acosocallejero

Por: Georgina Vargas Vera – @vargas_vera_g

El 25 de noviembre se conmemoró el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Esta fecha fue acordada, en un primer momento, en el Primer Encuentro Feminista Latinoamericano y del Caribe que se celebró en 1981 en Bogotá, Colombia. Años después, en 1999, la Asamblea General de Naciones Unidas resolvió que el 25 de noviembre fuera oficialmente el Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Esta fecha conmemora a las hermanas Mirabal, opositoras de la dictadura del General Rafael Leónidas Trujillo en la República Dominicana. Como consecuencia de sus actividades en contra del régimen, las hermanas Mirabal fueron perseguidas y encarceladas en distintas ocasiones y dos de ellas fueron torturadas. Finalmente, el 25 de noviembre de 1960 María Teresa, Minerva y Patria Mirabal fueron asesinadas por agentes al servicio del gobierno de Trujillo.

El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer ofrece cada año una oportunidad para visibilizar de manera especial la situación de violencia que sufrimos las mujeres en el mundo, señalar los avances que se han logrado y los retos que enfrentamos para erradicarla. De acuerdo con ONU Mujeres, en todo el mundo, una de cada tres mujeres ha sufrido violencia física o sexual, principalmente por parte de un compañero sentimental. Ya sea en el hogar, en la calle o en los conflictos armados, la violencia contra las mujeres es una pandemia mundial que ocurre en espacios públicos y privados[1].

Dentro de las discusiones acerca de estos temas, suele impactarme la negación de la naturaleza violenta de ciertas conductas o hechos que asumimos como normales. Sin duda ha habido un avance en cuanto a la concientización de la violencia contra las mujeres. Hoy en día es claro que asesinar, golpear o abusar sexualmente, es una forma de violencia que debe ser sancionada. Sin embargo, me llama la atención cómo otras situaciones violentas continúan sin parecérnoslo, y no sólo eso, sino que se perciben como exageraciones sin fundamento.

Una de las formas de violencia que más invisibilizada se ha mantenido, y que ha comenzado a ser denunciada apenas recientemente es el acoso callejero. En los diferentes países que he visitado y en los que he vivido se ha mantenido constante el temor que siento al caminar por la calle o el malestar que me producen los comentarios que llego a escuchar. Curiosamente, también ha sido una constante la descalificación de esta situación como una forma de violencia y su normalización como una situación que es normal, graciosa, inevitable y poco trascendente.

Nadie parece cuestionarse por qué les parece normal que los hombres nos miren, nos toquen, nos silben, nos digan o nos griten cosas en las calles como si tuvieran todo el derecho de hacerlo; es inclusive muy común que se diga a las mujeres que la culpa es nuestra por salir vestidas de forma “provocativa” y ameritar que los hombres nos digan “piropos”. Lo cierto es que no es un problema menor que las mujeres no podamos tener la misma sensación de seguridad en el espacio público que tienen los hombres, por el hecho de que somos mujeres y de las consecuencias que se asumen como inherentes a serlo.

No ser capaces de distinguir entre un acto violento y una situación graciosa ha sido un obstáculo constante en la visibilización de la violencia contra las mujeres. En múltiples ocasiones, las mujeres enfrentamos situaciones de acoso callejero que nos hacen sentir incómodas, inseguras y vulnerables, a mí y a prácticamente todas las mujeres que conozco en algún momento, o en varios, nos ha sucedido un incidente en la calle que nos ha hecho sentir de esta manera y lo hemos asumido como algo desagradable pero inevitable y hasta cierto punto normal. Amigas y amigos me han dicho que es una exageración esperar que los hombres no le digan nada a una mujer guapa en la calle, que es simplemente natural que le digan algo, hay quienes me han dicho que me preocupe cuando no me suceda.

El Día Internacional para la Eliminación de la Violencia contra la Mujer nos invita a hacer una reflexión más consciente acerca de la violencia que continúa permeando múltiples aspectos de la vida de las mujeres. La concientización es el primer paso para erradicar la violencia contra la mujer, dejar de asumir como normales o graciosas las formas de violencia es la única forma de combatirlas.

El acoso callejero es una forma de violencia contra las mujeres, quizá una de las que permanece más impune e invisible; es momento de tomar acciones para que esto cambie, para que las mujeres no tengamos que ser valientes para salir a la calle, sólo tengamos que ser libres.

[1]           Infografía: Violencia contra las mujeres, ONU Mujeres. Disponible en: http://www.unwomen.org/es/digital-library/multimedia/2015/11/infographic-violence-against-women#sthash.v5UoXRWr.dpuf

 

15_GeorginaVargas

Escrito por InteIndep

5 Comentarios

  1. Hola Georgina!
    ¿que opinas de que haya camiones y vagones de metro exclusivos para mujeres? entiendo su necesidad, pero ¿no seria inconstitucional discriminarme de recibir un bien público porque otros de mi género se comporten de manera inapropiada?
    saludos!

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  2. Georgina, ¿cómo sugerirías que se trate este problema? ¿Qué tipo de legislación, sanciones, etc. crees que sean necesarias para evitar el clásico “mamacita”, “guerita”, “biscocho”?

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  3. Muy buena nota Georgina, qué te parecen los piropos de mujeres a hombres? también serian catalogados como acoso callejero o bajo qué circunstancias?
    Crees que sea posible establecer un parámetro objetivo para definir el acto de violencia vs “la situación graciosa” que mencionas?
    Saludos!

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  4. No sé cómo trazaría yo esa línea, se lo dejo a Georgina responder. Pero sí creo que hay diferencia en las cosas que se gritan en la calle, incluso en las que le gritan los hombres a las mujeres. Alguna vez iba por la calle con una amiga muy guapa y un señor le gritó “¡Estás hermosa!”. Ella no estaba ofendida y a mi tampoco me pareció ofensivo, al contrario creo que le hizo el día jaja. Es diferente que alguien te grite, que guapa, hermosa, etc. a otras expresiones que te hacen sentir parecido a comida y que tienen un distintivo claramente sexual como “sabrosa”, “mamacita” o que hagan alusiones a partes del cuerpo diferentes a la cara. Creo que en el caso de los hombres la situación es similar. Si el “piropo” tiene implícito un “me gustó verte porque eres bonito” puede ser halagador, pero un “me gustó verte y te quiero comer” puede ser invasivo y la connotación sexual no provocada lo convierte en un tipo de violencia.

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  5. Yo creo que no se trata tanto de qué es lo que te griten, es cierto que algunos comentarios son más ofensivos que otros y que algunos pueden hasta ser palabras lindas. El punto es que los hombres han entendido que las mujeres en el espacio público están en una situación en la que ellos tienen el derecho de gritarles lo que se les pasa por la cabeza cuando las ven. La verdad es que no deberían gritarnos o decirnos NADA, El comportamiento de los hombres tiene raíces más profundas que justamente hacen diferente que una mujer le grite algo a un hombre por la calle (situación que de por sí es mucho mucho menos común que a la inversa). La vivencia de la calle es distinta porque para una parte de la población es un espacio hostil porque la otra parte ha decidido que puede decirles lo que quiera. Creo que no conozco ningún amigo hombre que se cruce de banqueta porque esté anocheciendo y vea tres chicas paradas en una esquina, en cambio una mujer muy probablemente se cruce o por lo menos se ponga muy nerviosa de tener que caminar por ahí. Ese es el problema, no tendría por qué ponerse nerviosa! Pero ella sabe que los hombres probablemente le digan algo o la miren, y eso es el ejemplo de una mujer no pudiendo disfrutar el espacio público en paz en igualdad de condiciones, por el hecho de ser mujer.

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