Sin título

Por: Ana Paula Cañedo – @ana_canedog

El próximo lunes 30 de noviembre, Paris será la cede de la vigésimo primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre el Cambio Climático de 2015 (COP21), también conocida como «París 2015». Se trata de un evento coyuntural en el que se espera que participen líderes de más de 130 países y que tendrá como objetivo la negociación de un nuevo compromiso internacional para la reducción de los gases de efecto invernadero después de 2020. Si bien la conferencia es percibida por muchos como la más importante desde Copenhague en 2009 y a pesar de que las expectativas son favorables, los recientes acontecimientos globales pudieron haber alterado el clima de las negociaciones.

Además de tratarse de un evento internacional de gran envergadura, el tiempo es crítico. Recientemente, la comunidad científica advirtió que la temperatura global se acerca apresuradamente al umbral de 2 grados centígrados a partir del cual se calcula que las consecuencias asociadas con el calentamiento global no sólo serán catastróficas sino también irreversibles. De continuar con el patrón actual de emisiones, las temperaturas globales se elevarán por encima de dicho umbral y se alcanzarían niveles fuera del rango climático de los últimos cien mil años, alterando el ciclo de lluvias y las corrientes oceánicas y resultando en una perdida irreparable de biodiversidad. Aunado a esto, el reciente desastre ambiental en el sureste de Brasil, causado por la ruptura de dos diques que contenían deshechos mineros, pone en relevancia la necesidad urgente por sumar al sector privado y poner en marcha una serie de medidas que permitan prevenir este tipo de negligencias.

En ese sentido, a diferencia de las conversaciones que tuvieron lugar en Cancún en el 2010 –en las que se llegó a un acuerdo irrealista que en el discurso proponía reducir las emisiones globales pero que en realidad, contenía poca sustancia–, se espera que «París 2015» genere un compromiso internacional mucho más asertivo, ya que los acuerdos actuales sobre las emisiones de gases de efecto invernadero concluyen en 2020. Es decir, de alcanzarse un consenso en París, se tiene el potencial de conseguir un nuevo acuerdo internacional que tenga dientes para sancionar y que no se limite a prácticas voluntarias.

No obstante, además de la urgencia por alcanzar un consenso de esta naturaleza, el panorama global actual es delicado. Los terribles ataques terroristas que tuvieron lugar en la capital francesa el pasado 13 de noviembre han conmovido a la comunidad internacional. La atmósfera de las negociaciones en París será diferente; seguramente las manifestaciones que suelen acompañar conferencias internacionales de semejante trascendencia no estarán presentes en las calles de esta ciudad, ya que han sido desalentadas por el gobierno. Aunado a esto, si bien el combate al terrorismo podría ser el tema de conversación más recurrente (por encima de las inquietudes asociadas con el cambio climático) también podría ser el caso que, estremecidos por las trágicas circunstancias, se creé un ambiente en el que las partes involucradas muestren una mayor disposición a cooperar. Cabe señalar que a pesar de los sucesos no se han presentado cancelaciones por parte de los líderes de los países participantes.

Al mismo tiempo, difícilmente se llegará a un acuerdo realmente exhaustivo si no hay un compromiso sustancial en materia de financiamiento por parte de las grandes potencias, mismas que ahora podrán tener otras prioridades en su agenda. Como es de esperarse, los países más pobres requieren de cierta asistencia económica para invertir en tecnología limpia que les permita reducir sus emisiones y adaptar su infraestructura, ya que son éstas naciones las que serán más susceptibles a los daños del cambio climático. Empero, esto no deja de ser un tema muy controversial en el marco de las negociaciones de la COP21.

Sin duda la falta de éxito de las anteriores cumbres se ha debido a que las economías más grandes no han ratificado lo acordado, tanto en materia de reducir los niveles de emisiones como para proveer el financiamiento pactado. Por lo tanto, dado el horizonte frágil que se perfila frente a la alza sostenible en las temperaturas globales, Francia deberá edificar sobre lo ocurrido y mediar en el plano internacional para facilitar un consenso y mantener la posición de la Unión Europea al frente del esfuerzo internacional en contra del cambio climático. Sólo así, los países desarrollados y en vías de desarrollo podrán trabajar simultáneamente hacia la reducción de las emisiones de carbono mientras al mismo tiempo, se adaptan a los impactos ya irremediables de este fenómeno.

5_AnaCanedo

Escrito por InteIndep

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