata. En otras palabras, el que alguien tenga MÁS no es independiente de que alguien tenga MENOS.

    Desde mi punto de vista, algo similar sucede con la desigualdad de género. El que los hombres mantengamos ciertos privilegios, que insistamos en acumular un poder masculino, etc… seguirá siendo en detrimento de la reducción en la brecha de género. Vivimos en ese mismo sistema de dependencias y de poder finito que tiene que ser reinventado. Y en ese sentido, sí pienso que el hombre tendría que pagar mayores impuestos (en sentido figurativo), si lo que se desea es la redistribución del poder y la igualdad de género.

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