neverending_lg

Por: Diego Muratalla – @_muratalla

Seguramente hubo otras antes, pero el recuerdo de la primera le pertenece a “La Historia sin Fin”; tendría yo 5 o 6 años, y no recuerdo si era nuestra la película o si hice que mis papás la rentaran infinidad de veces. Creo que era nuestra, tengo muy claro el recuerdo de la “regresadora” con forma de coche deportivo rojo, el caso es que la vi una y otra vez, de la forma que sólo los niños pueden no aburrirse de ver lo mismo en repetidas ocasiones.

Hoy sé que fue dirigida en 1984 por Wolfgang Petersen y que es una adaptación del estupendo libro “La Historia Interminable”. Pero en aquel entonces, nada de eso importaba. Lo único que importaba era el destino de una tierra mágica llamada Fantasía y si el valeroso Atreyu sería capaz de encontrar al único niño capaz de salvarlos a todos: Bastian.

En la misma época, pase horas y horas jugando a ser Bastian. En la película era un niño bulleado y un tanto desatendido que encontraba paz y tranquilidad en un libro llamado “La Historia Sin Fin”. Al irse perdiendo en la historia, él se da cuenta de que el libro le habla, que está escrito para él, y que él es el único que puede salvar a los protagonistas del peor de los terrores: “La Nada”.

Bastian leía incrédulo lo que pasaba, no creyendo que en realidad el libro y sus personajes estaban pidiéndole ayuda. Ahí estaba Atreyu, con su fiel caballo blanco Artax, la Emperatriz Infantil, los gigantes de piedra y Falkor, el dragón de la suerte. Sin embargo, yo sólo quería ser Bastian, él vivía en mi mundo y fue el elegido para salvarlos a todos y finalmente conocer Fantasía. De hecho, Bastian sólo llega a Fantasía hacia el final de la película y la escena dura unos cuantos minutos, pero con eso bastó para que Bastian fuera mi favorito.

En aquel entonces, Bastian era el único “elegido” del que yo tenía conocimiento, no era un recurso utilizado hasta casi el hartazgo como lo es ahora. Su personaje ocupó por muchos años mi imaginación y alimentó la esperanza de que mundos fantásticos existían y era posible llegar a ellos.

Hubo un par de secuelas a esa primera película y aunque recuerdo haberlas visto, no recuerdo las películas en sí, sólo tengo claro que el actor que interpretaba a Bastian ya no era el mismo y en mi cabeza ese no era Bastian, así que las eliminé de mi memoria.

Varios años después, por fin leí el libro de Michael Ende, ¨La Historia Interminable” y definitivamente no ayudó a mi obsesión. La primera película contaba sólo la primera mitad del libro, la otra mitad, cuenta las aventuras de Bastian en Fantasía y su intento por restablecer lo que “La Nada” había destruido. Lo que más me atrajo fue que lo único que Bastian necesitaba, era usar su imaginación para crear cosas en este nuevo mundo del cual él era emperador.

Muchos han ido y venido, pero ningún villano me ha aterrado como lo ha hecho “La Nada”: un gran vacío, una oscuridad total, un pozo sin fondo, el olvido. Pero Bastian venció a “La Nada”, sólo con su sed de lectura y con su poderosa imaginación ¿Cómo iba yo a permitir entonces lo mismo? Por supuesto que tenía que leer cuanto me fuera posible, tenía que rescatar del posible olvido a una cantidad infinita de personajes maravillosos. Es una tarea que hasta la fecha me tomo muy en serio.

Es así que “La Historia sin Fin” es culpable en gran parte de quién soy hoy, ya que no sólo pobló mi imaginación por muchos años, si no que en mis intentos de emular a Bastian, comencé a leer cuanto libro se me ponía enfrente. Es obvio que a los cinco, seis años, esos libros, eran cuentos e historietas, pero ese niño nunca dejó del todo mi cabeza y al ir creciendo sólo tuve palabras de agradecimiento para él, ya que su historia la he vivido cientos de veces, porque encontré y habité miles de mundos, algunos mágicos, otros tétricos, muchos otros tristes, pero siempre he pensado en la lectura y en el cine como ese túnel a vidas alternas, a esa Fantasía.

Hace algunos años regresé a ella, la busqué en Internet y la vi. Pensé que se veía muy diferente a como la recordaba, mi memoria le dio un matiz mas bien blanco y luminoso y el filme en realidad no es para nada así. Temía mucho llegar a la parte en el pantano cuando Atreyu va a visitar a la vetusta Morla, era una parte que siempre me hacía llorar cuando era niño y, fiel a esa vieja costumbre, me hizo derramar un par de lagrimas, aunque confieso que esta vez también fue un poco por nostalgia. Con el paso del tiempo, esa última visita también se ha desvanecido como las secuelas, pero la memoria de lo que fue en mi infancia sigue igual de vivo, lleno de luz.

“La Historia sin Fin”, es una historia de gente que lee, que imagina, que da vida y que vive a través de ese gran poder que no considera como tal, el poder de transportarse y de ser y no ser en otras historias.

Como dije, a “La Historia sin Fin”, le siguieron muchas otras, incontables otras, muchísimas se han vuelto parte de mi memoria permanente así como parte de la cultura y ahora son cultura en sí mismas. En Inteligencia Independiente y con mucho entusiasmo, trataré de recrear mi fascinación por muchas de estas películas; su impacto, sus tendencias, lo malo, lo bueno, su pasado, su presente y su futuro.

Pero eso sí, “La Historia sin Fin” es y siempre será la primera y la última película para mí.

12_DiegoMuratalla

 

 

 

 

 

 

Escrito por InteIndep

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s